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El Kevin que fingió sorpresa porque no le vendí alcohol sin identificación… ¡y casi se sale con la suya!

Ilustración en 3D tipo caricatura de un hombre sorprendido en una tienda de conveniencia, destacando la verificación de ID para la venta de alcohol.
En esta vibrante escena en 3D, nuestro protagonista vive un momento inesperado en la tienda de conveniencia cuando un cliente reacciona a la verificación de ID para comprar alcohol. ¡Acompáñame en esta divertida historia sobre las interacciones inesperadas en el trabajo!

En el mundo de las tiendas de conveniencia, uno se encuentra con toda clase de personajes. Desde la señora que siempre pide la recarga de saldo más pequeña hasta el cliente que se pone creativo con sus excusas para no pagar. Pero hay algunos que, de verdad, parecen haber salido de una comedia de enredos. Hoy les traigo la historia de un “Kevin” que pensó que podía pasarse de listo… pero terminó demostrando lo contrario.

Si alguna vez has trabajado en una tienda, seguro te ha tocado lidiar con clientes que creen que las reglas no son para ellos. Pues prepárate, porque la anécdota de hoy tiene de todo: robo, distracción, excusas y, por supuesto, el clásico “¿Cómo que no me puedes vender alcohol sin identificación?”.

El primer round: el arte de la distracción

Todo comenzó una noche cualquiera en la tienda donde trabajo. Un tipo llegó acompañado de una chava que, por la confianza, supuse que era su novia. Ella, con una sonrisa, me pidió que fuera a la bodega a buscar bebidas energizantes Celsius (sí, esas que prometen darte alas aunque no sean Red Bull). Mientras yo iba a revisar, el tipo se fue directo al refrigerador de cervezas.

No encontré la bebida y regresé para avisarle a la chica. Pero, de reojo, noté cómo el tipo salía tranquilamente con dos paquetes de Twisted Tea bajo el brazo, como si nada. La chava también se fue poco después. No soy Sherlock Holmes, pero hasta yo me di cuenta de que me aplicaron la clásica de “distracción y robo”. Me la ganaron esa vez… pero el karma no tarda en llegar.

El regreso del Kevin: segunda vuelta (y la venganza de la tienda)

Nunca falta quien cree que puede repetir la misma jugada y que nadie se va a dar cuenta. Una semana después, la pareja regresó. Ella, fiel a su papel, volvió a pedirme que buscara Celsius en la bodega. Pero esta vez, yo ya los tenía bien ubicados. En cuanto la chica habló, la reconocí y le dije, sin rodeos, que se retirara de la tienda.

La chica se fue, justo cuando el “Kevin” venía de la nevera con, otra vez, dos paquetes de Twisted Tea y cara de “esta es mi noche”. Le dije que pasara a la caja para atenderlo. Con toda la flojera del mundo, medio me siguió.

Cuando le pedí identificación para venderle el alcohol, me salió con la típica: “No la traigo, pero véndemelo de todas formas”. Le expliqué que no solo era política de la tienda, sino ley, y que sin identificación simplemente no podía. El tipo no se rendía y seguía insistiendo, pero yo, como buen soldado de la tienda, no me moví ni un milímetro.

Entonces, sacó el as bajo la manga: “Bueno, te ayudo a regresarlas al refri”. Ajá, sí, como si me fuera a tragar ese cuento. Le dije que yo me encargaba y al final, aceptando la derrota, se fue con las manos vacías.

¿Kevin o simplemente un descarado? La opinión de la comunidad

En Reddit, donde la historia fue publicada originalmente, los comentarios no se hicieron esperar. La mayoría coincidió en algo: este tipo, más que un Kevin despistado, era un descarado total. Como diría mi abuelita: “No es tonto el que no sabe, sino el que no quiere aprender”.

Un usuario comentó (adaptando el sentido a nuestro español): “Tal vez este tipo sea demasiado mañoso para ser un verdadero Kevin, pero sin duda es un burro”. Incluso el propio autor de la historia estuvo de acuerdo, diciendo que definitivamente era un idiota. Otro usuario remató: “No será un Kevin auténtico, pero cuando se ofreció a regresarlas, demostró que está bastante cerca. Es tan torpe que ni siquiera se da cuenta de lo torpe que es”.

Y la comunidad no dejó pasar la oportunidad para señalar la diferencia: mientras los Kevins suelen ser despistados y sin mala intención, este tipo sabía perfectamente lo que hacía… solo que no le salió.

La moraleja: más vale maña que fuerza (pero no para hacer trampa)

En América Latina, muchos crecimos escuchando que “el que no tranza no avanza”. Pero ojo: la trampa tiene patas cortas, y tarde o temprano, el que juega sucio termina cayendo. Las tiendas de barrio y los supermercados están llenos de historias como esta, donde los clientes piensan que pueden burlar al sistema, pero se topan con empleados atentos y, sobre todo, con reglas que no son negociables.

Además, en nuestros países, pedir identificación para vender alcohol no es solo cosa de gringos. Aquí también aplican esas leyes, aunque a veces la gente crea que con una sonrisa o un “¿a poco no me conoces?” ya la hizo.

Así que, si alguna vez piensas en hacerte el Kevin, mejor piénsalo dos veces. Las cámaras, los empleados atentos y la comunidad (tanto en redes como en la vida real) están siempre listos para desenmascarar a los vivales.

¿Y tú, has conocido a un Kevin en tu vida?

Las historias de tienda siempre dan para rato. ¿Te ha tocado lidiar con un cliente así de descarado? ¿Alguna vez te quisieron aplicar la del “te ayudo a regresarlo”? Cuéntame en los comentarios tu mejor anécdota de clientes que creen que todo se puede negociar. Y si te gustó la historia, compártela para que más gente se ría (y aprenda) con las aventuras de los “Kevins” de la vida real.

¡Nos leemos en la próxima historia!


Publicación Original en Reddit: A guy who feigned being shocked that I can't sell alcohol without an ID