El Kevin que se desvaneció: cuando los fantasmas no asustan, solo duelen
Todos tenemos un amigo, ex, o conocido que parece vivir en otro planeta. Ese tipo de persona tan suave, tan de otro mundo, que a veces uno no sabe si está hablando con alguien o con una nube. Hoy les traigo la historia de “Kevin”, pero no el Kevin clásico que uno espera ver en memes o anécdotas de internet. No, este es un Kevin único: el que se esfuma tan quieto, tan silencioso, que lo único que deja es una nostalgia dulce y un par de preguntas sin respuesta.
¿Te ha pasado que alguien se va de tu vida, pero tan suavecito, tan sin ruido, que ni cuenta te das hasta que ya no está? Así fue la historia de la autora original, quien compartió su experiencia en Reddit y dejó a más de uno pensando en esos amores y amistades que se van, pero nunca se olvidan.
¿Quién es “Kevin” y por qué no es el típico Kevin?
Cuando uno escucha historias de “Kevins” en internet, normalmente espera relatos de personas despistadas, que hacen tonterías dignas de película de comedia, como caerse del techo por intentar volar o mezclar cloro con Coca-Cola. Pero este Kevin es distinto. La autora lo describe como “un barista, piscis, de mirada cansada, como si siempre estuviera a medio soñar”. Nada de locuras, nada de grandes metidas de pata. Más bien, es ese tipo de persona que te regala una frase bonita (“nunca cambies 🌊”, “los amigos no desaparecen”) y luego se va, flotando, como si nunca hubiera estado.
Un usuario del foro le preguntó, medio confundido: “¿Cómo es esto una historia de Kevin?” Y la autora respondió con filosofía y mucha poesía: “No es el Kevin promedio. No cometió crímenes contra la lógica, sino contra los corazones blanditos. No es tonto, es un enigma envuelto en matcha y miradas fugaces. Un piscis cósmico con ojos de caricatura y una técnica de desaparecer tan sutil como el vapor”. ¡Poesía pura! Y es que, aunque no fue un Kevin de carcajada, sí fue uno de esos que dejan huella… o mejor dicho, que dejan un vacío suavecito.
El arte de desaparecer: ¿fantasmas buenos o malos?
En la cultura latinoamericana, cuando alguien “fantasmea” (hace ghosting), uno suele enojarse, armar drama, contarle a todos los amigos y hasta escribir indirectas en redes sociales. Pero Kevin no fue así. La autora dice: “No me desapareció como un patán, me desapareció como un fantasma. Suave. Pero se fue”.
Eso es lo curioso: hay personas que, en vez de irse peleando, cortan el lazo con tanta delicadeza que uno se queda pensando si de verdad les importabas o si simplemente eran demasiado etéreos para este mundo. En México diríamos que “se fue como agua entre los dedos”. En Argentina, que “se esfumó como humo de parrilla”. Y en cualquier país latino, que “desapareció más rápido que el aguinaldo en diciembre”.
Opiniones de la comunidad: entre la empatía y la confusión
La historia dividió opiniones en Reddit. Algunos decían “Oye, esto no es un Kevin, ¡es solo un tipo que no sabe enfrentar sus sentimientos!”. Otros, como la propia autora, defendieron que hay muchos tipos de Kevin: “No todos los Kevins son tontos. Algunos son desastres soñadores con sonrisas devastadoras, falsas esperanzas y señales mixtas”. ¡Cuánta verdad!
Un comentarista, con humor, dijo que Kevin “o ganó la lotería de la vida o la perdió”. Y la autora respondió con una analogía muy de barrio: “Quizá raspó el boleto y nunca se dio cuenta que era ganador”. ¿A cuántos no nos ha pasado? Tener algo bueno en las manos y no darnos cuenta, o perder algo sin saber el valor real hasta que ya se fue.
Y aunque algunos usuarios no entendieron la categoría de “Kevin en minúscula” (es decir, uno que no hace grandes tonterías, pero igual te deja herido), muchos otros se identificaron con la historia. Porque al final, todos hemos tenido un Kevin en nuestra vida: ese amigo, pareja, o crush que llegó como brisa y se fue sin hacer ruido, pero dejó recuerdos flotando.
¿Qué aprendemos del Kevin que se desvaneció?
Quizá la enseñanza más grande es que no todos los finales tienen que ser dramáticos. A veces, la gente se va porque no sabe quedarse. Porque hay corazones que, por más cariño que reciban, siempre tienen un pie en otro mundo. Y aunque duela, también es bonito recordar que hubo momentos sinceros: pinturas regaladas, cartas sin contestar, y frases bonitas que quedan como eco.
Así que, la próxima vez que alguien “fantasmee” con elegancia, tal vez no hay que enojarse tanto. Al contrario, hay que agradecer que fue un fantasma gentil y no un huracán de drama. Como dijo la autora, “todavía me pregunto si ve la pintura que le regalé, si la mira con odio, molestia o asombro”. Quizá nunca sabrá el valor del boleto que tuvo en las manos.
Y tú, ¿has tenido un Kevin que se fue flotando de tu vida? ¿Fuiste tú el Kevin alguna vez? Cuéntanos tu historia en los comentarios, porque en cada esquina de Latinoamérica, seguro hay un Kevin de esos, suavecito, que deja recuerdos como neblina en la memoria.
Publicación Original en Reddit: The Kevin who drifted