El “Kevin” de la bodega: cuando la torpeza pone en jaque a todo el equipo
En cualquier trabajo, siempre hay personajes que se ganan un apodo especial, ya sea por su carisma, su ingenio… o, como en este caso, por sus metidas de pata. Hoy les traigo la última entrega de la saga de Kevin, un compañero de trabajo que convirtió hasta la tarea más sencilla en un episodio digno de telenovela. Prepárense para reír, indignarse y, sobre todo, sentirse identificados con esas historias de oficina que parecen inventadas, pero que son más reales que los tacos de los viernes.
Porque sí, todos hemos tenido un “Kevin” cerca: ese colega que parece vivir en otro planeta y que, sin querer, puede poner de cabeza a toda la empresa. Esta es su historia.
Cuando el sentido común brilla por su ausencia
La historia de Kevin arranca con una esperanza: que con algo de paciencia y capacitación, lograría al menos no perderse entre cajas y etiquetas. Pero desde el primer día, la cosa iba cuesta arriba. Imagina que en tu chamba de almacén recibes piezas de repuesto, algunas con ubicación asignada, otras que hay que acomodar de cero. El proceso es sencillo: escanear, etiquetar, poner en caja, buscar lugar y registrar todo. ¿Fácil, no? Bueno, para Kevin, esto era como descifrar un jeroglífico.
Le enseñaron el procedimiento no una, ni dos, ¡sino cinco veces! En la sexta, con toda confianza, Kevin aseguró que ya dominaba el asunto. Pero cuando revisaron el sistema, el artículo seguía como perdido en el limbo. Y claro, cuando le mostraron la evidencia, su respuesta fue la clásica de “lavarse las manos”: “Eso no fui yo, seguro fue otro”.
Si hasta aquí te suena conocido, es porque en Latinoamérica todos hemos trabajado con ese cuate que, por más que le expliques, siempre encuentra la forma de hacer las cosas al revés y encima ni acepta su error. Como diría la abuela: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.
La gota que derramó el vaso (y el jefe, casi literalmente)
Después de varios tropiezos, decidieron simplificarle la vida a Kevin: imprimirle la etiqueta, darle la caja armada y solo pedirle que encontrara un lugar para guardar el producto y lo registrara. ¿Qué podía salir mal? Pues, con Kevin, todo.
Llega el día en que solo él podía poner en su lugar unos motores nuevos. Se le recuerda el paso a paso, él asegura que ya lo sabe de memoria. Dos días después, nadie encuentra los motores. El jefe de bodega y el narrador intuyen lo peor. El director de la empresa, ni corto ni perezoso, se pone a buscar. Resultado: encuentra la caja en lo alto de un estante, pero sin cinta adhesiva y, al bajarla, la caja se rompe y los motores le caen encima, cortándole la ceja. Un accidente digno de meme, pero con consecuencias reales.
Aquí es donde la comunidad de Reddit se lució con comentarios que bien podrían haber salido del WhatsApp familiar. Uno de los más votados decía: “Justo cuando crees que ya sabes cómo va a acabar, Kevin se olvida de poner cinta en la caja. Uno se pregunta cómo hace para vestirse solo por las mañanas”. Y no faltó quien comentó que, en retrospectiva, fue mejor que lo despidieran antes de que se metiera a reparar herramientas eléctricas y pusiera en riesgo a todos.
Humor, resignación y la sabiduría del pueblo
En Latinoamérica solemos decir que “el que no escucha consejos, no llega a viejo”. Aquí, Kevin no solo ignoró instrucciones, sino que cuando se le pidió que, por lo menos, se disculpara con el jefe herido, respondió con una sonrisa: “No, no inventen”, y se fue feliz a la cafetería como si nada hubiera pasado. Como diría cualquier colega, “ni la pena ajena le entra”.
La anécdota provocó reacciones de todo tipo. Algunos se preguntan por qué siempre estas chambas terminan en manos de los menos aptos, otros recordaron el clásico “es como armar un Lego” que Kevin soltó en su entrevista, y no falta quien sugirió que debieron parar la entrevista ahí mismo. Y claro, también hubo quien se quejó con humor: “¿A poco sí les daban tiempo de comida?”.
Lo cierto es que todos hemos trabajado con un Kevin. Ese tipo de compañero que te hace valorar a los que sí le ponen ganas, aunque sea solo para no ser “el Kevin” del grupo. La historia nos deja una lección: la paciencia y la amabilidad ayudan, pero hay casos donde ni el santo de tu devoción te puede salvar.
¿Y tú, tienes tu propio Kevin?
Si después de leer esto recordaste a alguien, no estás solo. En nuestras oficinas, fábricas y almacenes hay un Kevin esperando su momento estelar. Y si tú nunca has conocido uno… ¡aguas, capaz que el Kevin eres tú!
Cuéntanos, ¿cuál ha sido tu experiencia más surrealista con un compañero así? ¿Te ha tocado ser el que salva el día o el que provoca el caos? Déjalo en los comentarios y sigamos riéndonos juntos de esas pequeñas tragedias laborales que nos unen como latinoamericanos.
Publicación Original en Reddit: A former work Kevin part 3