El “Pickleball-Gate” y Kevin: Cuando el deporte escolar se volvió una telenovela
¿Quién no ha tenido alguna vez en la vida escolar a ese compañero que convierte hasta la clase de educación física en una novela de sobremesa? Pues hoy te traigo la historia de Kevin y el “Pickleball-Gate”, una anécdota real que mezcla drama, risas y una pizca de surrealismo al más puro estilo de las mejores telenovelas de América Latina.
Todo empezó en un colegio cualquiera, donde todos los estudiantes debían elegir un deporte. Yo, buscando algo “relajado”, terminé en pickleball, ese primo lejano del tenis y el ping-pong que, seamos honestos, pocos en Latinoamérica conocen. Pero lo que prometía ser una experiencia sencilla, se transformó en una épica digna de compartir.
Kevin: El Messi del Pickleball... (al menos en su mente)
Me tocó como compañero Kevin (sí, así se llama de verdad), un chico que vivía y respiraba pickleball. Si en México decimos “se le subieron los humos”, a Kevin el pickleball le había subido hasta la cabeza. Él soñaba con ser profesional del deporte y consideraba que jugar conmigo, un novato total, era un castigo digno de una telenovela de Televisa.
Para colmo, las reglas del colegio exigían que los equipos fueran al azar. Kevin no solo no quiso enseñarme nada, sino que se negó a hablarme más allá de lo necesario. ¿Su lógica? “No voy a enseñarte, podrías ser mi rival”. El colegio, sin embargo, le puso un alto y le ordenó quedarse conmigo. Imagínense el drama: Kevin peleando con los profesores como si estuviera en plena audiencia de “Caso Cerrado”, pero perdió en grande.
El arte de perder... y culpar al universo
Cuando llegó el torneo, Kevin decidió que su mejor estrategia era que yo existiera en la cancha y él jugara todo solo. Así que mientras él corría como loco, yo me quedaba en la esquina viendo el show. Todo iba “más o menos” hasta que tocaba servir... y ni idea de cómo hacerlo. ¿El resultado? Cada vez que me tocaba, perdíamos el punto sin remedio.
Perdimos absolutamente todos los partidos. Y aquí es donde la historia se vuelve oro puro: Kevin, después de haberse cavado su propia tumba deportiva, empezó a gritar que todo era un complot. Según él (y recalco: solo él), había ganado todos los partidos y el sistema estaba “amañado” en su contra. Dijo, y cito textual, que le habían robado la victoria por “spadazz” (ni yo supe qué quiso decir con eso, pero lo dijo con mucho drama).
Como era de esperarse, terminó siendo vetado de los torneos escolares de pickleball. Y el escándalo fue bautizado por él mismo como el “Pickleball-Gate”, desatando un culebrón que durante meses fue la comidilla del colegio.
La comunidad opina: ¿Conspiración o puro show?
La historia de Kevin fue tan absurda que mereció un lugar en internet, y los comentarios no se hicieron esperar. Uno de los lectores, con el humor que caracteriza a la región, comentó: “¡El otro equipo hizo trampa por anotar más puntos que yo!”. Una joya de sarcasmo que refleja cómo muchos alumnos ven las excusas de quienes no quieren aceptar la derrota.
Otro participante de la conversación señaló algo muy cierto: confiar en que los estudiantes se enseñen entre ellos es como pedirle a un grupo de amigos que armen una piñata sin saber cómo — al final, seguro termina todo hecho pedazos y nadie aprende nada. En muchos colegios de Latinoamérica, sucede lo mismo cuando los profes dejan que “el que sabe, le enseñe al que no”, como si todos tuvieran la vocación de maestro.
Y sobre Kevin, otro usuario resumió la situación con un dicho bien nuestro: “Así no va a ganar en la vida”. Porque, seamos sinceros, echarle la culpa a todo el mundo en vez de aprender y mejorar, solo te deja estancado... o, como diría mi abuelita, “el que no oye consejo, no llega a viejo”.
¿Qué aprendimos de este “Pickleball-Gate”?
Tras el escándalo, el colegio aprendió la lección y decidió que, para futuros torneos, un profesor enseñaría las reglas y técnicas básicas. Nada de dejar la responsabilidad en los estudiantes, y mucho menos en “Kevins” con sueños de fama.
Lo curioso es que, aunque la historia fue tragicómica, dejó una enseñanza válida para cualquier rincón de Latinoamérica: en la vida, echamos la culpa al sistema, al árbitro, al profe, al compañero... pero pocas veces miramos hacia adentro y reconocemos nuestros errores. Y eso, querido lector, es la verdadera moraleja detrás del “Pickleball-Gate”.
Quién sabe qué habrá sido de Kevin. Ojalá haya encontrado su camino (y que no haya terminado echándole la culpa al universo por todo). Nosotros, al menos, ya aprendimos que en la cancha —y en la vida— lo importante es jugar en equipo y aprender, aunque a veces toque perder.
¿Tú conociste a algún “Kevin” en tu escuela? ¿Alguna vez viviste un “gate” escolar digno de contar? ¡Cuéntanos en los comentarios! Y si tienes una historia tan surrealista como esta, no dudes en compartirla. Porque si algo nos une en Latinoamérica, es que nunca faltan personajes... y anécdotas para reír.
Publicación Original en Reddit: pickleball Kevin spreads the word of pickleball-gate