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Entre frikis y rencores: la vez que terminé de mensajero entre dos compañeros tóxicos

Dos compañeros de trabajo en una tienda especializada evitan incómodamente mirarse mientras un trabajador divertido observa, estilo fotorrealista.
En esta escena fotorrealista, dos compañeros se niegan a comunicarse, dejando al trabajador peculiar atrapado en medio de la tensión en una vibrante tienda llena de coleccionables y tesoros nerds.

¿Alguna vez te ha tocado ser el “mensajero de la paz” entre dos compañeros de trabajo que no pueden ni verse? Pues prepárate un cafecito y ponte cómodo, porque lo que te voy a contar parece sacado de una telenovela, pero en vez de drama, aquí hay geeks, venganza chiquita y mucho, mucho humor involuntario.

Imagina una tienda especializada en cómics, anime y coleccionables donde el jefe contrata a cualquiera que pase seguido por el local. Así empezó la “nueva era” de un negocio que terminó siendo un desmadre más grande que el final de “El Juego del Calamar”. Y sí, yo era el nuevo, el más joven, y el que terminó en medio de un pleito más tóxico que el chat familiar en Navidad.

Un trabajo de película... pero de comedia negra

Todo comenzó cuando el jefe, que honestamente no sabía ni vender una estampita, decidió despedir a todos y contratar puros clientes. “¡Ahora sí, esto va a ser otro nivel!” nos dijo, invitándonos a cenar. Spoiler: el nivel fue el del suelo.

Éramos tres: el primero, un músico local que en vez de notas tocaba el timbre para dormirse bajo las mesas de cómics, y que vendía cosas como si estuviera regalando dulces en Día de Muertos. El segundo, un estudiante universitario con alma de actor de teatro, que se vestía como si todos los días fuera Halloween y presumía su novela autoeditada (llena de errores, por cierto), donde dos asesinos seriales competían… no me pregunten.

En menos de una semana, el músico se metió con la novia del actor, y el actor, en venganza, le destruyó cosas a la novia ¡y hasta dejó salir al gato! Desde ese momento, ambos se declararon la guerra y solo hablaban conmigo. Sí, justo yo, el que no tenía nada que ver con el chisme.

El rol más absurdo: ser el intermediario

De pronto, mi trabajo dejó de ser atender clientes y vender figuras, y pasó a ser el teléfono descompuesto entre dos adultos que actuaban como niños de primaria. "Dile que limpie su desastre", "Pregúntale dónde quedaron los $20 de la caja", "Dile que no use mi pluma". Al principio, intenté negarme y decirles que se hablaran directo, pero cada vez que lo hacía, me echaban la culpa de estar del lado del otro. Y yo, recién contratado, joven e inexperto, terminé cediendo.

Pero como todo héroe de barrio, pronto me cansé. Así que, ¿por qué no ponerle un poco de sazón al asunto? Empecé a inventar mensajes absurdos: que si uno quería la pluma mientras la tenía en la mano, que si había que buscar un cliente fantasma entre los juegos de mesa, que si alguien había movido el letrero y luego que lo pusieran de nuevo… puro relajo. Era como ver una versión geek de “La Familia P. Luche”, pero con menos sentido común.

La comunidad de Reddit se carcajeó con esta parte. Como comentó alguien: “Esto parece un episodio de Los Jóvenes o de The IT Crowd”. Y es que, en la vida real, pocas veces uno tiene oportunidad de hacer travesuras tan inocentes y ver cómo los adultos caen redonditos.

Cuando la broma se sale de control

Al final, como todo buen chisme, la cosa se salió de control. Se me ocurrió decirle a cada uno que el otro quería disculparse. Y así, terminé logrando lo imposible: que se sentaran juntos. Pero, en vez de abrazarse y llorar, se dieron cuenta de todo el circo que armé y, como buenos villanos de caricatura, hicieron las paces… ¡para dejarme de hablar a mí! “Oh no, qué castigo tan horrible, quedarme solo en la tienda y no escuchar sus dramas...”.

Como bien dijo un usuario en Reddit: “La única jugada ganadora es no jugar”. ¡Tal cual! Si algo aprendí, es que a veces hay que saber cuándo decir “basta” y no meterse en pleitos ajenos, por más tentador que sea ver el caos desde la primera fila.

Por cierto, la comunidad también preguntó por el famoso gato. El autor original confesó que nunca supo qué fue de él, pero prefiere pensar que el michi estaba bien, porque ya conocía el lugar como su casa. ¡Eso sí, al que dejó salir al gato, lo odió más que al otro!

¿Y el jefe? Más perdido que nunca

Al final, los tres terminamos despedidos. El jefe, viendo que no podía ni con el paquete de vender un cómic, menos iba a entender el drama interno. Pidió cosas imposibles, como que yo hiciera la página web, subiera cientos de productos a eBay y además atendiera el local, todo al mismo tiempo. Cuando vio que no podía con todo, pensó que yo era el flojo. Después hasta me quiso volver a contratar para trabajar desde casa, pero ya había aprendido la lección: huye cuando la tienda parece reality show.

Como dijo otro usuario: “Nunca dejamos de aprender”. Y sí, a veces la vida laboral es la mejor escuela, aunque las materias sean “Cómo no ser el mensajero de pleitos ajenos” y “Evita jefes que contratan por impulso”.

Lecciones de vida (y chismes laborales)

Esta historia nos deja varias enseñanzas dignas de compartir en cualquier sobremesa:

  • Si te toca ser el intermediario, mejor pide paz y amor… o salte del chat.
  • Los adultos también hacen berrinches, y a veces no hay más remedio que reírse.
  • Nunca subestimes el poder del chisme, ni el del humor para sobrevivir a un trabajo absurdo.
  • Y lo más importante: si tu jefe parece salido de una comedia, ¡prepárate para lo inesperado!

¿Y tú? ¿Te ha tocado vivir algo así de bizarro en el trabajo? ¿Terminarías siendo el mensajero, el bromista… o el jefe perdido? Cuéntame en los comentarios tu historia más absurda – ¡nos leemos, y que el frikismo siempre te acompañe!


Publicación Original en Reddit: Two coworkers refused to talk to each other. They stuck me in the middle. I am goofy.