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El filtro de contenido fantasma: una historia de teletrabajo, filtros y risas en TI

Ilustración en 3D tipo caricatura de un equipo de TI luchando con la implementación de filtros de contenido desde casa.
Esta vibrante ilustración en 3D refleja los desafíos que enfrentaron los equipos de TI al implementar filtros de contenido de forma remota durante la pandemia.

¿Quién no ha tenido un “oso” tecnológico en el trabajo? Si algo nos enseñó el teletrabajo durante la pandemia es que la tecnología, cuando falla, puede convertir un día común en una telenovela de enredos. Hoy te traigo una historia digna de contarse en la sobremesa: cómo un filtro de contenido mal configurado terminó exponiendo más de lo que cualquiera quería ver… ¡y no, no hablamos de reportes de ventas!

El inicio: cuando el home office nos cambió la jugada

Con la llegada del COVID-19, muchas oficinas latinoamericanas se vieron forzadas a mandar a sus empleados a casa, y con ellos, los dolores de cabeza para los equipos de TI. Antes, el firewall de la oficina bastaba para mantener fuera de alcance esos sitios “prohibidos”, pero al pasar cada quien a su propio rincón, hubo que buscar soluciones para filtrar el contenido directamente en las computadoras de trabajo.

Como suele pasar, el equipo de tecnología pensó que bastaba con desplegar, configurar y listo. Pero, como dice el dicho, “del plato a la boca se cae la sopa”.

Una pantalla compartida y un desliz inesperado

Pasaron algunas semanas hasta que un colega, siempre formal y respetuoso para pedir ayuda, pidió una mano para redactar un ticket dirigido al equipo web. “Seguro, aquí entre técnicos nos ayudamos”, pensó el encargado de TI.

Arrancó la sesión de pantalla compartida y, en pleno proceso de explicación, el compañero quiso mostrar cómo cierta función debería verse “como en la página de product.com”. Te imaginas la escena: escribe la dirección y… ¡sorpresa! Lo que apareció no tenía nada que ver con el producto empresarial, sino con “señoritas” que claramente promocionaban otro tipo de servicios.

Unos segundos de silencio incómodo, rostros colorados (aunque fuera por webcam), y lo primero fue cerrar la pestaña lo más rápido posible. Después, un tutorial exprés para borrar el historial del navegador—¡que nadie se entere, por favor! Al final, entendieron que la página correcta era companyproduct.com. Una letra, una gran diferencia… y una anécdota para recordar.

El misterio del filtro invisible

Después del susto, el técnico fue directo a revisar el filtro de contenido. ¿El diagnóstico? Habían creado excepciones, sí, pero no seleccionaron ninguna categoría para bloquear. O sea, el filtro estaba tan útil como un portón sin candado: las excepciones existían, pero no había nada que bloquear. “Hicimos excepciones a la nada”, bromeó el técnico, mientras mandaba la evidencia a su colega.

La respuesta fue de esas que solo se dan entre compañeros de confianza: “¡Con razón! Si hubiera sabido antes, ya estaría viendo hasta Netflix con la compu del trabajo, o peor, fundando mi propio emprendimiento de ciberpiratería”. Risas aseguradas.

Y la moraleja, como bien dicen en los talleres mecánicos, “de vez en cuando hay que revisar los filtros”. Ya sea en el aire acondicionado, el carro, ¡o las computadoras!

Lo que la comunidad de TI nunca cuenta (pero todos saben)

Esta historia no es única. En foros de técnicos de soporte y administradores de red, abundan anécdotas igual de jugosas. Un usuario comentó que, para probar los filtros de correo, pasaron una tarde enviándose insultos entre compañeros—“fue terapéutico”, relató, y encima descubrieron excepciones en el filtro que nadie había planeado.

Otro recordó cómo en los primeros días de los filtros, cualquier palabra “delicada” era motivo de bloqueo, incluso si era totalmente inocente. Imaginen el desastre cuando bloquearon todas las URLs que tuvieran la palabra “sex”, sin considerar que muchos formularios médicos o documentos legales usan ese campo para especificar género. ¡Tener filtro no significa tener sentido común!

Y como dicen por aquí, “el diablo está en los detalles”. Un despistado buscó en Google cómo insertar imágenes en LaTeX, solo para encontrarse con resultados que lo dejaron más confundido (y ruborizado) que antes. Otro caso memorable fue de una escuela donde, por un error en el dominio, todo un grupo de niños terminó viendo una página para adultos en lugar del portal de la biblioteca. ¡Imaginen la llamada de la maestra a los papás!

¿Y tú, ya revisaste tus filtros?

En el mundo de la tecnología, sobre todo en Latinoamérica donde los recursos a veces son limitados y la creatividad abunda, estas historias son pan de cada día. Lo importante es aprender la lección: los filtros de contenido son como esas puertas de las casas antiguas—si no les pones llave, cualquiera puede entrar.

Así que, la próxima vez que creas que todo está bajo control en tu red, pregúntate: ¿ya revisé mis filtros hoy? Porque nunca sabes cuándo una letra de más (o de menos) puede cambiar tu jornada laboral por completo.

¿Te ha pasado algo parecido? ¿Tienes alguna anécdota tecnológica de esas que solo se cuentan entre amigos? ¡Cuéntala en los comentarios! Porque, aceptémoslo, todos hemos tenido nuestro momento de “filtro fantasma” en el trabajo.


Publicación Original en Reddit: How I found out we hadn't finished deploying the content filter