Saltar a contenido

El misterio del pollo volador: una noche inolvidable en la recepción

Seguridad nocturna en un condominio frente al mar con un misterioso pollo volador de fondo.
A medida que cae la noche sobre el condominio frente al mar, sorpresas inesperadas acechan en las sombras, ¡como este pollo volador! Acompáñame en una aventura fantástica mientras relato mi turno de seguridad nocturna lleno de intrigas y visitantes inesperados.

¿Alguna vez pensaste que un pollo asado podría convertirse en el protagonista de una historia de misterio, drama y comedia? Ni en las telenovelas más locas de las tardes mexicanas o venezolanas, ni en los relatos de los abuelos en las noches de tormenta, se escucha algo así. Pero la vida real siempre supera a la ficción, y lo que le pasó a un vigilante nocturno en un condominio frente a la playa es digno de contarse una y otra vez.

Imagina que estás en tu trabajo, de guardia nocturna, cuidando que todo esté en orden y esperando cerrar la alberca. Te sientas en tu carro, listo para cenar tranquilo, y de repente, ¡pum! Tu parabrisas explota en mil pedazos y tu cena pasa a segundo plano. Así comienza la “leyenda del pollo volador”.

El inicio: una noche tranquila... hasta que el pollo decidió volar

Era una noche cualquiera, de esas en las que uno agradece que todo esté calmado, sin turistas borrachos gritando ni vecinos quejándose por la música. Nuestro protagonista —guardia de seguridad y encargado de la recepción nocturna— decidió aprovechar el rato antes de cerrar la piscina para cenar tranquilo en su coche.

Pero la calma duró poco. Un estruendo sacudió el auto y, después de recuperar el alma que se le fue hasta los talones, el guardia vio los restos de un pollo asado esparcidos en el parabrisas. Sí, leíste bien: ¡un pollo asado! No un ladrillo, ni una piedra, ni siquiera una piña (que en la costa todo puede pasar), sino un pollo, perfectamente cocido, que había caído de las alturas.

¿Cómo llegó ese pollo ahí? Un drama digno de telenovela

Justo cuando intentaba entender si estaba soñando o si el destino le jugaba una broma, apareció corriendo una mujer gritando: “¡Ay, Dios mío, perdón! ¡Perdón!”. Detrás, su esposo, con cara de “ya no puedo más con esto”.

La verdad salió a la luz en menos de lo que canta un gallo: la pareja se había peleado y, en un arranque digno de cualquier episodio de “La Rosa de Guadalupe”, ella decidió tirar la cena por el balcón del piso 17. El pollo, que no tenía la culpa de nada, terminó estrellándose contra el parabrisas del pobre vigilante, que ya sólo quería comerse sus tacos en paz.

Lo que siguió fue tan surrealista como el resto de la historia: la pareja, para evitar más problemas, le entregó un fajo de billetes para cubrir el daño y preguntó si iba a reportar el incidente. El guardia, demostrando más paciencia que un maestro de kínder, les dijo que tenía que hacerlo por protocolo, pero que no creía que hubiera consecuencias graves, ya que siempre habían sido buenos huéspedes y, además, pagaron al instante por su “pollo volador”.

La comunidad opina: de “Angry Birds” a cálculos físicos

La historia, compartida en Reddit, desató una ola de comentarios tan ingeniosos como las telenovelas mexicanas. Un usuario, recordando videojuegos populares, comentó: “¿Les explicaste que Angry Birds es un juego para el celular, no para la vida real?” Otro, haciendo gala de humor negro, sugirió que quizá el pollo intentó volar como en los viejos programas gringos, pero “los pollos cocidos no vuelan... a menos que los lances desde el piso 17”.

Y como en toda buena sobremesa, no faltó el “ingeniero” que sacó cuentas y explicó que un pollo asado de 1.5 kilos, arrojado desde 17 pisos (aproximadamente 61 metros), impacta con más fuerza que una pelota de béisbol profesional. “Menos mal que no te dio en la cabeza, porque ahí sí ni el seguro te salva”, mencionó otro usuario, recordando que, aunque la historia es divertida, pudo haber terminado en tragedia.

No faltaron los que aprovecharon para bromear con referencias culturales: “¡Yippee Kai Yay, Mother Clucker!” (parafraseando a Duro de Matar), y otros que aseguraron que ahora cada vez que vean un pollo asado pensarán dos veces antes de asomarse al balcón.

El desenlace: bromas, carcajadas y anécdotas para toda la vida

La historia no terminó ahí. Al día siguiente, el auto fue remolcado porque ya no se podía manejar y, al regresar esa noche, el gerente del condominio no podía parar de reírse cuando vio las fotos del “accidente avícola”. Durante seis meses, cada vez que el vigilante abría su escritorio, encontraba pollos de hule y tarjetas de talleres de vidrios, cortesía de sus compañeros que no perdieron oportunidad de seguir la broma.

Como bien dice un dicho muy mexicano: “Al mal tiempo, buena cara”. El protagonista supo tomar el incidente con humor y hasta se dio el lujo de invitar a su ahora esposa a una cena elegante con lo que sobró del dinero, demostrando que a veces las desgracias se convierten en recuerdos divertidos para compartir.

Y es que, en Latinoamérica, sabemos reírnos de lo absurdo y transformarlo en anécdota. Como diría la abuela: “¡Si la vida te da pollos asados voladores, haz caldo y cuéntalo en la sobremesa!”

¿Te ha pasado algo así? ¡Cuéntanos tu historia!

¿Tienes una anécdota igual de insólita en tu trabajo? ¿Algún objeto inesperado ha caído del cielo y cambiado tu día por completo? Déjalo en los comentarios y sigamos riéndonos juntos de esas cosas que sólo pueden pasar en nuestra querida realidad latinoamericana. Porque aquí, hasta los pollos “vuelan”... y siempre hay una historia para contar.


Publicación Original en Reddit: The case of the flying chicken