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El mural de stickers que volvió loco al jefe tóxico: una pequeña venganza en el trabajo

Ilustración cinematográfica de una escena en un almacén que refleja dinámicas laborales e interacciones personales.
En esta representación cinematográfica, exploramos los recuerdos de navegar en las relaciones laborales, donde incluso las personalidades más difíciles pueden dejar una huella imborrable. Este sticker es un recordatorio humorístico de esos momentos incómodos pero inolvidables.

¿Quién no ha tenido ese compañero de trabajo insoportable que parece inmune a las reglas y que, por más que todos desearían verlo lejos, simplemente nunca se va? ¡Todos hemos conocido a un “Don Odioso” en la oficina, la fábrica o el almacén! Pero lo que pocos se atreven es a darle una cucharadita de su propio chocolate, y menos de una forma tan creativa como la de hoy.

Esta historia nos lleva a un almacén cualquiera, donde un empleado común y corriente encontró la manera más ingeniosa y divertida de llevar al borde de la locura a su colega más tóxico… usando solo stickers rarísimos. Prepárate para reír, indignarte y, sobre todo, sentirte identificado si alguna vez soñaste con hacerle la vida imposible a ese compañero insoportable, pero sin perder la clase (ni el empleo).

La fábrica, el Don Odioso y el sticker misterioso

En el corazón de cualquier empresa latinoamericana, siempre hay alguien que se la da de “intocable” porque tiene años en el puesto, es amigo de los jefes y se las sabe todas. Así era Don Odioso: llevaba más de 20 años en el almacén, sabía a quién caerle bien (o cómo hacerse indispensable) y trataba mal a quien se le antojara. Por si fuera poco, tenía ideas bastante retrógradas sobre la diversidad y hasta se daba el lujo de tomar vacaciones cuando todos los demás sufrían los famosos “periodos negros” donde nadie puede faltar.

Pero Don Odioso tenía una debilidad: era un obsesivo de la limpieza. Su máquina, aunque no tenía dueño oficial, era “suya” y la limpiaba con devoción cada turno. Tanto así, que la hacía casi inaccesible para los demás, logrando que todos evitaran usarla… menos cuando no quedaba de otra.

Como buen mexicano, colombiano, argentino o de cualquier rincón de Latinoamérica, el narrador de esta anécdota sabía que la mejor venganza es la que se cocina a fuego lento, con picardía y risas. Un día, su pareja (maestra) le regaló un montón de stickers para niños, pero no cualquier sticker: eran stickers tan extraños que bien podrían haber salido de una piñata de barrio o de un mercadito de pulgas. Imagínate una calcomanía de un guacamole bailando salsa o una alita de pollo con cara de gato.

La venganza: ¡stickers para el alma (y para el germófobo)!

Después de escuchar un comentario demasiado hiriente de Don Odioso, la pareja del narrador le dio la mejor idea: “¿No es germófobo? ¡Pégale estos stickers en su máquina todos los días!”. Así nació la tradición: cada día, antes de que Don Odioso llegara, aparecía un sticker raro en el mismo lugar de su máquina. Y así, poco a poco, comenzó la tortura psicológica más inocente (y efectiva) de la que se tenga registro en un almacén.

Durante dos meses, Don Odioso quitaba y limpiaba el sticker cada día, sin saber quién era el culpable. Hasta que un día explotó de coraje con otro colega: “¡Alguien del turno de noche me está poniendo stickers extraños y ya no los soporto!”. El narrador, junto a su “esposo de trabajo” (ese compa incondicional de la chamba), no pudo evitar reírse y confesar la verdad. Incluso el supervisor, al enterarse, se sumó a las risas: “Mientras no me llegue una queja formal, yo no vi nada”.

La venganza se volvió un deporte de equipo. Todo el grupo comenzó a dejarle stickers a Don Odioso. Cuatro meses después, el hombre tenía una colección tan grande que armó un mural en cartón, guardando cada calcomanía como prueba de su tormento.

Cuando la venganza se vuelve justicia (y arte)

La historia pudo haber terminado ahí, pero Don Odioso, fiel a su estilo, decidió culpar a un compañero transgénero del turno de noche, lanzando comentarios cargados de prejuicio. Aquí es donde la historia cobra un toque de justicia: el narrador se aseguró de dejar stickers solo cuando ese compañero no estaba, para que Don Odioso siguiera confundido.

Los stickers se volvieron cada vez más surrealistas: “Solo quiero abrazarte”, “Eres una flor hermosa”, acompañados de dibujos tan absurdos que harían reír hasta al más serio. Seis meses después, el narrador se sinceró y admitió que él y su compa eran los autores. La cara de Don Odioso, entre alivio y traición, valía oro. Y claro, la mural de stickers se volvió una obra de arte digna de cualquier exposición de Museo Jumex o el MALBA, como bromearon algunos en los comentarios.

Cuando la creatividad es la mejor venganza: lo que nos enseña esta historia

Lo mejor de todo es cómo la comunidad de Reddit reaccionó: muchos pidieron ver el famoso mural, otros compartieron ideas para usar stickers con propósito de “venganza leve” en la vida diaria (“¡Debería guardar los stickers raros de Temu para pegarle a los que se estacionan mal!”, decían algunos). Hubo quienes aplaudieron el apoyo a la diversidad y el ingenio del narrador: “Así se hace, defender a los compañeros y quedarse en el lado petty pero divertido”, comentaron con humor.

Al final, esta historia nos recuerda que la creatividad y el humor pueden ser armas poderosas contra la toxicidad laboral. No se trata de devolver mal por mal, sino de encontrar formas de resistir y, de paso, arrancar una sonrisa a los demás. Como decimos en México: “Al mal tiempo, buena cara… y un sticker raro”.

¿Y tú? ¿Qué harías si tuvieras una bolsa llena de stickers extraños y un compañero insufrible? ¿Te animarías a crear tu mural de la venganza?

Cuéntanos tu mejor anécdota de venganza inocente en los comentarios. ¡Seguro muchos lectores se inspirarán para su próxima travesura de oficina!


Publicación Original en Reddit: Being a jerk? Here. Have a sticker :)