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El insólito caso de la cuenta fantasma: cuando querer entrar con el usuario de un difunto sale caro

Usuario intenta acceder a la cuenta de un colega fallecido, enfrentando desafíos inesperados en un servicio de soporte.
En una representación cinematográfica, esta imagen captura el emotivo momento en que un usuario intenta restablecer la cuenta de un colega fallecido, resaltando la delicada naturaleza de la identidad y el acceso en el entorno laboral.

¿Alguna vez has escuchado de alguien tratando de iniciar sesión con la cuenta de un compañero… que ya no está en este mundo? Suena a episodio de La Rosa de Guadalupe versión oficina, pero es una historia verídica que sucedió en un área de soporte técnico de una aseguradora. Y sí, la cosa se puso tan surrealista como parece.

En Latinoamérica, todos hemos conocido a alguien “que se las ingenia” para hacer las cosas fáciles, aunque eso signifique cruzar la frontera de lo ético, legal o al menos, el sentido común. Pero a veces la realidad supera la ficción y la burocracia nos recuerda por qué existen los procedimientos. Esta es la historia de una llamada, una cuenta de usuario fallecida y una lección que muchos deberían aprender antes de que sea demasiado tarde.

Cuando el ingenio supera la ética: “¿Y si uso la cuenta del que ya no está?”

Un día normal en el área de soporte técnico, el operador recibe una llamada de una usuaria que quiere resetear su contraseña. Nada extraño, ¿verdad? Aquí es donde la cosa se pone buena: la señora da un nombre de usuario masculino, pero claramente no es su nombre. Al ser cuestionada, responde sin rodeos: “Es que él falleció hace unos meses y necesito entrar a su cuenta”. Así, como quien pide una factura por favor y sin pizca de culpa.

En nuestra cultura, a veces existe la costumbre de “heredar” accesos, llaves o herramientas en el trabajo. Pero el mundo digital tiene reglas mucho más estrictas. El operador, sorprendido y con ese microinfarto que solo los de soporte conocen, decide consultar con el equipo de seguridad. ¿La respuesta? “Eso hay que cerrarlo ya”.

Y es que, como comentaba un usuario en Reddit, aquí no se trata de ser mala onda sino de cumplir con regulaciones muy serias: “Hay multas graves por estos usos indebidos”, algo que en Latinoamérica podría traducirse como “si nos cachan, nos cae la voladora”.

El “factor camión” y la falta de previsión: ¿por qué dependemos de una sola persona?

Aquí entra un concepto muy comentado en la publicación: el famoso “bus factor” (o “factor camión” en español). ¿Te has preguntado qué pasaría en tu empresa si la única persona que sabe hacer algo se va… o lo atropella un camión? No es solo una metáfora gringa, sino una dura realidad en muchas oficinas latinas, donde todo depende de uno solo.

Un comentarista lo explica con humor: “En lugar del ‘escenario de la lotería’ (donde el empleado se va porque se la sacó), prefiero el ‘escenario del camión’ porque ahí sí que nadie puede regresar para explicar nada”. Otro agrega: “La falta de planeación de tu parte no significa una emergencia de la mía”, frase que cualquier chilango, paisa o tico podría tatuarse en la frente para reuniones de lunes.

La escena se vuelve aún más tragicómica cuando se revela que ese era el único usuario activo de toda la empresa. Si cierran la cuenta, se quedan sin acceso a nada. ¿Y ahora? A registrar de cero y a esperar la aprobación del único director, que para colmo “anda fuera del país una semana”. Clásico.

Burocracia, gritos y el valor de hacer las cosas bien (a tiempo)

Cuando el soporte le explica a la usuaria que no puede darle acceso y que tiene que esperar la autorización del director (que ni está en el país), la reacción es la que todos imaginamos: gritos, exigencias, amenazas de que quiere hablar con el gerente. Un clásico en cualquier call center de Latinoamérica.

Pero aquí el equipo de soporte hizo lo correcto: no cedieron ante la presión, escalaron el caso, y hasta se rieron con algo de humor negro. Como bien dijo otro usuario: “Tu falta de preparación no sube la prioridad del ticket”. Es más, la queja que la usuaria metió contra el operador no prosperó y, al final, tuvo que esperar una semana. Seguro para la próxima, el director registró a más de uno, porque nadie quiere volver a pasar por ese papelón.

Este caso revela algo muy nuestro: la tendencia a improvisar, buscarle la vuelta y hasta “heredar” lo que no nos corresponde… hasta que la vida (o la normativa) nos pone un alto. Y aunque a veces la burocracia puede ser desesperante, hay razones de peso detrás de las reglas. Porque cuando la realidad digital te alcanza, ni todos los “compadrazgos” te salvan.

Reflexión final: ¿qué harías tú en esa situación?

Esta historia es divertida, pero también deja una enseñanza para todos los que trabajamos en empresas donde la información es clave. ¿Tienes todo preparado por si de repente falta alguien? ¿O dependes de la mística del “aquí nunca pasa nada”?

En palabras de otro comentarista: “En vez de esperar el milagro de revivir cuentas, mejor prevenir que lamentar”. Así que ya lo sabes: la próxima vez que te pidan la contraseña del que ya se fue, mejor di que no la tienes… y sugiere que registren bien a todos desde el principio.

Cuéntanos, ¿en tu trabajo han pasado cosas parecidas? ¿Algún compañero “desaparecido” que se llevó las claves al más allá? ¡Comparte tu historia en los comentarios y hagamos catarsis juntos!


Publicación Original en Reddit: User tries to use a deceased colleagues account to sign in. Finds out.