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El día que el hotel casi pierde la compostura (y algo más) por un 'robo' muy íntimo

Hay días en la recepción de un hotel que piensas que ya nada puede sorprenderte. Has lidiado con huéspedes quisquillosos, robos de shampoo, disputas por almohadas y hasta reclamos por el clima. Pero, ¿qué harías si un cliente acusa a tu equipo de robarle… su juguete sexual? Prepárate para reír, sentir pena ajena y, sobre todo, para preguntarte si de verdad existe un límite para el absurdo en la hotelería latinoamericana.

Cuando el volcán de la lavandería entra en erupción

Verano en hotel es sinónimo de montañas de toallas mojadas y trabajo a destajo. Así estaba el equipo, excavando entre pilas interminables de ropa sucia, cuando un grito rompe la rutina: “¡Ay, Dios mío, lo toqué!”. Naturalmente, la curiosidad pudo más. Al acercarse, ahí estaba: envuelto en toallas húmedas, un objeto de color morado, venoso, y con pilas incluidas. Sí, un vibrador tamaño industrial, de esos que ni en película de ficheras uno ve tan de cerca.

La recepcionista, con cara de trauma, se lava las manos con desinfectante industrial, ignorando cualquier protocolo de seguridad, y el resto del staff no puede aguantarse la risa. “¿Y ahora qué hacemos con este tesoro fálico?”, se preguntan entre bromas y carcajadas, como si fuera la piñata sorpresa de la posada. Por un instante, la tensión se disipa y reina la complicidad de equipo ante lo insólito.

El robo más insólito: indignación y risas a partes iguales

La fiesta dura poco. El teléfono suena y la voz de una huésped, visiblemente alterada, pide hablar con la gerencia. “¡Aquí ha habido un robo MUY GRAVE! Uno de ustedes es un pervertido y quiero que lo despidan YA”. El gerente, curtido en mil batallas de reclamos absurdos, jamás imaginó que le tocaría escuchar una denuncia tan… íntima.

La señora, en tono de telenovela, explica que luego de una noche de “autocuidado” (sí, así lo dejó claro), alguien le robó su “objeto de amor” tras el servicio de limpieza. El gerente, conteniendo la risa y la incredulidad, debe preguntar lo impensable: “Señora, ¿por qué alguien querría robarle su vibrador?”.

Aquí la historia toma tintes de comedia de enredos. Al explicarle que el “delito” fue en realidad un accidente—el juguete quedó en el baño, envuelto entre toallas y la camarista simplemente recogió todo el bulto para la lavandería—, la indignación de la huésped se va desinflando poco a poco. Pero, como buena protagonista de drama, no cede del todo.

El regreso triunfal del tesoro perdido

Minutos después, la señora aparece en la recepción, roja de coraje (aunque cualquiera pensaría que sería de vergüenza). El gerente, con la diplomacia de quien ha devuelto desde anillos hasta dentaduras, le entrega un bulto de toallas frescas, discretamente ocultando el objeto perdido. Sin una palabra, la huésped toma su paquete, da media vuelta y se encierra en su habitación, lista para recuperar la paz… y su “placer privado”.

Detrás del mostrador, el equipo solo atina a reflexionar: “Después de esto, ya nada me sorprende”, dice uno. Pero, como respondió un usuario en los comentarios del post original: “¡Ay no! ¿Por qué dices eso en voz alta? Estás tentando al destino”. Y sí, cualquiera que haya trabajado en hotelería sabe que Murphy y sus leyes siempre están al acecho.

Entre el humor y la vergüenza: así se sobrevive en hotelería

Los comentarios en la comunidad no se hicieron esperar. Uno sugiere, en tono de broma, que debieron regresar el vibrador en una charola de room service, con sobres de lubricante en lugar de catsup. Otro imagina la escena al estilo “Unicornio”: adherir el juguete a la frente y entregarlo con guantes de látex, como un duelo de esgrima. Y no faltó quien recordó la importancia de nunca decir “ya nada me sorprende”, pues el universo siempre tiene un “Pandora, sujeta mi caja” listo para sorprender.

La historia, contada con un toque de sarcasmo y resignación por el gerente, se volvió viral por lo bien que retrata la vida en hoteles: lo absurdo, lo gracioso y lo humano. Como bien dijo otro comentarista: “Una vez que calmas la furia de alguien que perdió su juguete sexual, ya ningún reclamo te asusta”.

¿Y tú? ¿Qué hubieras hecho?

Trabajar en hotelería en Latinoamérica es estar listo para todo: desde atender a la señora que pide “el control de la tele” hasta devolver juguetes íntimos con la dignidad de un diplomático. ¿Te ha pasado algo así en tu trabajo? ¿Cuál ha sido el objeto más raro que te han pedido devolver? Cuéntanos tu historia y recuerda: en este gremio, la realidad siempre supera a la ficción.

¿Te gustó la anécdota? ¡Compártela con ese amigo hotelero que seguro tiene historias para un libro entero!


Publicación Original en Reddit: “I have no idea why anyone would STEAL this from me, but they did!!!”