El termostato, el cabello y la “Karen”: Crónica de una queja hotelera que se salió de control
Trabajar en la recepción de un hotel es como ser árbitro en una final de fútbol: todo el mundo te mira, todos creen tener la razón y, cuando menos lo esperas, alguien grita “¡foul!” aunque no haya pasado nada grave. Así fue el turno de un recepcionista en un hotel de más de 400 habitaciones que, entre el desfile de huéspedes saliendo, se topó con una de esas historias que uno termina contando en la sobremesa.
¿La causa del drama? La temperatura del cuarto estaba a 24°C (una calidez más de primavera que de verano) y un misterioso cabello en el baño. Pero lo divertido vino después, cuando la huésped –con actitud de “Karen” internacional– decidió dar “retroalimentación” con sabor a regaño y una pizca de superioridad.
Cuando la retroalimentación huele a reclamo… y a descuento
En Latinoamérica, todos hemos tenido esa tía, vecina o jefe que no puede dejar pasar la oportunidad de enseñar “cómo se hacen las cosas” aunque nadie se lo pida. Así llegó la señora: primero, muy formal, expresó su deseo de dar un comentario sobre su estancia. El recepcionista, como buen anfitrión, escuchó y se disculpó, prometiendo pasar la queja al área correspondiente. Pero no: para la huésped, eso de “pasar el comentario” era poco, y la conversación se transformó en una cátedra involuntaria sobre el arte del servicio al cliente.
Aquí es donde la comunidad de Reddit, famosa por su honestidad brutal, no tardó en opinar. Varios usuarios latieron la alarma: “Eso no fue retroalimentación, estaba buscando compensación”, opinó uno, adaptando el clásico “el que no llora no mama” al mundo hotelero. Y es que, como bien dicen, si alguien espera tres días para quejarse justo al hacer check-out, lo más probable es que su meta sea irse con un descuento o una noche gratis bajo el brazo.
El termostato: ¿drama internacional o simple preferencia?
Hablemos claro: en México, Colombia o Argentina, 24°C no es precisamente un infierno. De hecho, muchos lo consideraríamos fresco para dormir con solo una sábana. Pero cada quien tiene su termostato interno, y en el hilo, algunos explicaban que para ciertas regiones del mundo, esa temperatura es “sofocante”. Pero, ¿realmente era tan grave?
Un usuario lo resumió perfecto: “Hoy en día, cualquiera sabe manipular el aire acondicionado. ¿De verdad hace falta armar un escándalo por eso?” Otro, más filosófico, recordó que los hoteles suelen dejar la temperatura alta o baja según la estación para ahorrar energía, algo que cualquier viajero frecuente comprende.
En el fondo, la comunidad concluyó que, salvo que el AC estuviera roto, el verdadero problema era buscar algo de qué quejarse. Como diría cualquier abuelita latina: “El que busca, encuentra”.
“No estoy siendo grosera…” (pero sí lo era)
La joya de la anécdota vino cuando la huésped, con tono de maestra regañona, le soltó al recepcionista: “Un consejo para ti, porque claramente quien te entrenó no lo hizo bien… menos es más”. Y para rematar, “y no estoy siendo grosera”. En ese momento, todos los que hemos atendido público sentimos ese escalofrío: el clásico “no soy grosera, pero…” que siempre antecede a un comentario fuera de lugar.
Aquí la comunidad hotelera empatizó con el recepcionista, aplaudiendo su reacción tranquila: “Estás siendo un poco grosera, pero entiendo tu punto de vista”. Una respuesta digna del Dalai Lama, considerando la situación. Otros, con humor, recomendaron imaginar a este tipo de huéspedes con una mancha de mole en la camisa, o recordando que “a palabras necias, oídos sordos”.
¿Qué hacer ante una Karen? El consejo de los expertos en recepción
Quizás lo más valioso del hilo fue el consejo colectivo: no te lo tomes personal. Como decían varios, hay personas que, aunque les trates con toda la amabilidad del mundo, siempre buscarán un motivo para enojarse. “Mientras la gerencia esté de tu lado, tú tranquilo”, aconsejaron. Otros recomendaron dejar constancia escrita de este tipo de clientes, para evitar que el ciclo se repita.
Y si la queja llega a dirección, lo importante es tener la historia clara y no dejarse intimidar. En palabras de un usuario: “Si reportan el problema al momento, lo solucionamos. Si esperan hasta el final, ya no hay mucho que hacer. Así de sencillo”.
Reflexión final: Todos hemos sido recepcionistas alguna vez
Aunque la historia viene del mundo hotelero, aplica para cualquier trabajo de servicio en Latinoamérica. Todos, alguna vez, hemos tenido que lidiar con alguien que confunde retroalimentación con regaño, o que busca sacar ventaja disfrazando su reclamo de consejo. La lección es clara: la paciencia y la empatía son esenciales, pero también lo es saber poner límites.
Así que la próxima vez que te toque ser el “recepcionista” de tu familia, tu trabajo o tu grupo de amigos, recuerda: no todo comentario merece un descuento, ni toda queja es un atentado personal. Y si alguien te dice “no estoy siendo grosero”, respira hondo… y sonríe. Quizás mañana esa anécdota te sirva para romper el hielo en la próxima reunión.
¿Te ha tocado tratar con una “Karen” o “Carlos” en tu vida laboral? ¿Cómo lo manejaste? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios y hagamos catarsis juntos.
Publicación Original en Reddit: Personally “given advice” because heat was at 24 degrees at check in?