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El Kevin que cantaba canciones furros y creía que la Tierra es plana: Una historia de secundaria que nadie pidió

Todos tuvimos al menos un compañero en la secundaria que se salía del molde. Ese que, cuando lo recuerdas, te preguntas si realmente era así o si tu memoria exagera. Pero hay ciertos “Kevins” que superan cualquier expectativa y llevan el concepto de “ser diferente” a niveles tan extremos que ni la tía chismosa del barrio se atrevería a inventar tanto. Hoy les traigo la historia de uno de esos personajes, un Kevin que no solo desafió las normas… ¡sino que las mandó a volar al ritmo de canciones furros en pleno gimnasio!

Cuando la rareza se convierte en espectáculo: El Kevin del gimnasio

Imagínate llegar todo adormilado a tu clase de pesas un lunes por la mañana, pensando solo en sobrevivir la hora y no romperte una pierna. De repente, de la nada, un compañero —Kevin, por supuesto— empieza a cantar a todo pulmón canciones inspiradas en “Hazbin Hotel”, pero no cualquier canción: letras subidas de tono que harían sonrojar hasta a la abuela más liberal. Todo esto, en un salón pequeño, rodeado de otros adolescentes que solo quieren hacer sentadillas sin traumatizarse de por vida.

Lo más impresionante de este Kevin era su absoluta falta de filtro. No importaba si los demás le pedían que parara, si los profes estaban cerca o si los compañeros ya le lanzaban miradas que decían “hermano, ya, por favor”. Kevin simplemente seguía en su mundo, convencido de que todos disfrutaban su show. Y ojo, que según cuenta quien vivió este infierno (u/Useful-Turnip-5803), aunque algunos se quejaron con los maestros, nunca hubo pruebas claras, así que la mayoría de las veces lo tomaban como “bullying al chico raro”. ¡Como si el pobre resto solo quisiera un poco de paz!

Un comentarista lo resumió perfecto: “Hay chicos raros… y luego está este Kevin”. Y sí, en toda secundaria de Latinoamérica hay gente peculiar, pero pocas veces se cruzan con alguien tan intenso.

El arte furro y la creatividad sin límites (ni vergüenza)

Por si esto fuera poco, nuestro Kevin también compartía clase de arte con el narrador original. El proyecto final era recrear una obra famosa con otro material y escribir un ensayo serio sobre el artista asignado. ¿A Kevin? Le tocó Louise Bourgeois, una artista reconocida por sus esculturas de arañas gigantes y formas femeninas abstractas.

¿Qué hace Kevin? Decide presentar dibujos de las famosas esculturas “Nana”… ¡pero convertidas en furros y en posiciones sugerentes! Imaginen la cara de la profe y los compañeros al ver esas ilustraciones, que fácilmente podrían haber salido de algún rincón oscuro de internet. Sobre el ensayo, nadie sabe si lo entregó, pero la presentación en clase fue suficiente para dejar a todos más confundidos que adolescente en misa.

En Latinoamérica, donde la creatividad suele salirse por todos lados, esto podría haber inspirado memes, chistes y hasta apodos que durarían toda la prepa. Pero aquí la reacción fue más bien de “¿por qué? ¿para qué?”.

Terraplanismo y teorías que ni los abuelos se creen

Como si no fuera suficiente con las canciones y el arte, Kevin también era un orgulloso defensor de la teoría de la Tierra plana. Pero no de esos que lo dicen por molestar, sino convencido de corazón. Discutía con cualquiera que intentara razonar, alegando que como nunca había vivido en un lugar rural, no podía saber si los campos eran rectos y por ende, la Tierra debía ser plana. Incluso aseguraba que había gente que había cavado hasta el otro lado del mundo ¡y que el gobierno lo ocultaba!

Un usuario lo dijo con sabiduría: “Es impresionante cómo los antiguos, con solo mirar el cielo, sabían que la Tierra era redonda… y luego está Kevin, con acceso a todo el internet, y decide ignorar todo eso”. Es un recordatorio de que, en la secundaria, uno puede encontrarse con todo tipo de personajes.

Reflexión: Entre la rareza y el sentido común

Antes de que alguien diga “¡qué mala onda, solo se burlan del chico raro!”, el narrador aclara que él mismo era de los “raros”. Pero hay una línea entre ser diferente y no respetar a los demás. Como en cualquier salón latinoamericano, todos tenemos historias de compañeros excéntricos, pero cuando alguien sobrepasa el límite y afecta el ambiente de la clase, ya no es cuestión de gustos, sino de convivencia.

Como bien dijo otro comentarista, el problema de Kevin no era ser raro, sino no entender cómo sus acciones impactaban a los demás. Hay espacio para la creatividad, la diferencia y hasta las locuras, pero también debe haber respeto y sentido común. Porque sí, ser diferente es genial, pero no a costa de la tranquilidad de los demás.

¿Y tú, tuviste algún “Kevin” en tu secundaria? ¿Qué historia bizarra recuerdas de tus años escolares? Cuéntanos en los comentarios, ¡que aquí todos tenemos anécdotas para rato!


Publicación Original en Reddit: Singing Furry Art Kevin