El amor se sirve caliente: la historia de mi señora del desayuno favorita
¿Alguna vez has sentido que alguien en tu trabajo realmente te entiende, al grado de hacerte sentir como si estuvieras en casa? Así me siento yo cada vez que termina mi turno nocturno y mi querida señora del desayuno me recibe con ese olor celestial a galletas recién horneadas y gravy de salchicha. Ahora, déjame contarte por qué, para mí, no hay mejor forma de terminar la noche (o empezar el día) que con su desayuno y su compañía.
Un turno nocturno, un desayuno inolvidable
Trabajar en un hotel puede ser toda una aventura, especialmente cuando te toca el turno mixto: a veces de 3 a 11 de la noche, y otras veces auditando cuentas de 11 de la noche a 7 de la mañana. Puede sonar pesado, pero hay una razón poderosa que me alegra el alma y el estómago: mi señora del desayuno, a quien llamaremos con cariño "Doña Debbie".
En muchos hoteles de Latinoamérica, el desayuno es más que una comida: es un momento sagrado. Pero cuando uno trabaja de noche, la vida puede sentirse solitaria y el cansancio te pega duro. ¡Aquí entra Doña Debbie al rescate! Ella, con ese sexto sentido que sólo tienen las abuelitas o las tías consentidoras, siempre me pregunta cuándo será mi próximo turno matutino y, como por arte de magia, ese día aparecen en el buffet sus famosos biscuits (galletas saladas estilo americano), gravy con salchicha, papas doradas tipo Yukon gold y, para rematar, esos muffins de blueberry con cubierta de crumble que están para perder la cabeza.
No exagero: este gesto hace que el esfuerzo valga la pena. Es ese tipo de detalles que, como decimos en México, "no tienen precio". Y, como comentó un lector en el foro donde compartí mi historia, seguro algo bueno hago yo también, porque ella me regala lo mejor de sí. ¡Así da gusto trabajar!
El arte de consentir (y ser consentido) en el trabajo
En Latinoamérica estamos acostumbrados a que el cariño se demuestre con comida. Desde la abuelita que te espera con tamales hasta el compañero que trae pan dulce para todos, aquí dar de comer es un acto de amor. Por eso, entenderás lo que se siente cuando alguien en tu chamba se toma el tiempo de cambiar todo su menú solo para verte sonreír después de una larga noche.
Como bien dijo otro usuario del foro, hay tantas historias terroríficas de personal de desayuno que da gusto leer una así, donde el trato es de familia. Y no es sólo la comida: Doña Debbie también me alegra la mañana con sus historias, sus bromas y esa energía que parece inagotable. Después de horas revisando cuentas en soledad, su compañía es como un abrazo calientito.
No todos tienen la suerte de tener un ambiente así. Uno de los comentaristas contaba, medio en broma, que ni siquiera logra que le suban un café en las mañanas. ¡Aquí se nota la diferencia entre trabajar por obligación y trabajar con corazón!
Pequeños gestos, grandes recuerdos
Historias así me recuerdan anécdotas de nuestra gente: desde la señora que te invita un cafecito en la oficina hasta el vecino que comparte el pan dulce en la mañana. Son esos detalles los que crean comunidad. Un usuario del foro contó que, en sus tiempos de gerente en un restaurante, una señora brasileña le preparaba limonada fresca sólo porque sabía que le gustaba. Así de sencillo y así de poderoso.
En mi caso, la relación con Doña Debbie va más allá de la comida. Ya le he dicho en confianza que podría comer gravy con galletas cinco días a la semana y no me cansaría. Pero lo que más me llena es saber que alguien se toma la molestia de preguntar por mi horario y ajustar su rutina para hacerme sentir especial. Eso, amigos, es algo que nunca se olvida.
Y sí, no faltó quien reconoció que, en Las Vegas o en cualquier lugar, un buen desayuno de biscuits y gravy es el placer culpable por excelencia. Aquí entre nos, yo creo que todos deberíamos tener una Doña Debbie en la vida.
El desayuno, ese momento mágico para empezar (o terminar) el día
En el México de mi infancia, el desayuno era el momento para planear el día y compartir con la familia. Ahora, trabajando en hotelería, he descubierto que ese mismo espíritu puede vivirse entre compañeros y clientes. El desayuno con Doña Debbie se ha convertido en mi ritual: como, platico, me río un rato y después me voy a casa, listo para dormir como bebé después de un banquete.
Así como algunos prefieren chilaquiles o tamalitos, yo me he vuelto fan de sus biscuits con gravy de salchicha y muffins gigantes. Y aunque a veces alguien comete el error de pedir gravy sin salchicha (¡eso sí no se vale!), todos coincidimos en que el desayuno puede ser el mejor momento del día si hay cariño en la mesa.
¿Y tú, ya diste o recibiste un detalle especial hoy?
Si algo me ha enseñado esta historia es que todos podemos ser esa persona que alegra el día de alguien más. Ya sea con una taza de café, un panecito o una sonrisa, los pequeños gestos hacen grande cualquier jornada laboral.
¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Tienes a tu propia Doña Debbie que te consiente? Cuéntame tu historia en los comentarios o comparte este post con esa persona especial a la que quieres agradecer. Porque, al final, todos necesitamos un poquito de cariño servido en plato grande.
¡Buen provecho y que tengas un excelente día!
Publicación Original en Reddit: My breakfast Lady loves me!! ❤️