“¡Exijo una semana gratis y una disculpa por escrito!”: La tragicomedia de trabajar en recepción de hotel
¿Alguna vez has pensado que el trabajo en la recepción de un hotel es tranquilo, puro glamour y sonrisas de oreja a oreja? Pues déjame contarte una historia que te hará ver este mundo con otros ojos, especialmente si eres latino y sabes lo que es lidiar con gente “difícil”. Hoy te traigo la crónica de una noche caótica, una huésped furiosa y un recepcionista que, como muchos en Latinoamérica, tuvo que sacar la paciencia de dónde no hay.
Cuando el hotel se convierte en campo de batalla: el inicio de la odisea
Era una de esas noches en las que no cabe ni un alfiler en el hotel; todo vendido por culpa —o bendición— de una producción televisiva que llegó con todo su séquito. El recepcionista estaba en mil cosas cuando entra una señora sonriente, lista para hacer su check-in. Pero la sonrisa se le borró rápido: al buscar su reserva, el corazón del recepcionista se fue al piso. La reserva estaba cancelada por no tener tarjeta de crédito registrada.
Aquí en Latinoamérica, muchos hoteles aún permiten reservar sin tarjeta, pero siempre con la advertencia: “Si no hay garantía, no hay cama segura”. El recepcionista, con toda la educación del mundo, le explicó la situación, pidió disculpas y prometió avisarle si se liberaba alguna habitación. Hasta ahí, todo normal.
De “cliente frecuente” a tormenta perfecta: exigencias y gritos
Tres horas después, la señora regresó convertida en huracán. Empezó a gritar tan fuerte que hasta el portero de la esquina se asomó. “¡Exijo una semana gratis, puntos de cortesía, una disculpa por escrito y hablar con el gerente YA! Llevo años viniendo y ahora me dejan en la calle. ¡Voy a lograr que te despidan!”
Mientras tanto, su esposo, pobre hombre, intentaba entender la situación y preguntaba amablemente si había algún otro hotel disponible cerca. Muchos en la comunidad hotelera latinoamericana conocen bien esta dinámica: una persona grita y amenaza, mientras otra acompaña resignada. Como dicen en México, “el que no llora, no mama”, pero aquí la señora se pasó de decibeles.
Un comentario de la comunidad lo resume con humor: “Y yo quisiera unas vacaciones en el Caribe, pero parece que hoy ambos nos vamos a quedar con las ganas”. Otro usuario confesó que, ante estos casos, solo queda sonreír de oreja a oreja y contestar con un clásico: “Gracias por su retroalimentación”. Eso sí, con la sonrisa bien puesta, aunque por dentro estés deseando estar en la playa con una piña colada.
¿Quién tiene la culpa? El arte de buscar responsables (y de no contestar el teléfono)
La realidad es que el hotel había hecho todo lo posible: la llamaron varias veces, dejaron mensajes, enviaron correos y hasta notificaron en la app. Pero la señora ni contestó ni revisó su reserva online. En Latinoamérica, esto es pan de cada día: algunos piensan que con reservar ya está todo resuelto y que las normas son solo “sugerencias”.
Una usuaria del foro comentó que su mamá era igual: “Le encanta gritarle a los empleados porque eso la hace sentir mejor, aunque arruine el día de los demás”. El recepcionista original confesó que incluso le ofreció ayudarle a reservar online para que no tuviera que dar su tarjeta por teléfono. Nada funcionó.
Y claro, siempre está el clásico: “¡Voy a conseguir tu trabajo por esto!”. Pero como respondieron varios en la comunidad: “¡Tómalo! Pero te advierto que te tocará aguantar a gente como tú”. Imagina ese jefe latino que, con toda la experiencia, le dice al cliente: “Aquí está el gafete y la lista de pendientes, ¡suerte con los gritos y no olvides sonreír!”
El lado humano y el aprendizaje: paciencia, sonrisa… y un poco de terapia
En el fondo, trabajar en recepción en Latinoamérica es como ser psicólogo, árbitro y comediante al mismo tiempo. Hay que aguantar gritos de quienes creen que el mundo gira a su alrededor, pero también hay momentos de calidez y de gente que te da las gracias de corazón.
La moraleja, según los expertos y veteranos del mostrador, es clara: nunca dejes de confirmar tu reserva, lleva siempre una tarjeta de crédito válida y, sobre todo, trata con respeto a quienes te atienden. Como se dice en muchos países latinos: “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan”.
Y si eres de los que trabaja en atención al público, recuerda el consejo de una colega: “La mejor venganza es agradecer el comentario, sonreír y dejar que el enojo se les resbale. Al final, el que se amarga es el que grita”.
¿Y tú, qué hubieras hecho?
¿Te ha tocado vivir algo parecido? ¿Te identificas con el recepcionista, con la señora… o con el esposo resignado? Cuéntanos tus historias de hotel, anécdotas de clientes difíciles o ese momento en que solo te quedó reír para no llorar. ¡En los comentarios nos leemos!
Porque al final, como decimos por acá, “el que no la debe no la teme”… y si la señora quiere su semana gratis, que mejor busque un reality show, porque en el hotel solo hay habitaciones —y paciencia— para quienes cumplen las reglas.
Publicación Original en Reddit: “I want a week of free nights and a written apology!”