El compañero que creyó que la biblioteca era como Netflix: la historia de Kevin y su “suscripción” literaria
¿Alguna vez te has topado con esa persona en la oficina que te sorprende con ocurrencias dignas de telenovela? Pues déjame contarte la historia de Kevin, un compañero de trabajo que confundió las reglas de la biblioteca con los servicios de streaming. Sí, así como lo lees: para Kevin, pedir un libro prestado era como tener una cuenta de Netflix o Spotify, ¡y su lógica te hará reír a carcajadas!
Imagínate la siguiente escena: estamos en la hora del café, hablando de multas y recargos, cuando Kevin suelta así, casual, que “canceló su libro” de la biblioteca pública el año pasado. Todos nos quedamos viéndolo, entre confundidos y esperando a que revelara el chiste. Pero no, lo decía muy en serio. Después de unos minutos de preguntas y caras de “no puede ser”, descubrimos la verdad: Kevin creía que, al no devolver el libro, empezaba a pagar una especie de suscripción mensual para quedarse con él. Como si la biblioteca fuera un combo entre Amazon Prime y la tiendita de la esquina.
Cuando la biblioteca se convierte en Netflix: la lógica de Kevin
En Latinoamérica, las bibliotecas son lugares casi sagrados, donde la señora bibliotecaria te mira con cara de “ni se te ocurra rayar el libro” y todos aprendemos desde chicos que los libros hay que devolverlos a tiempo, o te cae la temida multa. Pero Kevin, en su mundo moderno y digital, pensó que la cosa era como en las plataformas de streaming: si no devuelves el libro, simplemente te cobran cada mes y sigues disfrutando.
Según nos contó, después de darse cuenta de que le gustaba mucho el libro que pidió prestado, decidió dejarlo en casa y asumir que la biblioteca le cobraría una tarifa mensual, como si fuera una membresía exclusiva para quedarse con ese ejemplar. Por supuesto, nunca leyó las reglas. Cuando “canceló su suscripción”—es decir, cuando devolvió el libro un año después—se llevó la sorpresa de su vida: la biblioteca solo le cobró una tarifa única, no mensual. ¡Imaginen su cara de shock!
Las bibliotecas NO son rentas de películas… y los comentarios lo confirman
La anécdota de Kevin explotó en internet y no tardaron en llegar los comentarios de quienes también han tenido historias curiosas con libros de biblioteca. Un usuario mencionó: “¿O sea, puedes pagar una multa y quedarte con el libro?” Otro le respondió que, por lo general, es más barato comprar el libro en una librería o por internet, pero si lo pierdes, la biblioteca te cobra una tarifa de reemplazo (que puede ser más cara porque los libros de biblioteca suelen tener encuadernado especial y hasta chip RFID para controlarlos).
Incluso hay quienes han tenido que pagar porque su perro (¡ironía total!) se comió el libro, o porque el libro simplemente desapareció en alguna mudanza. Una bibliotecaria comentó que a veces conviene pagar la multa porque así la biblioteca compra una versión más nueva, aunque a veces los lectores extrañan la edición antigua. También surgió el debate de si no sería mejor simplemente regresar el libro y comprar uno propio, para evitar problemas.
En algunos países de Latinoamérica, las bibliotecas ya ni cobran multas diarias, sino una tarifa tope, y si no devuelves el libro, simplemente no puedes pedir más hasta que lo regreses. Incluso hay sistemas pensados para niños donde no hay multa, pero sí una “penitencia” simbólica, como esperar el mismo número de días que te retrasaste antes de poder sacar otro libro. Así, se fomenta la responsabilidad sin afectar el bolsillo.
El precio de “olvidar” un libro: ¿vale la pena?
Muchos lectores se preguntaron si realmente conviene “olvidar” un libro en casa y pagar la multa para quedártelo. La realidad es que, además de que sale más caro (por el encuadernado especial y el proceso administrativo), las bibliotecas pierden al no poder reponer fácilmente los ejemplares. Un comentarista contó que procesar un libro nuevo puede costar el triple que una edición popular y que lo mejor es buscar ediciones usadas en librerías de viejo o en línea, antes de quedarte con un libro de biblioteca.
Pero claro, todo esto no impidió que varios recordaran anécdotas divertidas, como aquel que devolvió DVDs y temporadas completas de series años después, o la persona que encontró el libro perdido mucho tiempo después y decidió adoptarlo como un recuerdo de sus aventuras lectoras.
Moraleja: Lee las reglas… ¡y devuelve tus libros!
La historia de Kevin es un recordatorio de que no todos los servicios funcionan como Netflix o Spotify, y que la biblioteca sigue siendo un lugar donde las reglas importan (y la señora bibliotecaria no perdona). Además, es una muestra de cómo la tecnología ha cambiado nuestra forma de entender el mundo, al grado de que ya hasta los libros parecen “suscripciones”.
Así que, la próxima vez que pidas un libro prestado, recuerda: no es un maratón de series, es un compromiso con la cultura y la comunidad. ¿Tienes alguna anécdota parecida? ¿Te ha pasado algo insólito en la biblioteca de tu ciudad? ¡Cuéntanos en los comentarios! Y no olvides devolver tus libros, porque aquí no hay “paquete premium”.
Publicación Original en Reddit: my kevin thought a library book was a subscription service