El ataque silencioso: la historia del danés que “fumigó” el lobby del hotel
En todos los trabajos hay anécdotas para contar, pero quienes hemos trabajado en hoteles sabemos que cada día trae una historia nueva, y a veces, literalmente, ¡un aire diferente! Hoy te traigo un relato tan surrealista como cómico, digno de contarse en la sobremesa familiar: la vez que un señor danés decidió “perfumar” el lobby de un hotel alemán, dejando a propios y extraños… ¡boquiabiertos y tapándose la nariz!
Trabajar en la recepción de un hotel puede ser una aventura. Uno espera lidiar con quejas por el wifi o preguntas sobre el desayuno, pero nadie te prepara para el “ataque aéreo” de un huésped desinhibido. Prepárate para reírte y asombrarte con esta historia que, aunque cueste creerlo, sucedió de verdad.
El huésped que llegó con viento… del norte
Era una tarde tranquila en una ciudad alemana, una de esas donde el tiempo pasa lento y lo más emocionante del día suele ser ver a los turistas peleando con el mapa. En medio de la rutina, una pareja mayor de Dinamarca llegó a registrarse. Hasta ahí, todo normal: sonrisas, intercambio de documentos y el típico “bienvenidos, que disfruten su estancia”.
Pero todo cambió media hora después. Mientras la recepcionista, con dos décadas de experiencia, terminaba unos papeles, escuchó un sonido inconfundible: ¡un pedo seco y breve! Levantó la vista y reconoció al caballero danés de antes, acompañado de su esposa. ¿Había escuchado bien, o sería otra cosa? No alcanzó a resolver la duda cuando el señor, ni corto ni perezoso, repitió la hazaña. Esta vez, con más ganas, separando bien las piernas como quien se prepara para un tiro libre, optimizando el “flujo” para máximo alcance.
La esposa, con la resignación de quien ya ha visto todo en la vida, le soltó un codazo suave y una mirada de “otra vez, viejo”, pero no dijo más. Se sentaron en el lobby como si nada. El caballero, fresco como una lechuga, pidió un gin tonic y se puso a disfrutar la tarde, mientras el aire del lobby “se renovaba” por medios naturales.
Cuando el pedo es cultura, humor y hasta arma secreta
Para muchos, un pedo es motivo de vergüenza o chistes entre amigos, pero en esta historia se volvió casi un acto de performance. Y no fue el único caso memorable, como contó otro usuario: “El peor pedo de mi vida vino de una abuelita asiática en el lobby. El olor era tan inhumano que parecía que un perro gigante se había hecho encima de un gato muerto”. Otros bromearon que el ingeniero del hotel debía revisar si las paredes seguían en pie.
En los comentarios, hubo quien filosofó: “Nada mejor que cuando dudas si escuchaste bien y luego ves que sí, confirmadísimo. Y el huésped, como si nada, feliz de la vida”. Y claro, también surgieron teorías: quizá el señor danés era un “gran maestro” en el arte de la flatulencia estratégica, como esos tíos que en la fiesta familiar no les importa nada y sueltan todo su repertorio, para horror y risa de los demás.
Un usuario fue más allá y dijo que hay gente que disfruta provocar reacciones con estas “bombas silenciosas o no tanto”, casi como una forma de humor negro. En América Latina, todos conocemos a ese pariente o amigo que hace gala de su “poder” y luego se ríe de las caras de asco. Al final, cada cultura maneja el tema a su manera, pero es universal eso de reírse (o sufrir) por un buen pedo en el momento menos oportuno.
¿Desconsiderado o simplemente humano?
Algunos comentaron que después de horas viajando en auto, lo más normal es llegar y soltar todo en un espacio amplio. “Después de tres horas de viaje, uno llega al lobby y ahí sí, a fumigar con confianza”, dijo un usuario medio en broma, medio en serio. Y es que, seamos honestos, ¿quién no ha sentido alivio al “liberarse” después de un viaje largo?
Eso sí, la cuestión aquí no fue la necesidad, sino el descaro. El recepcionista, experto en el arte de la diplomacia, confesó que jamás había visto algo así en veinte años de trabajo. En Alemania, como en muchos países, la gente suele ser reservada con estos temas, pero parece que el espíritu vikingo del caballero danés era más fuerte que cualquier protocolo.
Y si hablamos de la esposa, su reacción fue la joya de la historia: ese codazo cómplice, esa mirada de “ya ni modo”, nos recuerda a todas las parejas de larga data que ya no se hacen drama por nada. En el fondo, todos tenemos algo de ese señor danés o de su esposa resignada.
Pedos célebres y lecciones de humildad
La anécdota se volvió viral porque, aunque suene trivial, nos conecta con algo muy humano: la risa ante lo inesperado y la capacidad de tomarnos la vida menos en serio. Como alguien comentó, “a veces no se puede evitar, pero otras veces sí se puede provocar… y vaya que este señor lo hizo a propósito”.
En Latinoamérica, donde la picardía y el humor forman parte de la cotidianidad, seguro esta historia arrancaría carcajadas en cualquier reunión. Y es que, al final, todos tenemos un amigo, un abuelo o un compañero de trabajo que podría protagonizar su propia versión de “El ataque silencioso”.
¿Y tú, tienes alguna historia parecida? ¿Te ha tocado presenciar un “ataque aéreo” en el momento menos esperado? Cuéntanos en los comentarios, que aquí nadie juzga… ¡solo reímos juntos!
Publicación Original en Reddit: The scandinavian fart fly by