El inquilino olvidadizo y la puerta cerrada: cuando seguir las reglas se vuelve toda una hazaña
¿Alguna vez te ha tocado vivir en un edificio donde la seguridad parece más estricta que la entrada a una discoteca en viernes por la noche? Pues prepárate para esta anécdota, porque en la vida real, las reglas de acceso pueden ser asunto serio… y hasta motivo de pequeñas venganzas.
Hoy te traigo la historia de una joven que, por seguir simple y llanamente el reglamento de su edificio, terminó protagonizando una mini telenovela de esas que ni en el canal de las estrellas. ¿Qué harías tú si un vecino olvida su llave electrónica (fob) todos los días y te quiere endilgar la responsabilidad de abrirle la puerta? ¿Le abres o le aplicas la ley del hielo digital?
El drama de la llave electrónica: más común de lo que crees
En muchos edificios modernos de Latinoamérica, especialmente en ciudades grandes como Ciudad de México, Buenos Aires o Bogotá, los sistemas de acceso con llaves electrónicas (fob) se han vuelto el pan de cada día. La razón es simple: seguridad. Pero, como todo en la vida, ¡siempre hay alguien que le da la vuelta a las reglas!
Nuestra protagonista, una joven de 21 años, vive en un edificio donde la norma es clara: si no tienes fob, ni inquilino ni visita entra, punto. El problema es que hay un vecino —varón, joven, siempre misterioso— que olvida su fob más que los mexicanos olvidan el paraguas cuando hay tormenta. Este personaje ha hecho de su olvido casi un arte: espera a que otros entren o salgan para colarse, o depende del personal de seguridad. Pero, ¿y si no hay personal ni quien le haga el favor?
Eso fue justo lo que pasó. La joven salió rápido por algo a la gasolinera y, en el regreso, el susodicho vecino aprovecha para intentar entrar pegadito a ella: “¿Tienes un cigarro?”. Ella, que ni fuma ni se deja, le contesta que no. Lo ve venir, y cuando él intenta seguirla, ¡zas! Le cierra la puerta en la cara. Como diríamos por acá: “Aquí no, joven”.
¿Crueldad o sentido común? El dilema de la solidaridad y la seguridad
Claro, no faltó quien en internet (y seguro también en el edificio) la llamara grosera, insensible o hasta “mala onda”. “¿Cómo no le vas a abrir si es tu vecino?”, “¡Qué poco corazón!”… Pero muchos otros, sobre todo quienes han vivido experiencias de inseguridad, la defendieron a capa y espada. Y es que, en temas de seguridad, más vale prevenir que lamentar.
Como apuntó una usuaria en los comentarios: “Tu seguridad es lo más importante. Nadie puede garantizar que alguien no vaya a causar problemas. Él creó su situación. ¡Que se las arregle!” Y sí, ¿a poco no? Aquí en Latinoamérica, donde a veces el peligro está a la vuelta de la esquina, no se puede andar confiando así sin más.
Otra persona lo resumió con humor: “Si cada vez que olvida la cartera en la tienda le pidiera a otros que le paguen, ¿también le ayudarías? Sus problemas no son tus problemas”. ¡Sabiduría popular, caray!
Y ojo, que no es sólo cuestión de “ser buena gente”. Como bien señaló la autora original, si ella llega a dejar entrar a alguien sin fob, la pueden correr del departamento. Así de fácil. En estos edificios, las reglas son para todos y no hay de otra: “¿Quieren que me quede sin casa? No, gracias”, aclaró.
Anécdotas, paranoia y solidaridad: la vida real supera la ficción
Los comentarios en la publicación original se llenaron de historias similares. Una usuaria contó cómo tenía un acosador que, gracias a la flojera de otros vecinos, siempre lograba colarse y esperarla en el noveno piso. Otra recordó el caso viral de una mujer que, por dejar entrar a un desconocido al gimnasio del edificio, fue agredida. Y alguien más, con ese humor tan latino, comentó: “Si no tienes llave, no entras. Punto. Así de sencillo como el arroz blanco.”
También hubo quien sugirió maneras más sutiles de evitar el momento incómodo: “Cuando veo a alguien esperando para colarse, me hago el distraído, me pongo a ver el celular, o doy la vuelta al edificio. Que se las arregle con el personal o con su propio fob”.
Y no faltó el que explicó el origen del famoso “fob” para quienes no están familiarizados: “Es como una llave electrónica que acercas al sensor para abrir la puerta. Si no la tienes, pues ni modo”.
¿Y tú? ¿Eres team “ley de la puerta cerrada” o “solidaridad vecinal”?
Esta historia nos deja una gran lección: no todo acto de “petty revenge” (pequeña venganza) es por maldad. A veces, simplemente es cuestión de sentido común y supervivencia urbana. Y aunque en Latinoamérica solemos ser solidarios, compartir el cafecito y hasta un pan dulce con los vecinos, cuando se trata de seguridad no hay que jugarle al valiente.
Así que la próxima vez que te toque decidir si abres o no la puerta a alguien que olvidó su llave, recuerda esta historia. ¿Vale la pena arriesgar tu tranquilidad y tu hogar por un descuido ajeno? ¿O mejor que cada quien cargue con su fob… y con sus consecuencias?
Cuéntanos, ¿te ha pasado algo parecido? ¿Qué opinas de la decisión de nuestra protagonista? ¿Tú también eres del club “sin llave, no hay entrada”? ¡Déjanos tu experiencia en los comentarios y armemos la charla vecinal que todo edificio necesita!
Publicación Original en Reddit: Tenant in the apartment building i live in forgets fob daily and i shut them out