El huésped que pidió tres abrazos: Crónica de una noche surrealista en recepción
Trabajar en la recepción de un hotel puede ser como subirse a una montaña rusa sin cinturón: nunca sabes qué te espera en el siguiente giro. Algunos llegan con historias de vuelos retrasados, otros con maletas perdidas, y hay quienes simplemente buscan una cama cómoda. Pero de vez en cuando, hay un huésped que rompe todos los esquemas y te recuerda por qué el turno nocturno es territorio de lo insólito.
Esta es la historia de una recepcionista en un hotel de “caché”, de esos donde hasta el aire acondicionado parece tener modales. Una noche, como cualquier otra, todo marchaba en calma… hasta que la app de chat interno del hotel soltó una notificación que cambiaría el tono de la velada.
Cuando la cortesía se convierte en petición extraña
El protagonista inesperado de la noche fue “Oliver”, un huésped frecuente con estatus VIP, de esos que ya se saben el menú de almohadas de memoria. Llegó pasada la medianoche, una hora normal para quien viene de pelearse con aerolíneas y tormentas. El check-in fue tan rutinario como pedir un café en Oxxo: ¿Nombre? ¿Forma de pago? Bienvenido, aquí sus llaves, gracias por ser parte del programa de lealtad.
Hasta ahí, nada fuera de lo común. Pero minutos después, Oliver envió un mensaje por el chat solicitando almohadas “sin plumas” —un clásico para alérgicos— y, acto seguido, lanzó la bomba: “Quiero 3 abrazos de la increíble mujer de la recepción. Deberíamos ser más como ella”.
A ver, todos apreciamos un piropo bien intencionado, pero… ¿tres abrazos? ¡Ni la tía cariñosa en Navidad pide tanto! La recepcionista, sorprendida, hizo lo que cualquier profesional haría: mandó las almohadas con otro compañero (porque en ese hotel, el de recepción no puede salir de su puesto ni para ir por un café), y decidió consultar la situación con su gerente.
Lo que no se aprende en la capacitación: manejar lo incómodo
Si crees que lidiar con huéspedes difíciles es parte del trabajo, espera a que te pidan algo así. En la cultura latinoamericana, somos cálidos y hasta abrazadores —¡claro!— pero en el trabajo, y más con desconocidos, hay límites clarísimos. Aquí no estamos en una telenovela de Televisa donde los abrazos arreglan todo.
Muchos colegas en la comunidad compartieron experiencias similares. Un usuario comentó: “En mi hotel, había un señor que solo le daba propina de $20 dólares a las mujeres, aunque su esposa estuviera presente. Raro, pero al menos era solo dinero”. Otro añadió con humor: “¿Y no bajó por los abrazos? Se dio cuenta de que se pasó de la raya y mejor se hizo el dormido”.
Incluso hombres del gremio han vivido situaciones incómodas. Un recepcionista contó que, por ser amable con una huésped en problemas, terminó en una situación comprometedora cuando ella lo recibió con poca ropa tras pedir toallas. Su consejo fue claro: “Confía en tu instinto, si algo te parece raro, probablemente lo sea”.
La importancia de poner límites (y reportar lo inapropiado)
En México y Latinoamérica, el respeto en el trabajo es cosa seria. Cuando un huésped cruza la línea, no hay que quedarse callado. En este caso, la recepcionista notificó a su gerente, quien prometió tomar cartas en el asunto y reportar el incidente a la cadena hotelera. Como bien dijo otro comentarista: “No es aceptable que una empresa permita este tipo de conductas. Ojalá le retiren el estatus al huésped”.
Además, la importancia de documentar todo es clave. Ya sea para defenderte en caso de futuras quejas o simplemente para dejar constancia de que no todo es “el cliente siempre tiene la razón”. Porque una cosa es ser servicial y otra, convertirse en el payaso del circo.
El lado divertido: abrazos virtuales y el humor que nos salva
No todo fue tensión en la conversación. Algunos usuarios, fieles al ingenio que caracteriza a las redes, empezaron a enviar “abrazos virtuales”, links de chocolates “Hugs” y hasta memes de los viejos tiempos del MSN Messenger: “(((abrazo))) (((abrazo))) (((abrazo)))”. Porque si algo nos une en Latinoamérica es el humor para sobrellevar las situaciones absurdas.
Y aunque nunca sabremos si Oliver solo estaba cansado, bromeando o esperando el abrazo en bata, lo cierto es que cada turno nocturno en hotelería es una caja de sorpresas. Como dicen por acá: “¡De todo hay en la viña del Señor!”
¿Y tú, qué harías si un huésped te pide un abrazo?
Trabajar de cara al público es como estar en una novela con mil finales posibles. ¿Te ha tocado alguna petición extraña en tu trabajo? ¿Dónde crees que está el límite entre el trato amable y lo inapropiado? ¡Cuéntanos tu historia en los comentarios! Y si alguna vez te sientes incómodo, recuerda: tu seguridad y dignidad siempre están primero, aunque el huésped tenga más millas que un chofer de Uber.
¿Listos para la próxima anécdota de recepción? Porque en los hoteles, la realidad siempre supera a la ficción.
Publicación Original en Reddit: Weird guest request