Saltar a contenido

Ghosteo, venganza chiquita y el arte de perder (y ganar) en las citas por app

Joven pensativo tras ser ignorado en una cita, con un fondo urbano borroso.
En esta imagen fotorrealista, un joven está solo, reflexionando sobre la confusión y las emociones de ser ignorado después de una cita prometedora. El telón de fondo de la ciudad resalta la sensación de aislamiento, capturando perfectamente la esencia de los retos del amor moderno.

¿Quién no ha escuchado historias de terror sobre las citas en línea? En tiempos donde hasta tu tía tiene Tinder, "ghostear" (desaparecer sin decir agua va) ya es casi tan común como el aguacate en la torta. Pero, ¿qué pasa cuando el ghosteado decide devolver la jugada? Hoy te traigo una historia de amor, venganza y madurez... o más bien, de la falta de ella, que te hará reír, reflexionar y quizá recordar tus propias aventuras (o desventuras) románticas.

Ghosteo: El fantasma que todos temen (y muchos practican)

La historia comienza como tantas otras: chico y chica se conocen en Tinder, se llevan bien, bromean, y tras varias semanas de mensajes, deciden verse en persona. Todo parece ir viento en popa. Él, con 19 o 20 años, vive a hora y media de la chica, así que cuadrar la cita es todo un evento. Ambos apartan el día, hacen planes y hasta limpian el carro (quien haya salido de cita en México sabe que eso es señal de que va en serio).

Pero justo el día acordado, cuando él ya está listo para salir, la chica le dice que casi está lista y que espere su mensaje antes de arrancar. Pasan los minutos... una hora... dos... y nada. Silencio total. Él insiste, pero sólo recibe el más puro ghosteo: ni un "lo siento", ni un "mejor otro día", ni un "se me atravesó la tía". Dos días después, por fin recibe un mensaje: "Perdón, simplemente no andaba de humor para una cita". Así, sin más.

¿Te suena familiar? En los comentarios de la comunidad, muchos comparten experiencias similares. Uno dice: "Odio el ghosteo, yo prefiero decir que no estoy interesado y ya, el ghosteo es bien cruel". Y sí, en Latinoamérica, donde la familia opina hasta de con quién sales, el ghosteo es como dejar a alguien plantado en la quinceañera: todos se enteran y nadie lo olvida.

Venganza nivel: ‘No me voy a dejar’

Aquí es donde la historia da el giro sabroso. Una semana después, la chica propone otra cita. Pero él, ya medio curado de espanto y con ganas de equilibrar la balanza, decide aplicar la misma moneda: le dice que está listo, que va en camino... pero en realidad no sale ni de la cama. Pasan dos horas y la chica, ahora sí, empieza a sospechar que algo anda raro. Le manda varios mensajes, pero él responde hasta dos días después, con el clásico pretexto: "Me quedé dormido".

Lo más sorprendente es que, lejos de enojarse, la chica le responde con humor: "Estamos a mano, deberíamos intentarlo de verdad ahora". Y ahí quedó la cosa: nunca salieron, pero sí mantuvieron cierta amistad virtual. Como dice el protagonista, "honestamente estoy feliz de que nunca fuimos más allá".

En los comentarios, algunos aplauden la movida: "Bien hecho. Las citas en línea a veces son una pérdida de tiempo", comenta alguien. Otro agrega con ironía: "Nunca te encariñes hasta que conozcas en persona. Es una lección que hay que aprender". Y claro, no falta el que suelta: "Ambos son demasiado inmaduros para andar saliendo con nadie". ¡Honestidad brutal!

¿Qué nos dice esto sobre las citas en la era digital?

La historia, aunque sencilla y hasta graciosa, es el pan de cada día para quienes buscan pareja en las apps. El ghosteo, esa forma moderna de desaparecer sin explicación, duele porque deja a la otra persona colgada de la brocha, sin saber si fue algo que dijo, hizo o simplemente mala suerte. Y aunque a veces uno quisiera responder con la misma moneda, la mayoría de las veces sólo perpetuamos el ciclo: "Si me ghostean, yo ghosteo".

En América Latina, donde el ligue aún suele pasar por el filtro familiar y social, el ghosteo se siente como un desaire doble. No sólo te dejó plantado, sino que ahora tienes que inventar una excusa cuando tu mamá te pregunta: "¿Y la muchacha, por qué no vino?".

Uno de los comentarios más sensatos del hilo dice: "Si los papeles fueran al revés, seguro recibirías aplausos". Y es cierto: muchas veces la venganza chiquita se ve graciosa desde fuera, pero deja la duda de si de verdad aprendimos algo.

¿Madurez, inmadurez o sólo anécdotas para la sobremesa?

Finalmente, lo que queda claro es que las citas modernas están llenas de malentendidos, jugadas pequeñas y, sí, un poquito de inmadurez de ambos lados. Como bien dice el autor original, "ser petty" (vengativo de manera insignificante) es, por definición, una reacción infantil. Pero, ¿quién no ha sentido alguna vez ganas de devolver el favor cuando lo han dejado en visto?

Eso sí, la moraleja de la historia no es volverse un fantasma profesional, sino más bien aprender a comunicar las cosas con honestidad. Al final, ambos protagonistas encontraron más risas que enojo, y hasta lograron una amistad digital, porque como bien sabemos en Latinoamérica: "Donde hubo fuego, cenizas quedan... o al menos un buen chisme para contar".

¿Y tú? ¿Te han ghosteado o has ghosteado a alguien? ¿Crees que la venganza chiquita es válida o sólo nos hace perder el tiempo? Cuéntanos tu historia en los comentarios, que aquí nadie te va a dejar en visto.


Publicación Original en Reddit: Ghosting a date.