¡Espere su turno, por favor! Crónicas de la recepción y el arte de la paciencia
¿Alguna vez te has preguntado por qué a algunas personas les cuesta tanto esperar su turno? En Latinoamérica, donde solemos decir “el que llega primero, se sirve primero”, uno pensaría que el respeto al turno es casi sagrado. Pero la realidad, sobre todo en el mundo de la hotelería, puede ser tan impredecible como una tormenta tropical en pleno verano.
Hoy les traigo una historia que podría pasar en cualquier recepción de hotel, desde Buenos Aires hasta Ciudad de México, y que, si eres de los que trabajan de cara al público, seguro te hará decir: “¡Eso me ha pasado a mí!”
Cuando la paciencia se queda en casa: un día en la recepción
Imagina estar en la recepción de un hotel, atendiendo amablemente a una persona por teléfono que pregunta sobre el desayuno y las opciones de habitación. De repente, una señora aparece frente a ti, tan cerca que parece querer invadir tu burbuja personal, y te lanza la mirada más fulminante del mundo, como si fueras el culpable de todos sus males.
“Un momento, por favor, en cuanto termine la llamada le atiendo”, le dices con tu mejor sonrisa (o al menos lo intentas), para que entienda que, aunque sea la reina de la impaciencia, no puede saltarse la fila. Pero ella sigue ahí, sin sonreír, sin un “gracias”, solo esperando, como si su apuro fuera tan urgente como apagar un incendio.
El síndrome del protagonista: “¡El mundo gira a mi alrededor!”
No es exclusivo de un país ni de una cultura, pero como bien dicen algunos usuarios en la comunidad, hay personas que parecen tener “el síndrome de protagonista”. Uno de los comentarios más populares lo resume así: “Algunas personas creen que son el centro del universo y que todo debe girar a su alrededor”. En Latinoamérica, podríamos decir: “Se sienten el ombligo del mundo”.
Esto se nota especialmente cuando el cliente en cuestión llega con prisas, quiere que le resuelvan todo ya, y no entiende por qué debe esperar si “solo es una pregunta”. Como bien comentó otro usuario: “¿Dónde está el incendio?”. Resulta que la señora solo quería salir a fumar, ni siquiera era algo urgente.
El arte de la cortesía y el karma hotelero
Trabajar en la recepción de un hotel es casi como ser árbitro en un partido de fútbol: hagas lo que hagas, alguien te va a reclamar. Pero, como compartió el protagonista de esta historia, la cortesía puede ser tu mejor escudo. La huésped al teléfono, muy comprensiva, agradeció la profesionalidad y tuvo la paciencia que la señora en la recepción no tuvo.
Aquí entra otro punto que varios en la comunidad resaltaron: a veces, los clientes olvidan que la persona al teléfono también es un huésped, tan real como el que tiene delante. “La gente olvida que quien está en la línea es una persona, hasta que les toca llamar a ellos”, decía uno. Y vaya que es cierto.
En Latinoamérica, donde la amabilidad suele abrir más puertas que el dinero, muchos trabajadores han aprendido a lidiar con estos personajes usando una mezcla de paciencia, cortesía y, cuando la situación lo permite, un toque de picardía. Como compartió otro usuario: “Yo sigo atendiendo al primero, y si el segundo se pone insistente, hago como que no escucho hasta que termine”.
¿Por qué cuesta tanto esperar el turno? Una reflexión con sabor local
Puede que la globalización, las prisas modernas y el marketing de las grandes cadenas hoteleras (esas que prometen que cada cliente es “único y especial”) hayan hecho que algunos huéspedes crean que pueden saltarse las reglas básicas de convivencia. Pero en nuestra cultura, donde el “permiso” y el “gracias” aún tienen peso, a veces solo hace falta recordar lo básico: todos tenemos prisa, pero el respeto y la paciencia no pasan de moda.
Uno de los comentarios más atinados lo pone en palabras: “Si solo hubieran esperado su turno, ya habría terminado con ambos”. Y es que, muchas veces, por querer ganar un par de minutos, terminan perdiendo más tiempo y, de paso, la simpatía del personal.
Así que la próxima vez que vayas a un hotel, una tienda o cualquier lugar donde haya una fila, recuerda: el respeto al turno no solo es cuestión de educación, también es una forma de hacer más amable la vida diaria, para todos.
Conclusión: ¿Y tú, eres de los que esperan o de los impacientes?
Si esta historia te hizo reír, enojarte o recordar alguna anécdota parecida, cuéntanos en los comentarios. ¿Te ha tocado lidiar con clientes impacientes? ¿O fuiste tú alguna vez quien perdió la paciencia? En Latinoamérica, donde solemos decir que “el que desespera, pierde”, quizá sea momento de rescatar la buena costumbre de esperar con una sonrisa.
¡Nos leemos pronto! Y recuerden: en la vida y en la fila, el turno se respeta.
Publicación Original en Reddit: Wait your turn!