El intento más absurdo de robar en una gasolinera... ¡y con peluca incluida!
Quien ha trabajado en una gasolinera de madrugada sabe que cada noche es una caja de sorpresas: desde clientes medio dormidos que buscan café hasta personajes dignos de una telenovela. Pero hay noches donde la realidad supera cualquier ficción. ¿Alguna vez escuchaste una excusa tan tonta que te hizo dudar si era una broma? Pues prepárate para conocer la historia de “Kevin”, el cliente que casi se lleva el premio al mejor (o peor) ladrón improvisado… ¡y todo por un Buzzball!
Madrugada, aire acondicionado y una peluca afro: ¿qué podría salir mal?
Era casi la 1 de la mañana, ese momento raro donde ya no hay tráfico y la ciudad parece de fantasmas. Nuestro protagonista, un despachador de gasolinera con más paciencia que un santo, estaba a punto de vivir una de esas anécdotas que después se cuentan en las reuniones familiares para hacer reír a todos.
Entra Kevin, un personaje que ya de por sí llamaba la atención: llevaba una peluca afro, como si viniera de una fiesta setentera o quisiera pasar desapercibido en un capítulo de El Chavo del Ocho. Sin saludar ni pedir nada, se acerca al mostrador con una cara de “yo no fui” y suelta la joyita: “Hace mucho calor aquí, ¿puedo meterme un rato al cuarto frío de la cerveza?” Imagínate la escena… ¡en un local con aire acondicionado y de madrugada! Como era de esperarse, el encargado le dijo que no podía pasar.
Pero Kevin no se rindió tan fácil. Antes de irse, abrió discretamente la nevera de los Buzzball, esas bebidas alcohólicas que parecen pelotas de béisbol y que en algunos países ni existen. Agarra uno y, como niño atrapado con la mano en la galleta, le preguntan si va a pagar y si tiene identificación. “No tengo ID”, responde. Le piden amablemente que lo regrese y, para sorpresa de todos, lo pone de vuelta. Eso sí… siempre quedará la duda: ¿no habrá “desaparecido” uno mientras nadie miraba?
Buzzballz, excusas absurdas y la creatividad del mexicano para zafarse
Para quienes no conocen el Buzzball, es una bebida alcohólica enlatada y redonda, famosa en algunas gasolineras gringas. Un usuario de Reddit lo describió así (adaptando un poco para el contexto latino): “Son como esas pelotas de tenis que te vendían afuera del estadio, pero llenas de tequila barato que te deja peor que el pulque de Don Ramón”. Y sí, por lo que cuentan, saben a rayos.
Pero lo mejor de esta historia es la excusa: “Hace calor, ¿me dejas meterme al refri?” Vamos, ni el más distraído de nuestros tíos en la carne asada se atrevería a tanto. De hecho, una de las mejores respuestas en el hilo fue de alguien que notó: “Una peluca afro es del tamaño perfecto para esconder un Buzzball y que ni cuenta se den”. ¡Imagínate salir con el cabello inflado y olor a tequila!
Otros usuarios, con ese humor ácido tan característico, dijeron: “Quizás el pobre Kevin sí tenía calor… o alguna condición médica. O tal vez era un extraterrestre sudando porque no aguantaba su forma humana”. Y claro, nunca falta quien se acuerda de los clásicos: “Algunos llegan a sudar por abstinencia de alcohol o por otras sustancias. Pero de ahí a querer dormir en el refri de la cervezas…”.
Gasolineras y robos: excusas que ni en novela de Televisa
Lo curioso es que muchas personas que trabajan en tiendas o gasolineras tienen anécdotas parecidas. Una gerente contó que tuvo que despedir a un empleado que, cuando lo cacharon robando, dijo que “no sabía leer las etiquetas” para acomodar el alcohol… ¡y eso que era maestro de profesión! Otros clientes simplemente fingen demencia, como si meter una lata en la bolsa fuera lo más natural del mundo.
En Latinoamérica, aunque nuestros refrigeradores de cerveza no son tan grandes como los de Estados Unidos, todos hemos visto al típico cliente que abre la puerta y se queda ahí media hora “escogiendo”, mientras se refresca de gratis. Pero de ahí a pedir permiso para entrar a “dar la vuelta”… ¡eso ya es tener cara dura!
¿Qué aprendimos? Humor, desconfianza y un poco de empatía
Al final, historias como la de Kevin nos recuerdan que la vida está llena de personajes únicos. Algunos buscan salirse con la suya usando excusas que ni ellos se creen; otros, como el despachador de nuestra historia, aprenden a no dejarse sorprender tan fácilmente. Y aunque nunca sabremos si Kevin se llevó el Buzzball escondido en la peluca, por lo menos dejó una anécdota digna de compartir.
Así que la próxima vez que vayas a la tienda y veas a alguien actuando raro, recuerda: todos tenemos un poco de Kevin dentro… solo que algunos lo disimulan mejor que otros.
¿Tú también tienes historias de clientes con excusas increíbles? ¿Cuál es la más absurda que te han dicho? Cuéntanos en los comentarios y sigamos riéndonos juntos de lo surrealista que puede ser el día a día.
Publicación Original en Reddit: A stupid excuse from someone who obviously was planning to shoplift