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El sueño de Kevin: hacerse rico sin idea y otras historias de oficina en Alemania

Ilustración de anime de un joven reflexionando sobre la riqueza y el éxito, considerando sus decisiones de vida y carrera.
En esta vibrante escena de anime, Kevin reflexiona sobre su camino hacia la riqueza y el éxito, capturando la incertidumbre que muchos sienten tras graduarse. Acompáñalo mientras navega por las complejidades de encontrar dirección en la vida y la búsqueda de la libertad financiera.

¿Quién no ha tenido ese compañero de clase o de trabajo tan despistado que parece vivir en su propio universo? Esos personajes que, si no existieran, habría que inventarlos. Hoy les traigo unas historias que me hicieron reír a carcajadas y reflexionar sobre los sueños de grandeza sin pies ni cabeza, todo gracias a un grupo de “Kevins” alemanes (sí, ese nombre ya es un meme universal para hablar de gente que no da pie con bola).

Estas anécdotas, compartidas en el famoso foro de Reddit, nos muestran que, sin importar el país, siempre hay alguien que quiere hacerse millonario sin levantar ni una piedra… y otros que no entienden ni cómo funciona el correo electrónico. Prepárense, porque esto es un viaje digno de telenovela, pero con más vapeadores y menos drama amoroso.

Kevin el visionario: el plan maestro para ser rico… ¿cuál plan?

En Alemania, existen programas de orientación laboral para jóvenes que acaban la prepa y no saben ni para dónde jalar. Son como esos cursos en México donde te enseñan a hacer tu currículum y a buscar chamba, pero con más eficiencia alemana y menos pan dulce en el receso.

Ahí conocimos al primer Kevin, que llegó tarde y, desde el primer día, dejó claro que lo suyo no era trabajar para otros. “Voy a poner mi propia empresa y me voy a volver rico”, decía con la seguridad de quien nunca ha vendido ni un chicle en la esquina. Cuando los educadores le preguntaron qué quería vender, respondió olímpicamente: “No sé, algo que me haga millonario”. Así, sin más, como quien pide una torta en el puesto de la esquina.

Lo mejor es que, mientras todos hacían solicitudes para prácticas profesionales, Kevin ni se molestaba. Estaba tan convencido de su futuro brillante que hasta vapeaba a escondidas en el salón, creyendo que nadie lo veía (clásico “nadie me cacha” y todos oliendo a fresa artificial). Uno de los que compartió estas historias, recuerda su única conversación profunda con Kevin: “Le miré a los ojos y… la luz estaba prendida, pero no había nadie en casa”. ¿Quién no ha sentido eso con algún compañero?

En los comentarios, un usuario intentó defender a Kevin: “Bueno, hay historias de gente que deja la escuela y desde el garage de papá (ojo, garage de mansión) termina siendo millonario”. Pero otro puso los pies en la tierra: “Claro, pero nadie cuenta las historias de los que hacen lo mismo… y acaban con pura deuda y nada de éxito”. La neta, en América Latina todos conocemos al primo que quiere ser el próximo Jeff Bezos, pero lo más que ha vendido es una tanda.

Kevin el “halagador” y el lío digital

El segundo Kevin es ese tipo de persona que, si no existiera, la vida sería menos divertida. Un día, la protagonista decidió ponerse un outfit inspirado en la época victoriana (ya ven que en Alemania son más abiertos con la moda). Kevin, ni tardo ni perezoso, intentó insultarla diciendo que se vestía como su abuela. Cuando vio que no funcionó, trató de zafarse diciendo que en realidad era un cumplido, porque jamás insultaría a su abuela. O sea, el clásico “no es por ofender, pero…” versión alemana.

Este Kevin tenía grandes aspiraciones: quería ser maestro de kinder. Lástima que ya tenía récord criminal a los 16 años (¡seis delitos menores, nada más!). Y para rematar, la joya digital: hubo que explicarle que el correo electrónico que envía desde la computadora es el mismo que recibe en el celular. Sí, aunque suene absurdo, hay quienes todavía creen que el internet tiene compartimentos secretos.

Un comentarista se carcajeó: “¡Te insultaría, pero jamás a mi abuela! Sí, estos definitivamente son Kevins sin idea alguna”. Y, siendo honestos, todos hemos conocido al típico que te dice algo feo y luego lo quiere arreglar con un “no, era broma”.

La moraleja: todos conocemos un Kevin

Las historias de estos Kevins alemanes parecen sacadas de un episodio de “La Familia P. Luche”, pero en vez de Ludovico, tenemos a futuros empresarios sin idea y a maestros de kinder con antecedentes penales. Lo más curioso es que no importa si estamos en Alemania, México, Colombia o Argentina; siempre hay un Kevin en el grupo. Esos personajes que nos hacen reír, desesperarnos y, sobre todo, darnos cuenta de que la realidad supera a la ficción.

Como bien dijo otro usuario en los comentarios: “Todos somos diferentes… pero hay quienes son más diferentes que otros”. Y es que la diversidad de personalidades en el trabajo, la escuela o la vida diaria, es lo que le pone sabor al caldo.

¿Y tú, ya conoces a tu propio Kevin?

Estas historias nos recuerdan que la vida está llena de personajes únicos, algunos con sueños imposibles y otros con ocurrencias que nos sacan una sonrisa (o un dolor de cabeza). ¿Tienes alguna anécdota con un “Kevin” en tu vida? ¿Fuiste tú el Kevin en algún momento? Cuéntanos en los comentarios y armemos juntos la antología latinoamericana de los Kevins.

Porque, al final, todos necesitamos un Kevin para reírnos… ¡y para recordar que soñar está bien, pero hay que ponerle tantita lógica!

¿Tienes tu propia historia? ¡Déjala abajo y comparte la risa!


Publicación Original en Reddit: Kevin wants to get rich without an actual Idea and other stories