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El viejito de los binoculares en el hotel: ¿vigilante de la naturaleza o mirón de alberca?

Anciano en un balcón con binoculares, observando a las personas en la piscina de un hotel, creando una atmósfera inquietante.
Una representación fotorrealista de una escena perturbadora: un anciano en su balcón, con binoculares en mano, observando atentamente a los huéspedes en la piscina de abajo. Esta imagen captura la tensión inquietante de un momento aparentemente inocente que se vuelve incómodo, reflejando las experiencias compartidas en nuestro blog.

En los hoteles de lujo uno espera descanso, buena comida y tal vez una alberca donde olvidar las penas. Pero a veces, la realidad supera la ficción… y termina pareciendo una escena sacada de una telenovela de las nueve. Imagina esto: acabas de llegar a tu exclusivo resort, te pones el traje de baño más bonito, y justo cuando te animas a chapotear, sientes que alguien te está mirando. Volteas y, desde un balcón, ves a un señor mayor con binoculares, bien sentado, como si estuviera viendo la final del Mundial. ¿Terrorífico o simplemente raro?

¿Mirar o no mirar? El dilema de la privacidad en la alberca

La historia, contada por un recepcionista en Reddit, ha provocado un auténtico debate en línea. Resulta que este señor, recién llegado al hotel, pidió expresamente un cuarto junto al bar… que, casualmente, tenía vista directa a la alberca. Al poco rato, una huésped llegó llorando a la recepción, temblorosa, diciendo que el “abuelito con binoculares” la estaba observando desde su balcón mientras ella nadaba. ¿Cómo supo que la veía a ella? No queda claro, pero el susto fue real.

El gerente subió a investigar y, efectivamente, ahí estaban los binoculares bien acomodados. Pero la jefa de seguridad, como buena tía de oficina, solo dijo: “Pues la gente los trae para ver el río… qué le vamos a hacer”. ¿De verdad no se puede hacer nada? Muchos en la comunidad no lo creen así. Como dirían en México: “Eso ya huele a gato encerrado”.

Un comentario destacado lo resumió perfecto: “Esto suena a que solo vino a ver a los bañistas”. En Latinoamérica, donde el chisme y el respeto por la privacidad van de la mano, esto sería motivo suficiente para que la administración tomara cartas en el asunto, aunque fuera con la clásica excusa de “tenemos que cambiarlo de habitación por mantenimiento”.

Entre la sospecha y la paranoia: ¿Hasta dónde llega el derecho a sentirse seguro?

La situación pone sobre la mesa un tema delicado: la línea entre el derecho a observar y el de sentirse seguro. Como bien mencionó una comentarista, en una alberca pública, uno debe asumir que puede ser visto. Pero, ¿binoculares? Eso ya es otro nivel. Es como si tu vecino sacara la tele al patio solo para “ver mejor las noticias”, pero casualmente apunta la pantalla hacia tu ventana.

En muchos países de Latinoamérica, la convivencia y el respeto mutuo son clave en espacios compartidos. Sí, uno espera cierto grado de exposición en una alberca, pero también que el vecino no se pase de lanza. “Si alguien incomoda a los huéspedes, hay motivo para negarle el servicio”, opinó un usuario, recordando que en propiedades privadas el hotel puede pedirle amablemente que guarde los binoculares o busque otro lugar para hospedarse. Aquí, el sentido común suele pesar más que el manual de reglas.

Estrategias criollas y el arte de evitar el conflicto (sin perder la sonrisa)

Muchos lectores sugirieron soluciones “a la mexicana”: mentir piadosamente para cambiarlo de cuarto (“Disculpe, señor, tenemos un problema de plomería, necesitamos moverlo a otra habitación”). Otros propusieron la clásica charla indirecta: “Hemos recibido reportes de comportamientos inapropiados en los balcones, ¿ha notado algo raro, don?”. Así se le da el mensaje sin causar pleito… y si el señor no capta, pues ya será muy su bronca.

Por supuesto, siempre está el riesgo de acusar a alguien injustamente. Varios en la discusión recordaron casos donde parecía que alguien estaba haciendo algo raro, pero al final solo editaba videos en la laptop o veía a los pájaros. No falta quien aproveche la ocasión para buscar una compensación o armar drama, como bien saben los que han trabajado en turismo en Cancún, Cartagena o Punta Cana.

Aun así, la mayoría concuerda en algo: la seguridad y tranquilidad de los huéspedes debe ser prioridad. Un comentario lo dijo con todo y humor: “Que la administración y la seguridad salgan a la alberca y todos le apunten cuando mire. Seguro entiende el mensaje”.

Reflexión final: ¿Qué harías tú si fueras el recepcionista?

Al final, este caso nos recuerda que la hospitalidad es un arte lleno de grises. No todo está en el reglamento, pero sí en el sentido común y el buen trato. Si te toca ser el mediador, hay que ser más diplomático que político en campaña: escuchar, buscar soluciones y, sobre todo, no perder la calma (ni el buen humor). Porque al final, todos queremos disfrutar de la alberca… sin sentirnos en un capítulo de “La Rosa de Guadalupe”.

¿Tú qué harías si vieras a alguien así en tu hotel o condominio? ¿Te acercarías, le pedirías amablemente que deje los binoculares, o simplemente lo ignorarías? ¡Cuéntanos tu opinión abajo! Y recuerda: en la vida y en la alberca, nunca está de más cuidar el respeto y la buena onda.


Publicación Original en Reddit: Old man sitting on balcony with binoculars watching people at the pool - creepy?