El compañero que se creía pingüino: Una historia de frío, burla y karma laboral
En todas las oficinas hay personajes que se vuelven leyenda. El clásico que se lleva el topper de otro, el que siempre pide fiado en la tiendita, o el que jura que nunca le llega el frío… Hoy vamos a hablar del último caso, porque todos conocemos al típico “Kevin” que cree que andar en camiseta bajo la neblina es digno de admiración y que todos los demás somos unos exagerados por abrigarnos.
Pero ojo, esta historia no solo es para reírnos del valiente del frío: también es un recordatorio de por qué el respeto en el trabajo va más allá del clima. Si alguna vez te has topado con alguien así (o si eres tú mismo), quédate para conocer cómo terminó la historia de este pingüino humano… y cómo el karma laboral no perdona.
El compañero de trabajo que no siente frío… ¿o solo presume?
Todo empezó en un cine de Estados Unidos (pero créeme, esto pasa igualito en cualquier oficina de Latinoamérica en temporada de frente frío). Kevin, el protagonista, ya tenía fama de ser ese tipo que parece tener anticongelante en las venas. Mientras el resto temblaba con chamarra, bufanda y calcetines gruesos, él se paseaba tan campante a temperaturas de 10 grados Fahrenheit… ¡que es como -12°C! O sea, frío tipo “nevó en Toluca” o “piso de cerámica en diciembre”.
Kevin no solo soportaba el clima, sino que además se burlaba abiertamente de quienes necesitaban un abrigo para sacar la basura. Un día, el autor de la historia —que podríamos llamar Juan para darle sabor latino— ya estaba harto de las burlas y le soltó: “Si tanto te encanta el frío, vas tú solo a sacar la basura. Yo me encargo de lo demás”. Así, Kevin terminó haciendo el trabajo en la nieve mientras los demás seguían con sus actividades adentro, bien calientitos.
Cuando la burla pasa de graciosa a grosera
Hasta aquí, podría sonar a simple rivalidad entre compañeros. Pero Kevin cruzó la línea al burlarse también de Brendy, la gerente. Brendy es una señora de unos cincuenta y tantos, con años de experiencia y (como muchos de nuestros padres o tías) problemas de dolor en los nervios, que en frío se agravan. Mientras ella trataba de echarse un cigarrito en su break, Kevin empezó a molestarla por no aguantar ni cinco minutos afuera.
Aquí es donde la historia toma un giro muy de novela: Brendy, harta de las faltas de respeto, lo manda a su casa antes de tiempo. Y todos los demás compañeros apoyaron la decisión, explicando que el dolor de nervios no es cosa de juego. Como diría tu abuelita, “el respeto al derecho ajeno es la paz”… y el trabajo.
Uno de los comentarios más populares en la comunidad fue: “Ese tipo ya no suena como un simple Kevin, sino como un idiota de verdad”. Y la verdad, razón no le falta. Porque una cosa es bromear entre amigos, y otra es pasarse de listo con quien lidia con dolor real.
El frío, los “valientes” y la cultura de la burla
En Latinoamérica, todos conocemos a alguien que presume de aguantar el frío, ya sea en la oficina, en la escuela o en la casa. El típico que en diciembre anda en bermudas y playera, y que dice “¿Eso es frío? Yo ni siento nada”. Pero, como bien apuntó otro usuario, a la hora de la verdad, cuando les toca experimentar un verdadero dolor o problema de salud, suelen ser los más quejumbrosos.
Y es que en nuestra cultura, aunque nos encanta bromear y echarnos carrilla, hay líneas que no se deben cruzar. Molestar por la chamarra, por el café caliente o por usar doble bufanda es parte del folclore de la oficina, pero cuando alguien tiene un tema de salud, lo mínimo es empatía.
Otro usuario relató: “Yo también soy de los que no sienten frío, pero jamás me burlaría de alguien por eso. Una cosa es cotorrear y otra es ser pesado”. ¡Exacto! En el trabajo, el respeto y el compañerismo deberían estar primero.
El desenlace: Karma y despedida
¿En qué acabó la historia de Kevin el pingüino? Pues como era de esperarse, después de varias oportunidades y advertencias, el gerente general decidió despedirlo. No solo por el tema del frío, sino por otras actitudes problemáticas, como admitir delante de todos que le faltó al respeto a un cliente. Como dice el dicho, “el que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe”.
Y aunque él presumía aguantar caídas y dolores desde niño, todos sabemos que el día que le toque un verdadero problema de salud, será el primero en quejarse. Así que, si en tu trabajo hay un Kevin, no te preocupes: tarde o temprano, la vida pone a cada quien en su lugar.
Conclusión: ¿Quién es el verdadero valiente?
En el fondo, aguantar frío no te hace mejor trabajador ni mejor persona. Lo que de verdad cuenta es el respeto y la empatía con los demás. Así que la próxima vez que alguien se burle porque necesitas tu chamarra, recuerda: más vale abrigarse bien y tratar con amabilidad, que andar de valiente y terminar solo… o peor, despedido.
¿Tienes en tu trabajo a un Kevin o conoces a alguien así? ¿Te ha pasado alguna situación parecida? Cuéntanos tu historia en los comentarios y comparte este relato con ese amigo “pingüino” que todos tenemos.
¡Que el frío nunca apague el calor humano en la oficina!
Publicación Original en Reddit: Not everyone enjoys 10 degree weather