El compañero que detuvo el tiempo en clase: Kevin y sus preguntas imposibles
Todos hemos tenido algún compañero en la escuela o la universidad que, con la mejor intención—o a veces simplemente por despiste—acaba robándose el show en cada clase. Ese personaje que, cuando levanta la mano, uno solo piensa: “¡Ay, no, otra vez no!”. Hoy quiero contarles la historia de Kevin, el estudiante que convirtió las preguntas obvias en todo un arte… y que hizo que su profesor mereciera una medalla a la paciencia.
El arte de interrumpir: Kevin, el maestro de lo obvio
Imaginen la escena: el profesor, con toda la calma del mundo, explica que “esta fórmula funciona para cualquier triángulo”. Y antes de que pueda terminar la frase, ahí está Kevin, levantando la mano y preguntando con cara de científico descubriendo América: “¿O sea que funciona para un triángulo?”. La clase se congela, todos se miran de reojo y piensan al unísono: “Por favor, Kevin, ya basta”. Pero Kevin no se rinde. Si el profe dice “si x es igual a 4…”, Kevin lo interrumpe de inmediato: “¡Espere, espere! ¿Entonces si x es 4, x es 4?”. Para ese momento, hasta el alma del profesor parece abandonar el cuerpo unos segundos.
No es que Kevin tenga mala intención. De hecho, él cree que ayuda. Pero como decimos en muchos países de Latinoamérica, “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”. Y es que, lejos de aclarar dudas, sus intervenciones solo logran que todos pierdan el hilo y que el profe tenga que hacer malabares para no perder la paciencia.
No es solo Kevin: historias de preguntas que desafían la lógica
Lo más curioso es que Kevin no es un caso aislado. En los comentarios del post original, muchos usuarios compartieron historias de sus propios “Kevins”. Uno de los relatos más comentados fue el de una señora de más de 60 años en un colegio técnico, que llenaba la clase de preguntas sobre cómo arreglar su router de la casa—¡en una clase de redes! Lo peor es que cuando tuvieron la oportunidad de visitar el cuarto de servidores, ella señaló una simple regleta de enchufes y preguntó: “¿Y eso qué es?”. Imagínense la cara de todos viendo cómo alguien puede perderse tanto.
Otro usuario contó que en su clase de astronomía, la porrista principal pensaba que iba a aprender astrología. Y sí, preguntó cosas como: “Entonces, ¿las estrellas fugaces no son estrellas de verdad?”. Aquí, el ingenio latino no se hizo esperar: “En realidad sí son estrellas, pero de Hollywood. Cuando pierden su contrato las mandan al cielo para una última actuación”, bromeó otro usuario, haciendo reír a todos y demostrando que el humor siempre ayuda a sobrellevar lo absurdo.
¿Ayudar o sabotear? Cuando las preguntas detienen el aprendizaje
Si bien es gracioso recordar estos momentos, muchos también se sintieron frustrados. Como bien dijo un comentarista, “está corriendo el reloj”. Es decir, cada vez que Kevin pregunta algo redundante, el tiempo de la clase se va y los demás pierden la oportunidad de aprender. Otro lo resumió con una frase muy nuestra: “Nos está arruinando la chance de aprender, ¡carajo!”.
Es cierto que uno nunca debe tener vergüenza de preguntar, pero hay preguntas y hay... bueno, preguntas que no tienen pies ni cabeza. Como dijo otro usuario, tratar de entender a estas personas es como “querer oler el color nueve”, una ocurrencia tan absurda como las intervenciones de Kevin.
¿Qué aprendemos de todo esto? La paciencia, virtud de santos (y de profes)
Al final, la vida académica está llena de personajes que nos ponen a prueba. Los profes, sobre todo, desarrollan una habilidad casi sobrehumana para lidiar con Kevins, porristas confundidas y hasta adultos que aún no entienden para qué sirve una regleta. En Latinoamérica, donde la picardía y el humor son parte de nuestro ADN, solemos tomarnos estas situaciones con gracia. Al final del día, todos recordamos a esos compañeros no solo por lo que interrumpieron, sino por las risas y anécdotas que nos dejaron.
¿Tienes tu propio “Kevin” en la clase, el trabajo o la vida? ¿O eres tú el Kevin del grupo? Cuéntanos tu historia en los comentarios y hagamos catarsis juntos. Porque, como dice el dicho, “mal de muchos, consuelo de tontos”... pero al menos nos reímos un rato.
Conclusión: La próxima vez que alguien levante la mano para preguntar si “el triángulo es un triángulo”, respira profundo, sonríe y recuerda: todos tenemos un Kevin en nuestras vidas, y gracias a ellos, ¡las clases nunca son aburridas!
Publicación Original en Reddit: kevin keeps interrupting our prof with the most nonsense questions and its getting unreal