El viaje de Dan: Cuando la terquedad digital te hace recorrer kilómetros… para dar un clic
¿Te imaginas tener que recorrer seis horas —¡sí, seis horas!— solo para hacer clic en una casilla y cumplir con un trámite que podrías haber hecho en tu celular? Esta es la historia de Dan, un gerente tan alérgico a la tecnología como muchos tíos que aún no superan el Nokia 1100, y de cómo su terquedad terminó cobrándole factura… literalmente.
Porque aquí en Latinoamérica, todos conocemos a un Dan: ese jefe que imprime los correos, te pide que le “bajes el WhatsApp” y que, ante cualquier cambio, prefiere hacer las cosas “a la antigüita”. Pero a veces, el mundo digital no perdona, y el karma tecnológico llega de la forma más inesperada.
El origen del drama: Un clic que vale una multa
Todo comenzó en una empresa de administración de propiedades en Nueva York —pero créeme, esto podría pasar en cualquier oficina de Latinoamérica. El trabajo era sencillo: firmar digitalmente ciertos trámites en el portal del Departamento de Edificios. Si alguien se olvida, ¡zas! Llega la multa, y con lo caras que son, seguro hasta te alcanza para remodelar la cocina de la abuela.
Dan, un gerente mayor que fue “rescatado” de su jubilación, era responsable de cumplir con estos trámites. Pero la tecnología no era su fuerte. Después de que se le pasara uno y la empresa tuviera que pagar, se reunieron todos para buscar una solución. Nuestro narrador propuso algo muy latino: compartir una cuenta y que la asistente administrativa estuviera encima de todos para que nadie se olvidara de firmar. Porque, seamos honestos, en nuestras oficinas siempre hay alguien que se encarga de perseguir a todos para que no se les olvide nada.
Pero Dan no quiso. Argumentó sobre la seguridad y la “responsabilidad”, aunque la verdad es que no quería que nadie viera el desorden de correos que tenía en su bandeja. El jefe aceptó seguir igual, pero le advirtió: la próxima vez, se queda sin bono.
La venganza tecnológica: “Cada quien su firma”
No pasó mucho antes de que Dan quisiera desquitarse. Empezó a buscar “trapitos sucios” de nuestro protagonista, quien no dudó en responderle al puro estilo latino: correo a toda la empresa, dejando claro que no iba a ayudarle más con los trámites. Un acto digno de una telenovela de oficina.
Mientras algunos en la comunidad de Reddit decían que esto fue un poco “Karen”, otros como “Necessary_Giraffe_66” defendieron que a veces hay que sacar los trapos al sol para que nadie te quiera pisotear. Y en nuestras oficinas, ¿quién no ha visto un correo así, que termina siendo tema de café por semanas?
El día que Dan pagó por su terquedad
Meses después, Dan se fue de vacaciones. Un ingeniero desesperado buscó al narrador porque necesitaba urgentemente una firma digital. Al enterarse de que Dan estaba fuera, le pidió ayuda. Pero, fiel a su palabra, el narrador le recordó que, por motivos de “seguridad”, él no podía firmar por Dan y que lo hiciera desde su celular.
¿Y qué hizo Dan? Como buen personaje de comedia, no supo usar el teléfono y terminó manejando seis horas en plena vacación solo para marcar una casilla. ¡Seis horas para un trámite de dos minutos! Como decimos acá: “por no hacer caso, pagó el doble… y en gasolina”.
Un comentarista en Reddit bromeó que Dan pagó el “impuesto al tonto”, y otro imaginó lo peor: ¿qué tal si hubiera estado en otro país? ¿Hubiera tenido que volar solo para dar un clic? ¡Peor que perder el vuelo de regreso en Semana Santa!
¿Quién tiene la razón? Seguridad vs. sentido común
En la discusión, varios usuarios señalaron que compartir cuentas no es la mejor idea por temas de seguridad (algo que en Latinoamérica, admitámoslo, a veces nos pasa por alto). Uno dijo que lo ideal es que cada quien tenga su acceso, pero que haya al menos dos personas autorizadas, por si alguien se queda “atrapado por el tráfico” —o, como aquí, porque el jefe se fue de vacaciones.
Y no faltó quien dijera: “¿Por qué nadie cubría a Dan cuando salía?” En nuestras oficinas, siempre hay alguien que “hace la suplencia”, aunque sea a regañadientes.
Reflexión final: ¿Tecnología o terquedad?
La moraleja aquí es clara: la tecnología está para hacernos la vida más fácil, pero solo si la usamos con sentido común. Aferrarse a viejas costumbres, solo por miedo o terquedad, puede terminar costando mucho más. Y si no, que lo diga Dan, que terminó con el famoso “bono” convertido en gasolina… y en una buena anécdota para contar.
¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Tienes algún “Dan” en tu oficina? Cuéntanos tu historia en los comentarios, y no olvides compartir para que más gente no termine manejando horas por miedo a la tecnología.
Porque al final, todos tenemos algo de Dan… o conocemos a uno.
Publicación Original en Reddit: Hope you enjoyed your drive!