El huésped y el depósito perdido: historias de recepcionistas nocturnos
¿Alguna vez has trabajado en un hotel y te has encontrado con historias tan insólitas que te preguntas si estás en una película de Pedro Almodóvar? Si alguna vez has pasado una noche en la recepción, sabes que los verdaderos cuentos de terror y comedia no vienen de los fantasmas, sino de los huéspedes y sus ocurrencias. Hoy te traigo una historia que, como decimos por aquí, “ni mandada a hacer”.
Un depósito, un año y una memoria selectiva
Imagínate en la recepción de un hotel: es de noche, el ambiente tranquilo, y de repente llega un huésped decidido, con una carpeta bajo el brazo y el ceño fruncido como si estuviera por reclamar la herencia perdida de su tatarabuelo. La escena la vivió una colega de quien escribe, y la historia es tan buena que no podía guardármela.
Resulta que, aunque el hotel prefiere evitar los depósitos en efectivo (por razones que pronto quedarán claras), hay huéspedes que insisten y, como buenos latinos, “donde manda capitán, no gobierna marinero”. Así fue como, hace más de un año, un huésped dejó un depósito en efectivo. Esta semana regresó, orgulloso, con su comprobante amarillento, reclamando que todavía le debían ese dinero. Revisando la fecha, ¡el depósito era de enero de 2024!
Como era de esperarse, la recepcionista le explicó que después de tanto tiempo, el depósito ya no “aplica”, y que tendría que dejar uno nuevo. El huésped, indignado, alegó que “eso no se vale”, pero al final pagó el nuevo depósito con tarjeta (¡milagro de la tecnología!). Mi colega terminó muerta de risa. Y yo solo pude decir: “La gente está de lo más rara”.
¿Por qué los hoteles tiemblan cuando ven efectivo?
En Latinoamérica, sabemos que el efectivo, aunque práctico para las tienditas, puede ser un dolor de cabeza en negocios grandes. Los hoteles, en particular, evitan los depósitos en efectivo porque, como comentaba un usuario de la historia original, siempre hay alguien que intenta pasarse de listo. Un lector compartió que en su trabajo, después de varios intentos de fraude, comenzaron a grapar el recibo del depósito al contrato y exigir firmas dobles, tipo notaría.
La lógica es sencilla: si todo queda claro y firmado, el cliente no puede volver al mes —o al año— a reclamar. Pero, como bien dicen los abuelitos, “hecha la ley, hecha la trampa”. Los huéspedes ingeniosos siempre encuentran el modo de poner a prueba la paciencia de los recepcionistas.
Casos para no dormir (ni dejar dormir)
Otra anécdota de la comunidad cuenta que un señor intentó cobrar el mismo depósito varias veces en diferentes sucursales de una tienda, aprovechando a empleados nuevos y gerentes despistados. Al final, la solución fue sellar y guardar los depósitos como si fueran el tesoro nacional.
Y no falta el que llega con la clásica: “Era dinero de mi papá, pero yo soy su hijo, ¿me lo puedes dar a mí?”. Aquí sí aplica la de “con todo respeto, joven, pero una cosa es ser confiado y otra ser ingenuo”. Un comentarista latinoamericano lo resumió perfecto: “Por eso no podemos tener cosas bonitas”.
En los tribunales pasa algo parecido: una señora regresó dos años después a reclamar una fianza que ya había cobrado, según los registros. Cuando le mostraron el cheque y el estado de cuenta, solo atinó a decir: “No me acordaba que sí lo cobré”. ¡Santo remedio!
El ingenio popular y la eterna batalla de la recepción
En Latinoamérica, solemos decir que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Y en el mundo hotelero, los recepcionistas nocturnos se vuelven verdaderos detectives privados. Tienen que anotar cada movimiento, guardar comprobantes y, sobre todo, armarse de paciencia.
Lo curioso es que estas historias, lejos de amargarnos la noche, se vuelven el pan de cada día y la anécdota perfecta para la sobremesa. Porque si algo tenemos es sentido del humor y la capacidad de reírnos hasta de lo absurdo.
¿Y tú, qué harías?
¿Alguna vez te han intentado sorprender con un reclamo absurdo? ¿Trabajas en hotelería y tienes historias de terror (o de risa) para compartir? Cuéntanos en los comentarios o comparte esta historia con ese amigo que siempre olvida dónde deja la cartera.
Al final, como dicen por ahí, “la vida es una tómbola… y la recepción de un hotel, ni te cuento”.
¡Nos leemos en la próxima anécdota nocturna!
Publicación Original en Reddit: The deposit from over a year ago