El infierno de las reservas de terceros: Una noche de hotel, confusiones y Shmooking.com
¿Alguna vez has llegado a un hotel después de un día larguísimo, solo para descubrir que tu reserva simplemente… no existe? Pues prepárate porque hoy te cuento una historia digna de telenovela, vivida por un recepcionista que, como muchos en Latinoamérica, ya le tiene miedo a las reservas hechas en sitios de terceros. Si creías que lo peor de un viaje era perder la maleta, ¡imagina perder la habitación!
Bienvenido al mundo real de los hoteles, donde el verdadero drama no está en la suite presidencial ni en los desayunos buffet, sino en el lobby, entre reservas que aparecen y desaparecen como fantasmas.
Cuando la tecnología se convierte en el enemigo
La historia empieza así: en un hotel donde suelen hospedarse cuadrillas de trabajadores —esos grupos de “compas” que llegan cansados a buscar cama tras jornadas brutales—, las cosas suelen fluir mejor cuando la empresa reserva directo. Pero cuando los grupos son pequeños, suele entrar en juego el temido “sitio de reservas”. En este caso, el protagonista bautizó a ese portal como “Shmooking.com” (guiño para evitar problemas legales, claro).
Un par de trabajadores llega, sudados y con pocas ganas de trámites, preguntando si el recepcionista habla español. Aquí ya empieza la aventura: él, aunque con su “español de Duolingo” (y seguro más ganas que vocabulario), intenta ayudarles. Les pide su nombre. Nada. Les pide el número de reserva. Nada. ¿Tal vez se equivocaron de hotel? No, la dirección está bien. ¿La fecha? También. ¿El número de confirmación? El sistema ni lo reconoce.
En ese momento, ya imagino la cara de los huéspedes: como cuando llegas a una fiesta y ves que nadie te invitó.
El teléfono descompuesto entre jefe, portal y hotel
Ante la confusión, los trabajadores llaman a su jefe. El jefe, medio molesto, le explica al recepcionista que todo fue reservado por “Shmooking.com”. El recepcionista, ya con más paciencia que la abuelita en la fila del banco, le dice que debe llamar al portal. Mientras tanto, los huéspedes se resignan a esperar a que el jefe resuelva (cualquier latino sabe que cuando el jefe dice “yo lo arreglo”, toca sentarse… y esperar).
Aquí muchos hoteleros de Latinoamérica se sentirán identificados. Hoy en día, los portales de reservas “online” prometen soluciones mágicas, pero la realidad es que a veces solo traen dolores de cabeza. Uno de los comentarios más votados del post original lo resume así: “Después de 30 años en hoteles, no entiendo por qué siguen existiendo los sitios de terceros… todo por ahorrarse unos pesos, ¡pero el estrés no lo paga nadie!”
Y es que, como bien señalan otros trabajadores del gremio, a veces la reserva está en el portal, pero jamás llega al sistema del hotel. Y si el recepcionista no tiene ojos de águila, puede perderse entre cientos de correos y códigos rarísimos. Uno hasta bromea diciendo que ciertas plataformas deberían ser tema de horror entre recepcionistas, “como el coco para los niños”.
El “más vale hecho que perfecto” de la hospitalidad latina
Después de mucho batallar y ver que ni el sistema del hotel, ni el jefe, ni el portal dan solución, el recepcionista decide aplicar la clásica: “más vale hecho que perfecto”. Toma la tarjeta virtual prepagada que encontró en el portal y crea manualmente una nueva reserva, haciendo que la estancia sea exenta de impuestos (¡punto para él!).
Al final, llama al jefe para avisarle que todo está resuelto. El jefe, ya cansado, le dice que después de esto va a pensar dos veces antes de volver a reservar con ese portal. Y no lo culpo: como dicen muchos en los comentarios, estas experiencias enseñan más que cualquier curso de servicio al cliente.
Muchos lectores compartieron sus propias pesadillas. Uno menciona que a veces la plataforma ni siquiera envía la reserva al sistema y, cuando llega, puede ser horas después, cuando el huésped ya está a punto de dormir en el lobby. Otro cuenta que, al no entenderse con el sistema, terminan cobrándole de más al cliente… y claro, la culpa siempre recae en el pobre recepcionista, aunque él solo sea el mensajero.
Incluso hay quienes defienden el uso de sitios de terceros porque, en ocasiones, logran ahorrar bastante dinero. Sin embargo, la mayoría concluye que, por esos pocos pesos, puedes terminar con más canas de las que tenías al iniciar tu viaje.
Moraleja: ¿Reservar directo o jugársela con el “portal milagroso”?
En Latinoamérica, donde el trato personal aún es oro y la calidez humana pesa más que cualquier algoritmo, la lección es clara: si quieres evitar dramas y “novelas” en la recepción, lo mejor es reservar directo con el hotel. Así evitas el teléfono descompuesto y, de paso, ayudas a que el personal te reciba con una sonrisa, y no con cara de “¿Y ahora qué hago?”.
Y tú, ¿te has llevado alguna sorpresa al reservar en línea? ¿Tienes alguna anécdota digna de película en un hotel? Cuéntanos en los comentarios y, si tienes amigos que siempre buscan “la ganga” en portales de viajes, ¡compárteles esta historia! Quizás la próxima vez piensen dos veces antes de dejar su noche de descanso en manos de Shmooking.com.
¿Listo para tu próxima aventura hotelera? Solo recuerda: en la hospitalidad, como en la vida, a veces lo barato sale caro… y lo que parece fácil, puede terminar en una noche de historias que ni el mejor guionista podría inventar.
Publicación Original en Reddit: How I love Third Party Reservations