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El día que el tostador desapareció: Crónica de un desayuno épico en hotel

Ilustración de anime de un viajero y su hijo en una habitación de hotel, confundidos por una tostadora desaparecida en el fin de semana del Día del Trabajo.
En esta vibrante escena de anime, un curioso viajero y su hijo de 8 años descubren que les falta la tostadora durante su estancia en un hotel cerca de un parque nacional. ¿Qué harán a continuación? ¡Únete a su aventura!

¿Alguna vez imaginaste llegar al desayuno de un hotel, oler el café recién hecho y ver la mesa lista… solo para descubrir que, en cuestión de minutos, desapareció hasta el tostador? No, no es una leyenda urbana ni el argumento de una comedia absurda. Esto le pasó a un viajero frecuente y su hijo en un tranquilo pueblo universitario cerca de un parque nacional en Estados Unidos, y la historia explotó en internet por lo insólito. Prepárate para reír, indignarte y, sobre todo, reflexionar sobre la creatividad (y descaro) humana.

El desayuno soñado… que se volvió pesadilla

Todo comenzó como una mañana cualquiera de fin de semana largo. El protagonista, junto a su hijo de 8 años, bajó al área de desayuno, ese pequeño oasis en hoteles donde uno espera encontrar panecitos, jugo y, si hay suerte, la famosa máquina de waffles. Y sí, todo estaba recién surtido, la suerte parecía estar de su lado.

Pero, de repente, el ambiente se transformó. Como si fuera una invasión de zombis, entraron más de 20 personas de golpe, arrasando con todo a su paso. En menos de lo que canta un gallo, ya no había ni rastro de jugo, fruta, ni mucho menos waffles. El colmo: ¡el tostador también desapareció! Sí, como lo lees, alguien se lo llevó como si fuera lo más normal del mundo. Hasta la jarra de miel, la mezcla para waffles y todo lo que no estuviera atornillado se esfumó.

Según el viajero, el gerente quedó tan impactado que empezó a abrir los gabinetes buscando reponer la comida y, sorpresa, también habían saqueado lo que había ahí. Al notar la ausencia del tostador, soltó unas cuantas palabras en hindi, que, por el tono, seguro no eran bendiciones.

“Si no está atornillado, es de quien lo encuentre…”

Lo más curioso es que, lejos de ser un hecho aislado, otros viajeros y empleados de hotel en Reddit compartieron historias aún más locas. En palabras de un comentarista, “la gente se roba cualquier cosa que no esté atornillada”. Y si lo está… ¡también lo intentan! Otro relato describe cómo en un hotel tuvieron que poner tornillos especiales en los televisores, como los de las placas de autos en Australia, porque los huéspedes intentaban llevárselos.

Hay anécdotas para todo: desde quienes se llevaron una máquina de lustrar zapatos de más de 90 kilos, hasta los que, con todo descaro, se escaparon con un sofá por la puerta principal. En otro hotel, la situación llegó al extremo de perder cafeteras en las habitaciones, y hasta un detector de humo. Uno de los empleados confesó que, después de varias pérdidas, ya optaban por poner letreros fosforescentes detrás de los cuadros amenazando con cobrar $250 dólares si desaparecían. Y, milagrosamente, ¡las desapariciones pararon!

En Latinoamérica, este tipo de historias nos resultan familiares. ¿Quién no ha escuchado del primo del amigo que se llevó una toalla o una taza de hotel “de recuerdo”? Pero lo del tostador es otro nivel, casi digno de una telenovela mexicana: “¡María, detén a ese hombre, que se lleva el electrodoméstico!”

El arte de desayunar como si fuera saqueo

En los comentarios, el asombro y el humor no faltaron. Un usuario compartió: “Yo me habría abierto paso a codazos y defendido mi waffle como buen latino”, mientras otro mencionó: “En mi hotel, llegaron a vaciar los jugos en botellas personales para llevarlas de picnic, pero nunca se llevaron el tostador… todavía”.

Algunos trabajadores de hotel reconocen que estas escenas se repiten cada vez más. Una recepcionista contó que recientemente dos mujeres llegaron con toda la familia y salieron con el tostador bajo el brazo, como si llevarse el electrodoméstico fuera parte de la experiencia todo incluido. Hasta bromearon con que deberían atornillar las cafeteras, las sillas y ¡hasta el agua del gimnasio!

No faltó quien dijera: “La gente hará lo que sea por un desayuno gratis”, y otros recordaron que, en tiempos pasados, bastaba con confiar en que los huéspedes serían respetuosos. ¿Qué nos pasó? ¿Será que el espíritu de “aprovechar todo” se nos fue de las manos? O como diría la abuela: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente… o el huésped”.

Reflexión final: ¿Dónde quedó la decencia?

Esta historia, más allá de lo gracioso, deja una pregunta abierta: ¿Por qué hemos llegado al punto de tener que atornillar hasta los cuadros y poner letreros amenazantes en los hoteles? ¿De verdad vale la pena llevarse un tostador o una jarra de miel que ni siquiera cabe en la maleta?

Así que la próxima vez que visites un hotel, recuerda: el desayuno es para disfrutar, no para saquear. Y si ves a alguien llevándose el tostador, mejor pídele una selfie para inmortalizar el momento. Porque, como bien dicen: “De todo hay en la viña del Señor… y en los hoteles, ¡mucho más!”

¿Tienes alguna anécdota digna de película sobre hoteles, desayunos o huéspedes creativos? ¡Cuéntanos en los comentarios! Y recuerda, el tostador no es souvenir.


Publicación Original en Reddit: They stole the toaster