El ingenioso truco para no compartir las galletas (y salir impune): La historia viral que todos recordamos de niños
¿Quién no recuerda esas eternas peleas por las botanas en casa? Ese momento en el que abres una bolsa de papitas, galletas o cualquier antojo y, como por arte de magia, aparecen todos tus hermanos, primos, hasta el perro, reclamando su parte. En Latinoamérica, compartir la comida es casi ley familiar… pero siempre hay quien logra darle la vuelta a las reglas con picardía y creatividad.
Hoy te traigo la historia viral de un usuario de Reddit que, cansado de que sus hermanos devoraran todo, encontró la forma más ingeniosa de cumplir la regla de su mamá (“si abres una bolsa, tienes que compartir con todos”) y comerse el resto en paz. Y, como verás, no fue el único: la comunidad compartió anécdotas igual de graciosas y geniales.
El arte de obedecer… pero a tu manera
La historia comienza como muchas en nuestras casas: mamá pone las reglas claras —si abres galletas, compartes con todos—. Pero, ¿qué pasa cuando tienes hermanos con el metabolismo de un “aspirador” y la paciencia de un jaguar hambriento? El protagonista, harto de quedarse sin postre por la voracidad de sus hermanos, decidió aplicar la ley al pie de la letra y, a la vez, darle su propio giro.
En vez de servir galletas hasta que se acabaran, tomó el paquete familiar, fue cuarto por cuarto repartiendo UNA galleta por persona: papás, hermanos, la hermanita en la sillita, hasta el vecino que estaba cortando el pasto y el perro recibieron su respectiva galleta. Así, todos habían tenido su “parte”… y lo demás, por derecho, era suyo. ¡Ingenio puro! Ni la mamá pudo enojarse, porque la regla se cumplió al pie de la letra.
Compartir o no compartir: el dilema de toda la vida
Esta historia desató una avalancha de recuerdos en la comunidad. Muchos comentaron cómo, en la escuela, los maestros aplicaban la clásica: “puedes comer en clase si traes para todos”. ¿Te suena? Un usuario contó que, en la prepa, su profesor de español les soltó esa condición. Nadie esperaba que un día, tras una visita al súper, llegaran con mochilas llenas de comida para toda la clase: galletas, papitas, refrescos, uvas, hasta crema batida. El profe, entre risas, declaró la clase como fiesta, hasta sacó platos y bromeó con que sólo faltaba la piñata. ¿La mejor parte? Canceló el examen sorpresa porque, según él, “no se puede hacer un examen en plena fiesta”. ¡Ese sí es un profe buena onda!
Además, no faltó quien recordó estrategias similares a la del protagonista: ofrecer caramelos que nadie quiere (como los famosos circus peanuts gringos, que aquí serían como los caramelos de anís o esos dulces de tamarindo extra picante que sólo le gustan a una tía), o elegir sabores de botanas que sabes que sólo tú disfrutas, como papas de crema y especias o galletas de coco. Como bien dijo una lectora: “mi esposa sólo compra papas sabor crema porque sabe que no me gustan, así se asegura de que nadie le quite sus antojos”. ¡Tácticas de supervivencia familiar!
Bromas, malicias y el arte latinoamericano de “sacarle la vuelta” a las reglas
Todos alguna vez hemos usado la picardía para cumplir una regla “a la mexicana” o “a la criolla”: obedeces, pero a tu modo. Un comentarista recordó cómo, en su infancia, la regla para repartir pastel era que el que cortaba, escogía al final. Así, su mamá desarrolló una habilidad quirúrgica para hacer porciones iguales y evitar pleitos. Otro usuario relató cómo, para no compartir su pizza, una amiga la llenaba de sal a propósito, sabiendo que a nadie más le gustaba.
También salieron a relucir historias de maestros con sentido del humor: desde el que tenía una piñata de emergencia (¡esto sí es nivel de preparación!) hasta la profesora que daba pases para ir por café y organizaba fiestas de vez en cuando. O el típico amigo que ofrecía su salsa de habanero casera y esperaba divertido a ver quién aguantaba el picante.
¿Compartir o encontrar el loophole? La creatividad familiar no tiene fronteras
Lo que más resalta de estas anécdotas es el ingenio y la picardía para encontrar el “huequito” en las reglas familiares. En Latinoamérica, donde las comidas son casi rituales y compartir es obligatorio, siempre hay alguien que se las ingenia para disfrutar su antojo sin broncas. Ya sea repartiendo sólo una pieza, escogiendo sabores impopulares o aplicando la ley del mínimo esfuerzo, lo cierto es que todos tenemos una historia parecida.
Como bien lo resumió un comentarista: “No puedes enojarte cuando tus hijos encuentran el hueco legal en tus reglas. Más bien, hay que celebrar ese ingenio”. Y es cierto, porque estas pequeñas trampas son parte de la memoria familiar y hasta años después se recuerdan con risas en la sobremesa.
Y tú, ¿qué regla familiar te aprendiste de memoria sólo para burlar?
La próxima vez que tu mamá, tu tía o tu pareja te diga “si abres, compartes”, recuerda que hay todo un universo de tácticas para disfrutar tu botana. ¿Tienes una historia parecida? ¿Algún truco infalible para quedarte con el último pedazo de pastel o la mejor rebanada de pizza? Cuéntanos en los comentarios y comparte esta entrada con ese primo tramposo o esa amiga que se las sabe todas.
Porque al final, lo más sabroso de la infancia no siempre fue la galleta, sino la anécdota y la risa que dejó.
¿Y tú, qué harías para quedarte con tu botana favorita sin romper las reglas? ¡Te leo en los comentarios!
Publicación Original en Reddit: If you’re going to eat snacks, make sure you share with everyone.