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El primer huésped “pesado” del año: una crónica del mostrador de hotel

Ilustración en 3D de un viajero frustrado en el aeropuerto, perdiendo su auto de alquiler por demoras en el vuelo.
Esta vibrante imagen en 3D captura la esencia de la lucha de un viajero frente a retrasos inesperados y frustraciones. ¡Sumérgete en la historia de la primera experiencia desafiante del año!

¿Quién no ha tenido ese compañero de trabajo que parece hecho para poner a prueba la paciencia de todos? Ahora imagínate ser recepcionista en un hotel y que te toque atender a un huésped que parece recién salido de un sketch de comedia, pero sin la parte graciosa. Hoy les cuento la historia del primer “verdadero pesado” del año, ese cliente que, sin miedo ni vergüenza, acumuló puntos para el ranking anual de los más complicados.

Porque en los hoteles, como en la vida, no todo es servicio de desayuno y camas tendidas. También llegan personajes que harían temblar hasta al más sereno de los recepcionistas. Prepárate para reír, indignarte y, por qué no, sentirte identificado si alguna vez te tocó lidiar con alguien así.

Un huésped con “estrella”… pero en mala onda

Todo comenzó con una llamada nocturna. El protagonista, un señor que aseguraba tener una reservación, estaba varado en el aeropuerto por culpa de un vuelo retrasado y, encima, no pudo recoger su auto rentado porque la renta ya había cerrado. Hasta aquí, todo normal; cualquiera se estresa en una situación así. Pero la historia se pone buena cuando pide que el hotel mande una “shuttle” por él y su compañero.

Aquí viene el primer plot twist: ¡el hotel ni siquiera tiene shuttle! El recepcionista, con santa paciencia, le explica que pueden usar el servicio del aeropuerto o pedir un Uber. Pero el huésped, como si estuviera jugando a “no escucho, no veo, no hablo”, responde: “Perdón, no le entiendo”. Silencio incómodo. El recepcionista repite la información, pero el cliente insiste en que “no le entiende”.

Como bien diría cualquier latino, ¡no hay peor sordo que el que no quiere oír! Al final, acepta a regañadientes y cuelga. Pero la historia apenas empieza.

El show del check-in (o cómo complicar lo sencillo)

Cuarenta y cinco minutos después, llegan finalmente al hotel. El protagonista, fiel a su estilo, ni bien escucha que el hotel vende cerveza en la tienda de huéspedes y que solo quedan cinco minutos para el horario permitido, ¡sale disparado a buscar dos cervezas! Todo esto mientras el recepcionista apenas ha revisado su identificación; ni siquiera ha recibido la tarjeta de crédito.

El recepcionista le sugiere que termine primero el check-in, pero el huésped está más enfocado en el “12 pack” que en dormir tranquilo. Cuando regresa, exige que se le carguen las cervezas a la habitación. Pero, sorpresa, como no ha entregado la tarjeta y no está oficialmente registrado, ¡no hay habitación a la cual cargar nada!

Aquí, el compañero de trabajo del huésped mira la escena con una mezcla de resignación y “yo no lo conozco”. En los comentarios del post original, alguien sugiere que, en ese momento, cualquiera hubiera preguntado al compañero: “¿Siempre es así de complicado cuando viajan juntos?”. ¡Tal cual como lo haríamos en Latinoamérica, con ese tonito cómplice y medio en broma!

Para cerrar con broche de oro, cuando por fin entrega la tarjeta y el recepcionista termina el proceso, ya pasó el minuto límite para vender alcohol. El sistema ni siquiera deja escanear las cervezas. El huésped, por supuesto, le grita al recepcionista por “hacerle perder el tiempo” y se va refunfuñando a su cuarto, dejando a su colega atrás con cara de “trágame tierra”.

La revancha matutina y el arte de no escuchar razones

Uno pensaría que después de una noche así la cosa se calma. Pero no. Al día siguiente, el huésped baja a recepción, se dirige a la nueva recepcionista y, con mirada desafiante al de la noche anterior, pide que le organicen un transporte al aeropuerto. Otra vez, insiste con el famoso shuttle.

La recepcionista, sin saber la novela de la noche anterior, le explica que el hotel no tiene shuttle. El huésped, frustrado y seguro de que lo están engañando, se va murmurando amenazas de llamar a la “oficina central”. En los comentarios, muchos se burlan de esta actitud: “Es increíble cómo creen que llamar a la central es una amenaza real. Al final, solo preguntan nuestra versión de la historia y nunca pasa nada”.

Uno de los lectores más sagaces lo resumió así: “Siempre hay adultos que, cuando no se salen con la suya, se comportan como si tuvieran cinco años”. Y es que, en el fondo, todos conocemos a alguien así: el típico que cree que el mundo gira a su alrededor y que, con un berrinche, todo se soluciona.

Reflexión: del mostrador a la vida real

Historias como esta no solo suceden en hoteles. En la cultura latinoamericana, siempre hemos tenido ese tío, jefe o cliente que cree que con levantar la voz o exigir algo fuera de lugar va a lograrlo todo. Pero, como bien dice otro comentario, “la paciencia del personal de servicio es de otro mundo”.

Y ojo, que tampoco se trata de satanizar al huésped que llega cansado o estresado. Muchos comentaron que, después de un día fatal de viaje, lo único que quieren es relajarse con una cerveza o un buen cafecito. El problema viene cuando la actitud pasa de la frustración legítima a la prepotencia gratuita.

En Latinoamérica, donde el trato cara a cara y la calidez suelen ser la norma, este tipo de historias nos recuerdan la importancia de la empatía. Porque nunca sabes si el que está del otro lado del mostrador también tuvo un mal día, pero igual te recibe con una sonrisa y un “¡bienvenido!”.

¿Y tú? ¿Alguna vez te tocó lidiar con un huésped (o cliente) así de complicado? ¿O te identificas más con el pobre recepcionista que, con estoicismo, aguantó el chaparrón? Cuéntanos tu experiencia y comparte este relato con ese amigo que trabaja en hotelería, ¡seguro tiene mil historias más!


Publicación Original en Reddit: The First Real Asshole Guest of the Year