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El día que la venganza chiquita dejó a un grosero sin su 'Cristal Zogflarn

Ilustración de anime de un cliente grosero regañando a un empleado en un pasillo, reflejando frustración por problemas de stock.
En esta vibrante escena de anime, vemos a un cliente grosero, Ricardo, expresando su frustración hacia un empleado, resaltando la lucha tan común en las interacciones de servicio al cliente. ¿Cómo manejas la grosería en espacios públicos?

¿Alguna vez has presenciado a un cliente tratar mal a un empleado solo porque no tienen lo que busca? Ese momento incómodo en el que quieres meter la cabeza bajo tierra de la pena ajena… Pero, ¿qué pasaría si la vida le jugara una vuelta de tuerca a ese cliente grosero? Hoy te traigo una historia que es la definición perfecta de “el que se lleva, se aguanta”, con un toque de humor, ingenio y sabor latinoamericano.

Prepárate para conocer cómo un simple objeto inventado —el mítico “Cristal Zogflarn”— se convirtió en el protagonista de una mini venganza digna de telenovela. Porque sí, a veces el karma sí tiene sentido del humor.

El inicio: Un cliente llamado Dick y un objeto imposible

La historia arranca en una tienda cualquiera. Nuestro narrador —que podrías ser tú, yo o cualquiera que haya ido de compras un fin de semana— está buscando algo, cuando de repente se topa con un personaje imposible de ignorar: un cliente llamado Richard, aunque el apodo “Dick” le queda como anillo al dedo (y no es precisamente un cumplido).

Dick está despotricando contra una pobre empleada porque la tienda no tiene en stock un “Cristal Zogflarn”. ¿Qué es eso? Nadie lo sabe, ni siquiera Google (créeme, muchos lo intentaron). Pero eso no impidió que Dick sacara toda su artillería de malos modales.

Sin encontrar lo que buscaba, nuestro narrador decide ir a la siguiente tienda. Pero el destino —o el karma, que nunca descansa— tenía planes especiales ese día.

El giro del destino: Cuando el universo conspira para la venganza

En la segunda tienda, casi como si fuera un capítulo de “La Rosa de Guadalupe”, ambos protagonistas se encuentran de nuevo. ¿La coincidencia? Lo que ambos buscaban estaba en el mismo pasillo, pero esta vez la suerte cambió de bando.

Nuestro narrador encuentra lo suyo y, ¡oh sorpresa!, ve que hay tres relucientes “Cristales Zogflarn” en el estante. Recordemos: estos cristales son tan raros como encontrar un billete de dos dólares en México. En ese momento, le pasa por la cabeza que Dick estaría feliz de verlos, incluso piensa que debería llevarse dos, “por si uno se rompe”.

Pero aquí es donde la venganza chiquita —esa que todos soñamos hacer pero pocos ejecutan— toma forma. En un acto digno de aplauso, decide tomar los tres cristales, los sostiene bien visibles y se dirige directo a la caja. Por si fuera poco, se cruza con Dick en el camino y se asegura de que los vea: los últimos tres “Cristales Zogflarn” del planeta ahora tienen dueño.

La cereza del pastel: planea regresar los cristales la próxima semana, solo para quedarse con el placer de haber dejado al grosero sin su ansiado tesoro. ¡Eso es tener alma de “justiciero anónimo”!

El debate: ¿Venganza pequeña o justicia divina?

La historia explotó en Reddit, generando decenas de reacciones. Muchos aplaudieron el ingenio y la pequeña revancha, porque ¿quién no ha soñado con darle una lección a ese cliente insoportable que todos hemos visto?

Un usuario comentó divertido: “¡Deberías quedarte los Cristales como trofeos de tu pequeñez!” Otro, con ese humor absurdo y genial que caracteriza a la comunidad, preguntó: “¿Eran sabor mango o jackfruit?” (En Latinoamérica, el jackfruit es como el mamey pero versión gigante y exótica, para quien no lo conozca).

Eso sí, la gran pregunta fue unánime: “¿Qué diablos es un Cristal Zogflarn?” Aquí entra la magia del relato: el objeto no importa, es como cuando en una novela mexicana el gran secreto es… ¡una llave sin puerta! Es solo el pretexto para hablar de cómo a veces el destino le da una cucharada de su propio chocolate a quien se porta mal.

Otros usuarios fueron más allá y sugirieron: “¡Deberías volver a la primera tienda y darle uno de los cristales a la empleada que soportó a Dick!” El autor prometió que la próxima vez que vuelva, le contará a la empleada y le mostrará fotos como prueba. Eso sí sería un acto de justicia poética y solidaria, muy al estilo latino.

Reflexión final: El karma tiene su propio sentido del humor

En Latinoamérica tenemos un dicho: “El que no oye consejos, no llega a viejo.” Pero aquí podríamos agregar: “El que trata mal a los demás, se queda sin su Zogflarn.” Esta historia es más que una venganza pequeña; es una muestra de cómo la cortesía y la empatía siempre abren más puertas que la grosería y la prepotencia.

Además, nos recuerda que no hace falta hacer grandes cosas para poner un granito de arena contra la mala vibra. A veces, solo se necesita un poco de ingenio, una pizca de oportunidad y muchas ganas de ver justicia —aunque sea en formato mini— para hacer el día un poco más divertido.

¿Y tú? ¿Has hecho alguna vez una pequeña venganza de la que estés orgulloso? ¿O te quedaste con las ganas de ver al karma en acción? Cuéntanos tu historia en los comentarios, porque en este rincón, las anécdotas de “justicia pequeña” siempre son bienvenidas y celebradas. ¡No te quedes sin compartir la tuya!


Publicación Original en Reddit: Be rude then be without...