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El huésped más limpio del hotel: una historia digna de telenovela

En el mundo de la hotelería, uno piensa que ya lo ha visto todo: huéspedes fiesteros, otros que llevan mascotas ocultas, alguno que se roba las toallas… Pero, ¿alguna vez has escuchado de un huésped tan obsesionado con la limpieza que ni el propio personal de aseo puede creerlo? Esta es la historia de un hombre que convirtió su habitación de hotel en un quirófano improvisado y dejó a todos, literal, boquiabiertos y con olor a alcohol (del que desinfecta, no del que anima fiestas).

Acompáñame a descubrir cómo un huésped puede pasar de ser la pesadilla de muchos a convertirse en el “favorito” de las señoras de limpieza… o bueno, al menos en el más memorable.

El huésped que vino, vio… y desinfectó

Resulta que un día llegó al hotel un señor que, a primera vista, parecía cualquier otro huésped. Caminaba por el lobby, hacía llamadas y pedía cosas normales… hasta que preguntó por un calefactor portátil. Hasta ahí, todo bien. Pero, cuando el recepcionista (nuestro narrador en Reddit) le ofreció cambiarlo de habitación por si el calefactor no funcionaba, el huésped respondió que no podía usarlo porque “el aire mueve los gérmenes”. Ahí empezó la telenovela.

El hombre, muy educado, explicó que no podía cambiarse de cuarto y que su lucha contra los gérmenes era seria. Mostró su libreta, la cual reposaba sobre servilletas de papel para evitar que tocara la mesa, y confesó que viajaba con sus propias almohadas y mantas. Hasta ahí, uno pensaría: “Bueno, cada quien”. Pero el asunto escaló cuando contó que cubría la cama con una lona de pintor y forraba todas las superficies con bolsas de plástico. Incluso ponía guantes en las manijas de puertas y grifos. Era como si estuviera preparando la habitación para una cirugía a corazón abierto.

La reacción del personal: ¿alivio, sorpresa o ganas de reír?

Cuando llegó el momento de la verdad —el check-out—, las señoras de limpieza entraron y… ¡vaya sorpresa! Todo estaba cubierto con bolsas de basura, los olores de alcohol etílico eran tan fuertes que costaba respirar y, para rematar, hasta el carrito de equipaje tenía su propia funda plástica. ¿La cama? Intacta bajo una enorme lona, lista para sobrevivir a un apocalipsis bacteriano.

En los comentarios, muchos trabajadores de hoteles compartieron historias similares. Una persona contó que tuvo un huésped que envolvía todo en plástico de cocina y, aunque parecía una broma, la verdad es que dejaba la habitación impecable por debajo. Otros bromeaban diciendo que sería ideal que todos los huéspedes “plastificaran” la cama así, porque así ni tendrían que cambiar las sábanas. Incluso hubo quien recordó a personajes de televisión como el famoso detective Monk, experto en temerle a los gérmenes.

Pero también hubo quienes se pusieron serios: “Eso ya es nivel de terapia, vive con tanto miedo y estrés”, comentó uno, mientras otro aclaraba la diferencia entre TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) y fobias como la rupofobia, que es el miedo extremo a la suciedad. En otra anécdota, un usuario compartió que conoció a un hombre así, que acabó perdiendo su empleo y su casa por la gravedad de su fobia.

Entre la empatía y la risa: lo que este huésped nos enseña

Aunque muchos se rieron, la verdad es que vivir así no debe ser nada fácil. Imagínate viajar, pasar por aeropuertos y hoteles, y sentir que el mundo entero está hecho para enfermarte. Un comentarista, medio en broma y medio en serio, se preguntaba cómo hacía este señor para subirse a un avión o salir a la calle. Otros pensaban en la pobre familia, especialmente la esposa, que tenía que rociarle alcohol en los zapatos y hasta en la ropa antes de entrar a la casa, como si estuviera pasando por una aduana sanitaria.

Eso sí, el propio recepcionista aclaró que el huésped en ningún momento exigió que el personal hiciera lo mismo; él sabía que sus estándares eran muy suyos y no pretendía que los demás los siguieran. Lo suyo era una batalla personal, y eso lo hacía, de alguna forma, más llevadero para el hotel.

¿Una bendición disfrazada para la limpieza?

Al final del día, muchos en el personal sintieron alivio: no hubo manchas, ni toallas perdidas, ni desastres en la habitación. Solo hubo que quitar toneladas de plástico y ventilar el cuarto del tufo a alcohol. Como decimos en Latinoamérica: “¡Mejor así que tener que limpiar después de una fiesta universitaria!”. Quizá no todos los días se recibe a un huésped tan peculiar, pero sin duda, dejó una historia para contar por años.

Y tú, ¿qué harías si te tocara limpiar después de alguien así? ¿Te parecería alivio o locura? ¿Conoces a alguien con manías parecidas? Cuéntanos en los comentarios, porque cada hotel, cada casa y cada familia tiene su propio “rey o reina de la limpieza”.

¿Te imaginas una versión latinoamericana de este huésped? ¿Cuántos rollos de papel y litros de alcohol se llevaría? ¡Déjanos tu opinión y comparte esta historia con ese amigo que no soporta ni una migaja en la mesa!


Publicación Original en Reddit: Housekeeping’s Favorite