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El arte de la queja: ¿Por qué siempre nos molestan los trabajos de mantenimiento en hoteles?

Ilustración de anime de un cliente frustrado en un establecimiento descuidado, resaltando la necesidad de mantenimiento.
En esta vibrante escena de anime, vemos a un cliente frustrado rodeado de signos de abandono, subrayando la importancia del mantenimiento regular. Cuando los establecimientos descuidan su cuidado, arriesgan decepcionar a sus clientes.

¿Alguna vez te has alojado en un hotel y justo cuando empiezas a disfrutar de tu desayuno o a saborear esos últimos minutos de sueño, escuchas el rugido de un soplador de hojas o el golpeteo de una remodelación? Sí, ese sonido que parece perseguirte hasta en vacaciones y que, a las 8 de la mañana, te hace preguntarte si el universo conspira contra tu descanso. No eres el único… y créeme, esta historia es pan de cada día en la vida hotelera.

Y es que, aunque todos queremos lugares relucientes, jardines bien podados y habitaciones impecables, parece que el mantenimiento siempre escoge el peor momento para recordarnos que el mundo sigue girando (y haciendo ruido). Pero, ¿qué pasa cuando el quejarse se vuelve casi un deporte nacional? Hoy te traigo una historia real —y un desfile de quejas tan pintorescas como universales— que te hará reír, reflexionar y, quién sabe, tal vez hasta sentir un poquito más de empatía por quienes mantienen nuestros espacios limpios y bonitos.

El huésped y el soplador: una oda a la queja matutina

La mañana apenas comenzaba. Entre bostezos y café recién hecho, el equipo de recepción de un hotel empieza su jornada, cuando aparece un caballero, con cara de pocos amigos y una frase que ya es clásica en el mundo del servicio: “Yo normalmente no soy de quejarme, ¡pero…!” Si eres latino, seguro has escuchado el equivalente en alguna fila del banco, la panadería o en la consulta médica: “No es por molestar, pero…”

Nuestro protagonista, indignado, suelta la bomba: “¡Todo ese ruido de los sopladores de hojas no es lo primero que quiero escuchar tan temprano! Es otoño, ¡las hojas van a seguir cayendo! Es demasiado fuerte… pero bueno, supongo que ustedes también tienen que escucharlo, ¿no?” Y claro, la recepcionista, con esa sonrisa diplomática que solo los latinos sabemos poner cuando queremos evitar un conflicto, asiente y trata de calmar el ambiente.

Pero la realidad es que, como dice el dicho: “El que quiere celeste, que le cueste.” Si queremos jardines lindos, alguien tiene que hacer el trabajo, ¡y a veces el único horario disponible es a la hora del gallo!

Entre el ruido y la tolerancia: ¿quién aguanta más?

Lo curioso es que todos, en mayor o menor medida, nos hemos sentido molestos por el típico camión de la basura que pasa a las 6 de la mañana o el vecino que decide cortar el pasto justo cuando quieres dormir la siesta. En los comentarios de la comunidad, varias personas relatan cómo, para muchos, a las 8 a.m. ya llevan horas trabajando, y que en realidad los trabajadores de mantenimiento preferirían empezar incluso más temprano para evitar el tráfico o el calor.

Un usuario incluso apunta: “En mi barrio, el límite para hacer ruido fuerte es a las 10 de la mañana. Como soy de turno nocturno y me levanto a esa hora, odio escuchar la maquinaria a las 8, pero sé que no hay mucho que pueda hacer.” ¡Cuántos de nosotros no hemos pensado lo mismo mientras tratamos de ignorar el taladro o los martillazos del vecino!

Y como bien dice otro comentarista: “Si eres de sueño ligero, ¡llévate tapones para los oídos o quédate en tu casa! El trabajo se tiene que hacer.” No es por nada, pero aquí en Latinoamérica, esa lógica de “póngase cómodo o aguante vara” es ley sagrada.

El síndrome del huésped exigente: cuando nada les parece

Sin embargo, hay huéspedes que parecen esperar que el hotel funcione con magia: jardines perfectos, habitaciones relucientes y, eso sí, ni un solo trabajador a la vista. Una persona compartió una reseña negativa que decía: “Ver a las camaristas y su equipo es abrumador.” ¿Esperaban un escuadrón de limpieza ninja o robots invisibles que limpien sin que nadie los vea?

Pero lo más gracioso es que, por más que se intente complacer a todos, siempre habrá quien se queje: si el pasto está alto, “¡qué desorden!”; si hay mariposas y polillas porque dejaron crecer el césped, “¡qué incómodo!”; si hay remodelación, “¡no puedo dormir!” Como decimos por aquí, “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.”

Y ojo, que no todo es culpa del hotel. A veces la gente cree que tiene derecho a reclamar por cosas que ni siquiera están bajo el control del personal: el ruido de la avenida, la luz de las lámparas, la ubicación del hotel… En palabras de la comunidad: “No puedo llamar al de mantenimiento para que arregle la autopista que pasa al lado.”

Reflexión final: un poco de paciencia y mucha empatía

Quizás la próxima vez que escuches a los trabajadores podando el jardín o recogiendo la basura a temprana hora, recuerda que ellos solo están haciendo su trabajo, muchas veces bajo el sol, la lluvia o trasnochando. Como bien dijo un comentarista: “Los camiones de basura pueden venir a la hora que quieran, con tal de que se lleven la basura.”

Y si tienes la tentación de decir “No soy de quejarme, pero…”, piénsalo dos veces. Seguro hay una historia detrás y, a veces, un poco de humor y empatía hacen que la convivencia sea mucho más llevadera, tanto para los huéspedes como para quienes hacen posible que todo esté en orden.

¿Tú también tienes una historia de quejas en hoteles o en tu barrio? Cuéntanos en los comentarios, ¡que aquí nos reímos juntos y aprendemos a convivir con el ruido del mundo!


Publicación Original en Reddit: Maintenance makes the people mad