El huésped que quería la suite: historias de un recepcionista al borde del colapso
¿Alguna vez has sentido que tu trabajo es una telenovela y tú eres el personaje sufrido, atrapado entre los caprichos de otros y la burocracia? Pues así se siente ser recepcionista en un hotel en plena temporada alta. Imagina tener que lidiar todos los días con el mismo huésped que, como disco rayado, insiste en pedir la única suite del hotel, convencido de que el mundo gira a su alrededor y que el programa de lealtad es la nueva realeza.
Esta es la historia de un recepcionista (el verdadero héroe anónimo de la hospitalidad) que nos comparte, desde la trinchera, cómo la paciencia puede ser puesta a prueba por ese cliente que todos, tarde o temprano, conocemos: el “miembro brillante” que cree que su tarjeta de puntos le da superpoderes.
El drama diario: “¿Y hoy sí hay suite?”
En muchos países de Latinoamérica, si algo nos caracteriza es la picardía y la costumbre de buscar “el contacto” para conseguir un favorcito, pero este huésped llevó la estrategia al extremo. Todos los días bajaba a recepción con la misma cantaleta: “¿Ya está libre la suite?” Y todos los días, la misma respuesta: “Señor, la suite está reservada por las próximas dos semanas. Si hay una cancelación, con gusto lo actualizo”.
Pero como buen protagonista de novela, el huésped no se daba por vencido. Siguió insistiendo, preguntando si siempre era la misma persona que rentaba la suite, exigiendo saber su nombre “para negociar”, y hasta soltó la amenaza de que “corporativo va a intervenir” y que pronto el recepcionista “ya no tendría trabajo”. ¡Vaya descaro! En palabras que usamos mucho por acá: “¡Qué tupé!”
El club de los “miembros brillantes” y sus tres etapas
En los comentarios de la historia, varios viajeros expertos y empleados de hotel coincidieron en algo: hay una especie de evolución entre los miembros de programas de lealtad. Uno lo resumió perfecto, como si describiera las etapas de un Pokémon hotelero:
- Primer nivel: “¿Me van a dar un upgrade? ¡Qué buena onda, gracias!”
- Segundo nivel: “Soy miembro de segundo nivel, exijo mi upgrade, ¿no ves mi brazalete?”
- Tercer nivel: “¿Me pudiste mejorar la habitación? Excelente, gracias por el esfuerzo, que tengas buen día”.
Y, como en toda buena familia, a veces hasta los parientes del viajero brillante llegan con exigencias: “Mi esposo es miembro ultra brillante, así que quiero upgrade, agua gratis y late checkout a las 6pm”. En Latinoamérica esto nos recuerda a los típicos familiares que presumen “contactos” para saltarse la fila hasta en el banco.
¿Derecho o privilegio? La eterna confusión del cliente
Muchos lectores, tanto empleados como viajeros frecuentes, dejaron claro que la clave está en la expectativa: si pagas por la suite, la tienes. Si te la regalan, agradece. Pero exigirla solo porque tienes una tarjeta, es otro nivel de descaro. Como dijo un usuario, “Yo solo quiero una habitación limpia, si me dan upgrade, siento que llegó la Navidad antes”.
La cultura hotelera en nuestra región suele ser amable, pero también firme cuando toca. El recepcionista de la historia, ejemplar, se mantuvo en su postura: proteger la privacidad del huésped de la suite y no ceder ante amenazas. Incluso, como buen latino prevenido, avisó a los ocupantes de la suite para evitar cualquier sorpresa de telenovela. Al final, la vida le cobró factura al huésped insistente: por andar reservando día por día y no planear, un día el hotel se llenó y se quedó sin habitación. ¡Karma instantáneo, como decimos por aquí!
¿Y los jefes? Cuando el dinero pesa más que la dignidad
Muchos se preguntarán, ¿por qué no lo echaron del hotel? Pues aunque a veces quisiéramos aplicar un “váyase con su música a otra parte”, los jefes muchas veces ponen el billete primero. En palabras de otro comentarista: “Solo lo sacan si el hotel está vacío; si está lleno, ni modo, a aguantarse”. Pero, como sucede en la vida real, el dinero no compra todo: al final, la dignidad y el respeto se imponen, aunque sea indirectamente.
Reflexión final: El verdadero lujo es el respeto
Esta historia, aunque cómica, es un retrato de situaciones que se viven en hoteles de toda Latinoamérica, donde la hospitalidad es casi sagrada, pero el sentido común no siempre abunda. Si viajas, recuerda: la cortesía y el respeto abren más puertas que cualquier programa de puntos. Como bien decimos: “Donde fueres, haz lo que vieres, y sé buena gente”.
¿Tienes alguna anécdota donde un cliente se creyó el rey del lugar? ¿O alguna vez tuviste que lidiar con un jefe que prefería el dinero antes que la paz? ¡Cuéntanos en los comentarios! Aquí nadie te va a pedir upgrade, pero sí te damos las gracias por leer.
¡Hasta la próxima, y que la próxima vez que viajes, te toque el mejor cuarto… aunque no sea la suite!
Publicación Original en Reddit: another day another request