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El 'Cliente del Año': Crónica del huésped más creído del hotel

Ilustración en 3D de un hombre seguro de sí mismo registrándose en un hotel, mostrando derecho y arrogancia.
Conoce al Sr. Chud, el epítome del privilegio, registrándose con confianza en un hotel lleno en la víspera de Año Nuevo. Esta vibrante ilustración en 3D captura la esencia de su audaz actitud mientras se prepara para disfrutar la noche. ¿Logrará conseguir lo que quiere?

Si alguna vez trabajaste en hotelería o tienes amigos en ese mundo, seguro te han contado historias de huéspedes que se creen reyes, dueños del hotel y medio barrio. Pero, ¿qué pasa cuando uno de estos personajes aparece justo en Año Nuevo, el día más caótico para cualquier hotel? Hoy te traigo la historia de “Don Chud”, el clásico cliente que pensó que el mundo giraba a su alrededor… y terminó ganándose el trofeo al más creído del año.

El amanecer de Año Nuevo y la llegada del “señor importante”

Imagina: son las 8 de la mañana del 31 de diciembre, el hotel acaba de sobrevivir una noche al 99% de ocupación, el personal está a mil cambiando sábanas y recogiendo toallas, y por si fuera poco, esa noche está todo vendido de nuevo. Justo en ese momento, entra Don Chud rodando su maletita de ejecutivo como si llegara a un evento de la realeza.

— “Voy a hacer check-in. Apellido Chud.”

Ya desde esa frase, uno siente ese aire de superioridad que solo tienen los que creen que por reservar en Booking ya deberían recibir trato de embajador. El recepcionista, con la paciencia de un santo, revisa y le ofrece el único cuarto con cama king disponible.

Pero claro, Don Chud no vino a conformarse:

— “¿Y no hay upgrades disponibles?” pregunta con esa voz de “yo exijo, no pido”.

Cuando le explican que no hay mejoras porque el hotel estuvo lleno la noche anterior y, además, le informan que por llegar nueve horas antes de la hora de check-in hay que pagar una tarifa extra de 50 dólares, el tipo pone cara de “¿sabes con quién estás hablando?”

— “¿Pero aunque sea miembro?” — “Reservó por agencia externa, no veo su membresía. Si fuera Elite, podría entrar gratis.” — “No creo ser Elite. ¿Pero aunque esté el cuarto disponible hay que pagar?”

La respuesta es sí, porque así funcionan los hoteles, sobre todo cuando el personal apenas está logrando preparar todo para el siguiente turno.

El arte de exigir… y el premio al más creído

Aquí es donde la cosa se pone sabrosa. Don Chud, no conforme, pide hablar con el gerente, como si de verdad creyera que el gerente iba a aparecer mágicamente solo para él a las ocho de la mañana. El recepcionista, calmado, le ofrece el único cuarto king que hay, pero eso no le basta. Hasta le cambia el piso por error y Don Chud pone la cara más larga que un domingo sin fútbol.

Al final, como quien concede un favor, acepta pagar el recargo y recibe su llave. Pero la historia no termina ahí: días después, vuelve al mostrador asegurando que le prometieron que el gerente le iba a quitar la tarifa. Spoiler: nadie le quitó nada.

Un comentario en el foro lo resumió perfecto: “Esperó hasta el último día del año para ser el cliente más pesado. Quería asegurarse el premio sin competencia.” Y es que, en serio, ¿quién intenta entrar al hotel nueve horas antes y encima exige que le regalen la entrada? Como dijeron varios empleados de hotelería: “A esa hora, ni el auditor se ha ido. Si te dejo entrar, te cobro la noche anterior.”

La comunidad opina: el cliente que pide y pide… y la lección de la humildad

Los que han trabajado en hoteles saben que la paciencia tiene un límite. Algunos comentaron que en sus hoteles, si alguien llega tan temprano, ni siquiera se considera early check-in: te cobran la noche anterior o te dicen que vuelvas cuando sea hora. Otros, más buena onda, contaron cómo han hecho excepciones cuando la persona viene con una emergencia o pide el favor con humildad.

Una usuaria recordó el caso de una empleada que le permitió entrar antes porque su papá iba a cirugía, y que por agradecimiento le llevó donas y una tarjeta de regalo. “La diferencia está”, decían, “en pedir las cosas con respeto y no como si el hotel fuera tuyo”.

Otro comentario con el que muchos se identificaron: “Cincuenta dólares por entrar nueve horas antes… ¡yo los pago feliz! Este tipo no sabe la suerte que tuvo de conseguir cuarto a esa hora.” Y es cierto: la mayoría de los hoteles, si están llenos, ni te miran en la mañana. Si tienes suerte, te guardan la maleta y te invitan un café.

Hasta hubo quien bromeó: “El internet dice que hay habitaciones”. Sí, claro, pero para mañana, campeón. El clásico error de creerle más al sitio web que al recepcionista que tiene la lista real en la mano.

¿Qué aprendemos? No es lo que pides, es cómo lo pides

La moraleja es clara: en Latinoamérica, como en cualquier lado, la amabilidad abre puertas, y la prepotencia solo te gana miradas de fastidio y, si tienes suerte, el premio al cliente más creído del año. Todos queremos que nos den un extra, pero exigirlo solo porque sí es como querer que te den el último pedazo de rosca de Reyes por ser “el invitado especial”.

En fin, Don Chud se fue con su cuarto (y su recargo), pero se ganó el reconocimiento de todos los trabajadores del hotel… como el huésped más insufrible del año.

¿Te ha tocado lidiar con un cliente así? ¿Trabajas en hotelería y tienes anécdotas de pesadilla? Cuéntanos en los comentarios, ¡y no olvides que la próxima vez que pidas un favor, la sonrisa y el “por favor” pueden valer más que cualquier membresía Elite!


Publicación Original en Reddit: And the Most Entitled Asshat of the Year Award Goes to…