¿Eres nuevo aquí? Las aventuras de un huésped “siempre correcto” en la recepción del hotel
Si alguna vez has trabajado en la recepción de un hotel, sabes que allí se vive de todo: desde turistas despistados hasta personajes dignos de una telenovela. Pero hay noches en las que llega ese cliente que parece haber nacido para desafiar el sistema, convencido de que “el cliente siempre tiene la razón”, aunque la realidad diga lo contrario.
Hoy te cuento la anécdota de un huésped tan peculiar que hasta logró dejar boquiabierto al personal experimentado de la recepción. Prepárate para reír (y quizá identificarte) con esta historia que muestra el lado humano y absurdo de la hospitalidad.
El huésped que juraba saberlo todo
La escena comienza como cualquier otra noche en la recepción: llega un señor que llamaremos “Don Siempre Correcto”. Apenas cruza la puerta, se nota que viene dispuesto a marcar territorio. Al pedirle su identificación (algo básico en cualquier hotel), responde con tono ofendido:
—¡Qué raro! Siempre solo me piden mi nombre y ya.
La recepcionista, paciente, le explica que es necesario para todos los huéspedes, especialmente si nunca se han visto antes. Tras una ceja levantada y un suspiro, Don Siempre Correcto cede y entrega su licencia. Primer obstáculo superado, pero la batalla apenas comenzaba.
Los “beneficios” y la eterna lucha por los puntos
Mientras el check-in avanza, nuestro protagonista pide que agreguen su número de programa de lealtad. La recepcionista, que ya huele el drama, le aclara que su reservación fue hecha por una página de terceros (Viceline), así que no recibirá los puntos completos. Aquí es donde Don Siempre Correcto entra en modo defensa total:
—¡Pues a mí siempre me han dado puntos antes! Llevo viniendo cada semana el último mes.
La recepcionista, profesional, le responde que puede agregarlo, pero las reglas del programa son claras. Al final, el sistema lo reconoce como cliente VIP y le ofrece los “Welcome Points”, pero Don Siempre Correcto sigue convencido de que merece más. Incluso exige su snack y bebida gratis, señalando la tiendita del lobby como si fuera dueño del lugar.
Pero las reglas son reglas: solo puede elegir entre puntos o bebida. Cuando se le ofrece una botella de agua “de cortesía”, él insiste que siempre le han dado ambas cosas. Finalmente, se resigna a los puntos, pero no sin antes lanzar el comentario venenoso:
—¿Eres nuevo aquí, o qué?
La recepcionista, con una sonrisa de esas que solo se aprenden en América Latina, le responde:
—Llevo dos años aquí, señor. Pero nunca lo había visto.
¿El desenlace? Don Siempre Correcto toma sus llaves y se va, no sin antes dejar una estela de confusión y egos heridos.
Lo que no se ve: secretos del sistema y la cultura hotelera
Después de la tormenta, la recepcionista revisa el historial del huésped y descubre que, efectivamente, ha estado varias veces… ¡pero siempre con diferentes agentes! Lo curioso es que siempre reserva por la misma página de terceros y, aun así, exige beneficios que solo aplican para quienes reservan directamente.
Aquí entra la sabiduría colectiva: como bien comenta un usuario en la comunidad, “si reservas por terceros, eres cliente de ellos, no del hotel. Así que pelea tus beneficios con ellos, no con nosotros”. Otro viajero frecuente añade que la clave para recibir el trato VIP es reservar directo, ser educado y relajarse: “¿Para qué pelearme por una botella de agua gratis si lo que quiero es descansar después de un día pesado?”
Esto refleja algo muy latino: la importancia de la cortesía y la convivencia. En nuestra cultura, ser amable y flexible suele abrir más puertas que exigir privilegios como si fueran derechos divinos.
Además, muchos no entienden el porqué de pedir identificación y tarjeta de crédito. Un usuario lo explica de forma muy clara: “¿Te imaginas entregar la llave de tu habitación a cualquier persona que solo diga tu nombre? Por seguridad y exactitud, es fundamental verificar datos”.
Humor, drama y moralejas de la recepción
En Latinoamérica, solemos reírnos de las situaciones absurdas y sacar lecciones hasta de los enredos más insólitos. Esta historia no es la excepción. Los compañeros de recepción coinciden: siempre hay clientes que intentan manipular, inventando historias de “ellos siempre me dan esto” o “los de antes sí sabían atender”. Pero aquí no se trata de quién grita más fuerte, sino de cumplir las reglas y mantener la calma.
Como bien remata uno de los comentaristas: “La próxima vez que alguien me pregunte si soy nuevo porque no obtiene lo que quiere, le voy a decir: ‘Sí, usted es mi primer cliente, ojalá todos sean como usted’”.
Y tú, ¿alguna vez has vivido una situación parecida, ya sea como huésped o del otro lado del mostrador? Cuéntanos tu historia y comparte este post con quien necesite reírse (¡o desahogarse!) un rato.
Conclusión: En los hoteles, como en la vida, hay que aprender a bailar con todo tipo de música… Y cuando te toque un Don Siempre Correcto, respira hondo, sonríe y recuerda: “No soy nuevo, solo tengo paciencia de santo”.
¿Te animas a contar tu mejor anécdota de recepción? ¡Los comentarios están abiertos para tus historias!
Publicación Original en Reddit: 'Are you new here???'