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El día que Gertrudis aprendió (a la mala) que no todos los jóvenes pierden sus papeles

Imagen cinematográfica de un empleado frustrado confrontando a su jefe por un comportamiento condescendiente en el trabajo.
En esta escena cinematográfica, la tensión aumenta cuando un empleado enfrenta a su jefe por un comportamiento irrespetuoso. Este momento captura la esencia de la dinámica laboral y la necesidad de rendir cuentas. ¿Cómo debería responder el jefe para resolver la situación?

¿Quién no ha tenido que lidiar con algún burócrata de esos que se sienten dueños de la verdad? Hoy les traigo una historia digna de sobremesa, de esas que uno le cuenta a los amigos entre risas y corajes: la vez que un joven inquilino y su esposo se toparon con la patrona del dedazo, mejor conocida como Gertrudis. Ella, con la condescendencia de quien revisa listas todo el día, pensó que podía tratar a los demás como si fueran niños de primaria. Pero no contaba con la astucia de nuestros protagonistas.

Gertrudis, la reina del agua y el prejuicio

Todo empezó hace unos siete años, cuando nuestra pareja vivía en un edificio antiguo. Ahí, la costumbre era que cada quien anotara los números de sus medidores de agua en una hoja que la inmobiliaria colocaba en el lobby. Fácil, ¿no? Bueno, todo era miel sobre hojuelas hasta que llegó Gertrudis, la empleada que se sentía la jefa de jefas.

Resulta que sólo su departamento tenía un solo par de medidores en el baño, y no en la cocina como los demás. Pero a Gertrudis poco le importó ese pequeño detalle. Los llamó mientras comían en un restaurante de comida rápida y, entre ruidos y hamburguesas, soltó la joyita: "Sé que los jóvenes como ustedes siempre andan de fiesta, pero podrían ir a otro lugar a contestar". ¡Válgame! Como si todos los veinteañeros fueran unos desordenados.

La cosa se puso peor cuando, muy segura de sí, les dijo que “obviamente” tenían un medidor en la cocina porque así lo decía el contrato. Y de paso, les insinuó que seguro lo habían perdido. ¿A quién no le ha tocado que lo traten como si fuera tonto sólo por ser joven?

El arte de la venganza sutil: “Aquí está su prueba, jovenaza”

Molesto, pero con toda la calma del mundo, el inquilino fue directo al archivero, sacó su contrato (bien guardadito, por cierto) y le tomó foto a la parte donde claramente decía que sólo había un medidor en el baño. Ni tardo ni perezoso, le mandó un correo a otro empleado de la inmobiliaria con el escaneo y una explicación digna de notario: “Adjunto prueba de lo que decimos, para que se la haga llegar a su colega”.

Aquí es donde la comunidad de Reddit se soltó con comentarios épicos. Uno de los más votados decía: “Hasta luego, GertRUDA”. Otro, más filosófico, comparó la situación como “caminar por la nieve sólo para descubrir que no hay leña en el cobertizo”. En otras palabras: mucho drama para nada.

Y es que todos estábamos esperando el golpe final: ¿qué iba a pasar con la famosa Gertrudis? ¿Iba a pedir disculpas? ¿La iban a cambiar de área? O mínimo, ¿iba a reconocer su error?

Cuando el jefe tiene que dar la cara (y la empleada se esconde)

Al día siguiente, el teléfono sonó de nuevo. Pero esta vez, la paciencia ya estaba agotada. El esposo del inquilino tomó la llamada y, con voz firme pero educada, le explicó por enésima vez que NO había medidor en la cocina. Gertrudis, aferrada, hasta amenazó con mandar un técnico a costa del inquilino. Pero el esposo no se dejó: “Si no me cree, pregúntele al encargado del edificio. Y si no tiene nada más que agregar, que tenga buen día”.

El desenlace, como en toda buena telenovela, llegó esa misma noche. Pero no fue Gertrudis quien llamó, sino el mismísimo director de la inmobiliaria. Muy formal, pidió disculpas y confirmó que, en efecto, sólo había un medidor y que lamentaba las molestias. Ahora sí, Gertrudis desapareció como por arte de magia: nunca más volvió a molestar ni a pedir disculpas.

Reddit explotó en opiniones: unos decían que la venganza fue poca cosa (“¿Dónde está el filete?”, bromeó uno), otros defendían al protagonista por no dejarse. Y hubo quien, con el colmillo afilado, señaló que en Latinoamérica este tipo de errores burocráticos son el pan de cada día. ¿Quién no ha hecho fila en ventanilla sólo para que le digan que “le falta la copia del acta de bautizo del medidor”?

¿Venganza pequeña? Sí. ¿Satisfacción? ¡Total!

Al final, muchos se preguntaban si esto realmente fue una “revancha”. La respuesta está en el saborcito que deja defenderse de la prepotencia con pruebas en mano y dejar callado al que se pasa de listo. Como dicen por aquí, “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y Gertrudis se tapó los ojos sola.

La moraleja es clara: no todos los jóvenes son desorganizados, ni todos los empleados tienen la razón. Y si tienes tus papeles bien guardados, puedes darle la vuelta a cualquier Gertrudis que se cruce en tu camino. Porque a veces, la mejor venganza es demostrar, con educación y pruebas, que uno sí sabe lo que hace.

¿Te ha pasado algo parecido? ¿Alguna vez tuviste que enseñarle a algún “Gertrudis” que contigo no? Cuéntanos tu historia en los comentarios y hagamos catarsis colectiva. Y recuerda: la próxima vez que un burócrata te suba la ceja, saca tu archivo, tu paciencia… y tu mejor respuesta sarcástica.


Publicación Original en Reddit: Boss of Condescending Employee Needs to Apologize for His Behavior