¿Fraude por puntos? El drama de los beneficios en hoteles corporativos que todos hemos vivido
¿Alguna vez te has peleado por los puntos de una tarjeta de lealtad? Si tu respuesta es sí, bienvenido al club. Si no, prepárate, porque hoy te cuento una historia que podría pasar en cualquier hotel de Latinoamérica donde los jefes viajan con su equipo… y los puntos son más codiciados que el pan dulce en Navidad.
La anécdota viene directo del mundo hotelero gringo, pero aquí se vive igualito: el cliente que cree que todo se le debe, el jefe que no suelta ni los puntos, y el recepcionista que termina siendo árbitro, psicólogo y, a veces, hasta detective privado. Ponte cómodo, porque esto se va a poner bueno.
El drama de los puntos: ¿de quién son realmente?
Imagina que eres recepcionista en un hotel y recibes un grupo de empleados que vienen a trabajar por dos semanas. Todo lo pagó el jefe, quien, por supuesto, puso su cuenta de recompensas en TODAS las habitaciones. Hasta ahí, nada raro. Pero, a la hora de la verdad, los empleados quieren cambiar la cuenta para que los puntos vayan a su propio monedero. ¿Quién no querría esos puntos para una escapadita con la pareja o la familia?
Aquí en Latinoamérica, más de uno conoce la tentación: "Si ya me mandaron lejos de casa, ¡mínimo que me den mis puntos para el próximo viaje!". Pero la realidad es que las reglas son claras: quien paga, gana. Así lo dice la política de la mayoría de cadenas hoteleras, y así lo defendió la gerente de recepción de esta historia.
Cuando el cliente se pone necio: “¡Esto es fraude!”
La cosa se pone sabrosa cuando uno de los empleados (que logró, con ayuda de una recepcionista novata, meter su cuenta de puntos) llama furioso preguntando por qué no recibió su recompensa. La gerente, firme y educada, le explica: “La cuenta de su jefe es la que corresponde, a menos que usted quiera pagar la habitación con su tarjeta”.
Pero el empleado no se quedó callado. ¡No, señor! Que eso es fraude, que no pueden quitarle su cuenta, que va a reportar todo al jefe y a la oficina central. Seguro que en ese momento la gerente pensó: “Por favor, ¡háblale a mi jefe! Así hasta me dan un aumento por seguir el reglamento”.
Y aquí entra uno de los mejores comentarios de la comunidad: “¿Te imaginas que le digan al jefe lo que intenta hacer su empleado? Capaz y le llueve una reprimenda de esas que no se olvidan”. Porque, como bien sabemos en nuestros trabajos, cuando un compañero se quiere pasar de listo, siempre hay alguien que termina “echándole de cabeza” y no sale bien parado.
Perspectivas de la comunidad: humor, envidia y realidad
Los comentarios en la publicación original fueron oro puro. Varios sugirieron darle la vuelta y decir: “¿Le llamo a su jefe para informarle que está intentando quedarse con sus beneficios?”. Otros, con ese humor negro tan nuestro, decían: “¿No te gusta que sigamos la política? ¡Por favor, denúnciame, a ver si por fin me reconocen el esfuerzo!”
Pero también hubo quien se puso serio: “Dejar que un empleado gane puntos por una habitación que no pagó sí sería fraude. La política está para seguirse, no para que cada quien la acomode como le convenga”. Y no faltó el que recordó: “A veces los jefes también hacen trampa y quieren quedarse con los puntos de todos, aunque ni viajen”.
Algo cierto es que, aunque aquí muchos hoteles chicos ni programas de puntos tienen, en las grandes cadenas sí que se pelea cada recompensa. Si alguna vez viajaste por trabajo, seguro viste ese momento incómodo donde el recepcionista pregunta en voz alta a quién van los puntos... y todos se miran de reojo.
La cultura del “¿y mis puntos qué?” en el trabajo latinoamericano
En nuestros países, los viajes de trabajo suelen ser más bien un sacrificio. Dormir lejos de casa, comer cualquier cosa, vivir de maleta en maleta. Por eso, ese pequeño “premio” de los puntos (para una noche gratis, un upgrade, o un desayuno buffet) se vuelve casi sagrado. Pero ojo, porque lo que es un beneficio para uno, puede ser motivo de broncas, chismes y hasta reportes al jefe.
¿La moraleja? Como diría tu tía la que todo lo sabe: “El que paga, manda... y también se lleva los puntos”. Y si no te gusta, pues a negociar con el jefe, no con la recepcionista. Porque si algo tenemos los latinos es que sabemos cómo resolver las cosas… pero también sabemos cuándo no meternos para no salir raspados.
Conclusión: ¿Tú de quién eres, del jefe o del empleado?
Esta historia, aunque pasó en otro país, podría pasar en cualquier hotel de México, Colombia, Argentina o cualquier rincón de Latinoamérica. Al final, hay reglas que seguir, pero también realidades humanas: la ambición, la picardía y, claro, el deseo de que nos reconozcan el esfuerzo.
¿Tú qué opinas? ¿Te ha tocado vivir una situación parecida? ¿Eres de los que luchan por sus puntos o prefieres evitar el pleito? Cuéntamelo en los comentarios y, si te gustó la historia, compártela con ese amigo que siempre quiere los puntos... aunque no pague la cuenta.
¡Hasta la próxima, viajeros y guerreros de la recepción!
Publicación Original en Reddit: “you’re committing fraud!”