El huésped que se enamoró de sus billetes: una historia surreal en la recepción
Hay días en el trabajo que prometen ser normales, de esos que uno solo quiere terminar para volver a casa y descansar. Pero, de repente, la vida te lanza un episodio tan raro que ni tus mejores amigos te lo creen. Así fue el turno nocturno en recepción de un hotel, donde fui testigo de una escena digna de telenovela… o de una película de comedia negra.
Imaginen esto: yo, ya con la mente en la cama, esperando a que pase un tren que me impedía salir del estacionamiento del hotel. Mientras, conversaba tranquilamente con mi compañera, viendo pasar a los pocos huéspedes madrugadores por el lobby, muchos de ellos listos para la maratón local. Todo parecía estar en orden… hasta que noté a un hombre al fondo, absorto en su propio mundo, protagonizando uno de los actos más extraños que he visto en mi vida laboral.
Dinero, supersticiones y otras rarezas
El hombre en cuestión sacó un fajo de billetes —unos diez o más— y comenzó a contarlos con una concentración casi religiosa. Una, dos, tres veces. Hasta ahí, todo normal: uno nunca sabe cuántas veces ha perdido la cuenta al cobrar el aguinaldo o pagar la renta. Pero lo que vino después fue lo que dejó a todos boquiabiertos: empezó a abanicarse la cara con los billetes, los olió como si fueran flores frescas y, sin vergüenza alguna, se frotó la cara con ellos como si se estuviera secando el sudor con una toalla después de jugar una cascarita de fútbol en el barrio. ¡Un verdadero espectáculo!
En ese momento pensé: “Ojalá esté bajo el efecto de alguna sustancia, porque si no, esto ya es para preocuparse”. Pero la historia no terminó ahí. El hombre, como si nada, guardó el dinero en el bolsillo y se fue caminando con una tranquilidad que solo tienen los que han perdido toda noción del ridículo.
¿Superstición, locura o simple asco?
Resulta que, al compartir la historia en internet, varias personas aportaron teorías muy interesantes. Una de las más populares vino de una usuaria que explicó que, en algunas culturas, frotarse el dinero en la piel es un ritual para atraer la abundancia, como quien se encomienda a la Santa Muerte o prende una veladora a San Judas Tadeo para que rinda la quincena.
Claro, no faltó el comentario realista (y un poco asqueado) de otro usuario que recordó que el dinero es, literalmente, de las cosas más sucias que tocamos a diario. “Imagínate cuántas veces esos billetes han pasado por lugares insospechados”, decían. Y no faltó quien bromeara con que, después de ver eso, uno necesita lavarse la cara dos veces (¡palabra del propio protagonista!).
Y es que, si nos ponemos a pensar, los billetes han visto más mundo que muchos de nosotros: han pasado por mercados, bares, camiones, e incluso “por lugares que ni tu peor enemigo quisiera imaginar”, como dijo alguien evocando el clásico miedo al famoso “dinero de brasier” que a cada rato aparece en las cajas de los supermercados.
El lado cómico de lo absurdo
Por supuesto, el humor no tardó en aparecer. Desde quien dijo que iba a probar la técnica para ver si así le llegaba la buena suerte, hasta el que recordó experiencias en bancos donde les llegaba dinero de los lugares más insospechados… incluso de prisiones. “Cuando trabajaba en el banco, una vez recibimos dinero que venía directo del ‘monedero interno’ de un reo. ¡Eso sí es tener contacto con la economía!”, relató uno entre risas y náuseas.
Otros, más filosóficos, aprovecharon para reflexionar sobre la cantidad de locuras que se ven a diario en los trabajos de atención al cliente. Y es que todos los que hemos trabajado de cara al público sabemos que, tarde o temprano, te toca lidiar con alguien que parece sacado de una novela de García Márquez, donde lo real y lo mágico se mezclan sin pedir permiso.
¿Qué harías tú si te pasa algo así?
Al final, este tipo de historias nos recuerdan que, aunque a veces la rutina nos parezca aburrida, siempre puede aparecer alguien dispuesto a romperla —con o sin intención. A quienes les toca estar tras un mostrador o una ventanilla, les aseguro que cada día es una caja de sorpresas… y de anécdotas para contar en la sobremesa.
¿Alguna vez has visto algo igual de raro en tu trabajo? ¿Conoces otro ritual extraño para atraer la buena fortuna? ¿Te animarías a frotarte la cara con dinero si eso te garantiza que la próxima tanda sí te rinde? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios —¡y no olvides lavarte la cara después!
Publicación Original en Reddit: Some Guests Are Weird