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El Kevin de la charcutería: la leyenda viviente que nadie olvida

Escena cinematográfica de Kevin en la charcutería, jugando en su Nintendo Switch mientras ignora los pedidos de sándwiches.
En esta ilustración cinematográfica, vemos a Kevin en la charcutería, aparentemente absorto en su Nintendo Switch mientras la estación de sándwiches permanece desatendida. Su actitud relajada y su inclinación por las distracciones generan historias laborales inolvidables.

¿Alguna vez te ha tocado trabajar con ese compañero que parece sacado de una telenovela, uno que hace que cada día en la oficina (o en este caso, la charcutería) sea una anécdota? Si no, prepárate, porque la historia de Kevin —sí, el Kevin original— es más real de lo que imaginas y tan surrealista que podría haber salido de un capítulo de “La Rosa de Guadalupe”.

El Kevin que nadie pidió… pero que todos recuerdan

Dicen que cada trabajo tiene su propio “Kevin”, ese colega que se las arregla para hacer lo mínimo indispensable y aun así sobrevivir en la nómina. Pero lo de este Kevin era otro nivel. Imagina a un señor de unos 60 años, canoso, con cara de que la vida le debe una, y que más que trabajar, parecía estar en una especie de retiro espiritual… pero en el área de fiambres.

Kevin no hacía casi nada. Mientras los demás sudaban la gota gorda preparando sándwiches y atendiendo clientes apurados, él se la pasaba conversando con quien se le pusiera enfrente, jugando con su Nintendo Switch (sí, en plena jornada laboral, como si estuviera esperando a que le sirvieran la comida en una fonda), o simplemente desapareciendo por horas. Y cuando se dignaba a preparar un rollo de sándwich, era tan desganado que parecía hecho por un niño de primaria en su primer picnic.

Un genio incomprendido… o eso decía él

Lo más curioso de Kevin es que siempre tenía una historia nueva, casi siempre digna de un episodio de “Caso Cerrado”. Un día llegaba contando su último “negocio millonario” que, según él, lo sacaría de pobre (la mayoría involucraban robarle a algún famoso, como si eso fuera tan fácil como robarse un chicle en la tienda de la esquina). Al día siguiente, juraba que era un genio encubierto, que simplemente no lo demostraba porque el mundo aún no estaba listo para su grandeza. Hasta llegó a pagarle $20 a un compañero… ¡por absolutamente nada! Como si anduviera repartiendo propinas para asegurarse buena suerte.

Pero lo que realmente preocupaba era su obsesión con Taylor Swift. Todos los días, sin falta, hablaba de cómo iba a conquistarla, y entraba en detalles que mejor ni comentamos. Y si eso no fuera suficiente, tenía la costumbre de coquetearle a clientas que claramente eran mucho más jóvenes que él… el tipo de cosas que harían que cualquiera en Recursos Humanos se persignara.

El misterio de la Isla de los Kevin

Un buen día, Kevin simplemente desapareció. Así, sin despedirse ni dejar rastro, como si hubiera sido abducido por extraterrestres. Entre los compañeros empezó a circular la broma de que se había ido a “la Isla de los Kevin”, ese lugar mítico donde todos los Kevins del mundo se refugian cuando ya no pueden seguir en su empleo. Otro decía que seguro estaba en el sótano de su mamá, como el típico personaje de “Los Simpson” que nunca sale de casa.

Y es que, como bien comentó alguien en la comunidad: “Yo estaba seguro de que Kevin era un chavo de 20 años, pero cuando me dijeron que tenía más de 60, sentí que me cayó un balde de agua fría.” La sorpresa fue tal que muchos compararon la historia con esas anécdotas de adultos que, en lugar de madurar, deciden convertirse en leyendas urbanas de su barrio.

¿Por qué hay tantos Kevins en las charcuterías?

Una pregunta que surgió varias veces entre quienes leyeron la historia fue: ¿Por qué las charcuterías atraen a tantos “Kevins”? Alguien lo explicó con mucha lógica: “Cualquiera que haya comido un sándwich puede intentarlo, y aunque lo haga mal, la gente igual se lo come. No es como en otros trabajos donde se nota de inmediato si no sabes lo que haces.”

Y no faltó quien dijera que, al menos, Kevin tenía el don de hacerle plática agradable a los clientes… cuando no estaba hablando de sus locuras. Pero todo lo demás, desde jugar videojuegos hasta tardar horas en hacer tareas sencillas, era más una carga que un aporte.

El mito continúa

Al final, la historia de Kevin se convirtió en leyenda dentro y fuera de la charcutería. Porque, aunque suene increíble, todos hemos tenido un “Kevin” cerca: ese personaje que hace que el trabajo sea menos aburrido, aunque a veces nos saque canas verdes. Y si tú nunca has trabajado con alguien así… ¡cuidado! Porque el próximo Kevin puede estar a la vuelta de la esquina, listo para conquistar a Taylor Swift o para desaparecer misteriosamente un lunes cualquiera.

¿Y tú, has tenido un compañero de trabajo tan excéntrico como Kevin? Cuéntanos tu historia en los comentarios. Porque, seamos honestos, todos necesitamos un poco de “Kevinismo” de vez en cuando para sobrevivir al mundo laboral.


Publicación Original en Reddit: There was an actual Kevin that worked at my last job (deli)