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El huésped que pidió vista al mar… ¡en pleno centro de la ciudad!

¿Alguna vez te has hospedado en un hotel de ciudad y soñado con abrir la ventana para admirar el mar? Bueno, esta historia te va a sacar una sonrisa porque, aunque no lo creas, hay quienes esperan una postal caribeña en medio de edificios y avenidas.

Imagina llegar a la recepción, maleta en mano, y lo primero que preguntas es: “¿Mi habitación tiene buena vista?”. Así empezó la odisea de un recepcionista que casi se va de espaldas cuando un huésped, acostumbrado a resorts de playa, exigió una vista al mar… ¡en una ciudad rodeada de concreto, tráfico y uno que otro edificio de ladrillo!

El sueño imposible: de Acapulco al centro de la ciudad

El protagonista de esta anécdota, compartida por u/Big-Head1441 en Reddit, trabaja en un hotel de ciudad al que suelen llegar viajeros de negocios, no turistas en busca de bronceado. Resulta que, durante el check-in, el huésped pregunta con toda seriedad:
—¿Tengo una habitación con buena vista?

El recepcionista, que ya se sabe de memoria las “vistas” disponibles (un edificio más alto por un lado y una pared de ladrillo por el otro), decide preguntar:
—¿Y qué considera usted una buena vista?

La respuesta no se hace esperar:
—Pues… ya sabe, cuando viajo a [insertar aquí el nombre de cualquier destino de playa famoso] siempre me dan habitación con vista al mar.

En ese momento, el recepcionista solo pudo pensar: “¿En serio, señor? ¿Sabe dónde está parado?”. Entre risas contenidas y una pizca de incredulidad, la conversación se alargó 10 minutos, con el huésped intentando negociar algo imposible, hasta que el recepcionista tuvo que confesar: “Ojalá tuviéramos vista al mar, pero aquí solo existen tres opciones: vista a la ciudad, vista a la ciudad y… adivinó, vista a la ciudad”.

¿Vista al muro, al aire acondicionado o al estacionamiento?

Lo más divertido de la historia es que no es un caso aislado. Al compartir la anécdota, decenas de trabajadores hoteleros y huéspedes contaron sus propias experiencias. Un usuario comentó que una vez le tocó una habitación con vista… ¡a una pared de ladrillo! Pero lejos de molestarse, le vio el lado bueno: podía dejar las cortinas abiertas y disfrutar la luz natural sin preocuparse de que alguien lo viera desde otra ventana. ¿Quién necesita el mar cuando tienes privacidad total?

Otro internauta recordó su estadía en Nueva York: “Prefiero cualquier habitación, menos las que dan al ducto de aire”. Contó que una vez intentó convencerse de que no importaba la vista, que solo iba a dormir, pero después de 10 minutos bajó a recepción a pedir cambio. ¡Y le dieron una habitación con balcón y vista hasta Central Park!

Y es que, como bien dicen por ahí, las expectativas son la madre de todas las frustraciones. Un usuario confesó que reservó una habitación económica en un hotel de ciudad y, al escuchar que ofrecían “vista”, se ilusionó… solo para descubrir que, si te pegabas a la ventana y estirabas el cuello, alcanzabas a ver una esquinita de la ciudad. Mejor ni haber preguntado.

El ingenio latino: soluciones “creativas” para vistas imposibles

Por supuesto, el humor no puede faltar entre la comunidad latinoamericana. Algunos sugirieron vender la experiencia como si fuera un plus:
—¿Quiere una habitación con “vista exclusiva”? Le ofrezco nuestra suite subterránea, con cero distracciones visuales.

Otros propusieron opciones más “artísticas”: pegar un póster gigante del mar en la ventana, imprimir fotos panorámicas de Cancún o Acapulco y cobrar extra por pegarlas sobre el cristal, o incluso sintonizar el televisor en un canal con imágenes de olas y palmeras. “¿Le gustaría nuestra habitación con vista al estacionamiento o prefiere la que da al Target y al IHop?”, bromeó otro recepcionista.

No faltó quien adaptara el clásico humor británico al contexto latino. Un comentario memorable decía: “¿Qué esperaba ver desde su ventana, señor? ¿El Palacio de Bellas Artes, la cima del Popocatépetl o rebaños de vacas pastando majestuosas?”. Cualquier parecido con Basil Fawlty, el famoso gerente de “Fawlty Towers”, no es coincidencia.

Realismo mágico hotelero: entre expectativas y realidades

Al final, esta historia nos recuerda el folclore de la hotelería: nunca subestimes la creatividad de los huéspedes… ni la paciencia de los recepcionistas. A veces, lo mejor es reírse y asumir que, aunque no todos los hoteles tengan vista al mar, sí pueden ofrecer buenas historias, atención amable y, sobre todo, anécdotas para contar en la próxima reunión familiar.

Y tú, ¿has pedido una vista imposible en algún hotel? ¿Te tocó alguna vez la famosa “vista al muro” o al ducto del aire? Cuéntanos en los comentarios y comparte este artículo con tus amigos viajeros para que no les pase lo mismo.

Porque, al final del día, las mejores vistas son las que te dejan una buena anécdota.


Publicación Original en Reddit: Room with the view