El cliente del “Hiltin” y el arte de quejarse: Crónicas de una recepción hotelera
¿Quién no ha escuchado alguna vez la clásica frase: “En otro hotel sí me dieron eso”? Si trabajas en el mundo de la hotelería, seguro que ya te suena tan familiar como el café frío de las madrugadas. Hoy te traigo una historia digna de telenovela, de esas que solo pueden pasar en la recepción de un hotel de paso, donde el cliente cree que todo el mundo gira alrededor de sus caprichos. Prepárate para reír, indignarte y, sobre todo, sentirte identificado si alguna vez te ha tocado lidiar con este tipo de huéspedes.
El hotelito olvidado y la llegada del “Hiltin Team”
Todo comienza en uno de esos hoteles que no ganan premios, pero sí montones de historias. Según el recepcionista protagonista, es el hotel peor calificado de la ciudad; pero como es una ciudad de paso, el negocio nunca falta. Mitad del hotel renovado, mitad con más años que el “Chavo del 8”. En plena temporada baja y con solo siete check-ins en todo el turno, llegan dos hombres y un niño buscando habitación. El problema: la reserva la hizo la mamá y, como buen clásico latinoamericano, ella es la que tiene la tarjeta. Tocó esperar que llegara.
Cuando finalmente aparece la señora, todo fluye. El recepcionista, viendo que han esperado un buen rato y que el lobby está vacío, decide darles una de las mejores habitaciones (¡incluso la reservada para una auditoría!). Todo perfecto… hasta que la señora vuelve una hora después, con cara de “no quiero ser grosera, pero…” —y ya sabemos que cuando alguien empieza así, la queja viene fuerte.
“En el H es mejor (y más barato)”: Comparaciones odiosas
La señora, con tono de drama de novela de las nueve, le suelta al recepcionista: “Mire, reservamos aquí por la empresa de mi esposo, nos salió en 90 dólares la noche, pero en el otro hotel donde estoy yo, el H… ¡es increíble y cuesta solo 85! Y ahora estoy lejos de mis hijos, no puedo estar con ellos, y encima aquí fue más caro. ¿No puede hacer algo?”. El recepcionista, que ya está en modo “robot de servicio al cliente”, intenta explicarle que no maneja las tarifas y que ya tiene una de las mejores ofertas que ha visto, pero la señora sigue: que si el H es pet friendly, pero no les dejan llevar perros, que si los hijos están lejos, que si todo es complicado… En fin, un enredo digno de sketch de Eugenio Derbez.
Aquí es donde la comunidad de Reddit se puso creativa. Un usuario comentó: “Eso es como ir a McDonald’s a pedir una Whopper… Si tanto le gusta el H, ¿por qué no se queda allá?”. Otro agregó: “Creo que solo buscan que uno se sienta mal y les quiera impresionar. Pero aquí no hay milagros, señora”. Y es que, como buen latino sabe, siempre hay quien compara la torta de su abuela con la de la pastelería y espera que además le den descuento.
Las incidentales y la eterna batalla de la tarjeta
Por si fuera poco, la señora aún quería regatear el precio (y eso que ya tenía una tarifa mucho menor al promedio). En los comentarios, varios recepcionistas compartieron su sufrimiento con el tema de las tarjetas de crédito para incidentales. Uno contó: “Una vez una señora me aseguró que en 60 años nunca le habían pedido tarjeta para incidentales. Le expliqué que no importa, que aquí sí y punto. Al final, o ponía la tarjeta o se iba. Se enojó, pero ni modo”. Otro agregó en tono de burla: “Bueno, si nunca se ha hospedado en un hotel antes, tal vez tiene razón, ¿no?”. Y es que en Latinoamérica, el tema de los depósitos y tarjetas para daños en habitaciones todavía saca chispas. Muchos clientes creen que pueden convencer al recepcionista con una sonrisa o con el clásico “te lo juro que no voy a romper nada”, como si uno pudiera adivinar el futuro.
El arte de quejarse y la paciencia de los recepcionistas
La historia termina con la señora pasando de nuevo por la recepción, lanzando su dardo final: “Deberías ver el H, es muuuucho mejor que esto, no lo entiendo”. Y el recepcionista, con la paciencia de un santo, solo pensó: “No me interesa el H…”.
Como bien resumió otro usuario: “Siempre hay quienes creen que porque es Navidad uno debe romper todas las reglas solo para ahorrarles cinco dólares. ¡Por favor! Uno no es Santa Claus”.
En Latinoamérica, sabemos que la atención al cliente implica tragarse el orgullo, sonreír aunque te estén insultando sutilmente, y sobre todo, saber que nunca vas a complacer a todos. Como en la tiendita del barrio, siempre habrá quien compare, quien regatee y quien crea que el mundo debe adaptarse a su antojo. Pero también, cada anécdota es material para reírse luego con los compañeros y para entender que, al final, nadie se acuerda del precio de la habitación, pero sí de lo bien (o mal) que los trataron.
¿Y tú, tienes alguna historia parecida atendiendo clientes difíciles? ¿Qué es lo más absurdo que te han pedido o reclamado? Cuéntanos en los comentarios, ¡que seguro aquí nos entendemos y nos reímos juntos!
Publicación Original en Reddit: but, but, but the Hiltin