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El último día en la oficina: 700 tarjetas y una pequeña venganza legendaria

Escena cinematográfica de un hombre empacando sus pertenencias en su último día en la oficina, reflexionando sobre su trayectoria en ventas.
Al caer el sol en mi último día en la oficina, reflexiono sobre cuatro años de retos y logros en ventas. Este momento cinematográfico captura la despedida agridulce de un capítulo lleno de lecciones y recuerdos.

¿Alguna vez has soñado con dejar tu chamba haciendo algo inolvidable? Hay gente que simplemente se va en silencio, pero otros… bueno, otros dejan huella. Hoy te traigo la historia de un vendedor que, harto de las injusticias laborales y las malas jugadas de su jefe, decidió despedirse de la oficina de una forma tan creativa y pícara que hasta los mismísimos diablillos en el trabajo la aplaudirían.

Todo comenzó en una empresa chiquita, de esas donde todos se conocen, los chismes vuelan más rápido que los correos y el ambiente puede ser tan pesado como el calor de la CDMX en abril. Nuestro protagonista, un vendedor de 29 años, llevaba casi cuatro años dándolo todo… solo para que, mientras sus ventas crecían, su sueldo bajaba por “restructuración”. Para colmo, el jefe era de esos que no se cansan de buscar pleito, pero tampoco se animan a despedirte. ¿Te suena familiar?

La espera del adiós… y la chispa de la creatividad

El último día llegó. Por la mañana le quitaron sus cuentas, pero le pidieron quedarse hasta las 3 para la típica “entrevista de salida” (que en Latinoamérica muchos sabemos que es solo un trámite y a veces pura pantalla para Recursos Humanos). Su escritorio ya estaba limpio, no tenía nada que hacer y… ahí, la inspiración.

En vez de perder el tiempo viendo el reloj o revisando memes en el celular, vio una caja y media de tarjetas de presentación —unas 700— que le habían sobrado. Y entonces, como buen latino creativo, pensó: “¿Qué hago con esto? ¿Las tiro? Naaah… Mejor las dejo como mi legado”.

La operación “Tarjeta Fantasma”: un plan maestro

No vayan a pensar que las dejó en un solo lugar, como quien olvida el tupper en el refri de la oficina. ¡Para nada! Cada tarjeta fue cuidadosamente “sembrada” en los lugares más insospechados: entre las persianas del jefe (¡cuando las bajen va a llover tarjetas!), debajo de los tapetes transparentes de las sillas, dentro de rollos de papel toalla (para que cayeran una por una al usarlas), en la botiquín de primeros auxilios, detrás de los cuadros, forrando las ventanas de la sala de juntas… y, por si fuera poco, en cada caja abierta del almacén.

Imagínate la cara de los que se queden: abren una caja de archivos, ¡pum!, su tarjeta. Bajan las persianas, ¡lluvia de tarjetas! Buscan una curita, ¡tarjeta! Como dijo un usuario en los comentarios de Reddit: “Eso sí es una forma de que te recuerden”. Y otro: “¡Jugando a las escondidas a largo plazo!” (o en buen latino: una cacería de tesoros que ni los Reyes Magos).

La comunidad responde: humor, nostalgia y nuevas ideas

No faltaron los que aplaudieron la jugada. Uno comentó: “Eres miembro honorario de la Sociedad de la Venganza Pequeña”. Y claro, hubo otros que compartieron historias similares, como aquella despedida de soltero donde escondieron 46 tarjetas de strippers por toda la casa de un amigo… y pasaron ¡15 años! hasta que salió la última, dentro del recetario de la abuela. ¿Te imaginas encontrar una tarjeta así años después? Como decimos por acá: ¡eso es sembrar recuerdos!

En los comentarios también surgieron ideas aún más traviesas, como cambiar las tarjetas del jefe por las propias o esconder etiquetas con mensajes secretos. Y no faltó quien recordó la clásica broma de oficina latinoamericana: poner un post-it bajo el mouse para que no funcione, o cambiar las teclas del teclado.

Otros se animaron a compartir cómo despedirse del trabajo con un toque de humor es casi un acto de justicia poética: “No dañaste nada, solo aumentaste el nivel de anécdotas en la oficina. Bravo”, decían. Para muchos, estas pequeñas bromas hacen más llevadera la rutina laboral, y hasta pueden unir al equipo… o al menos, darles algo de qué reírse por años.

Reflexión final: ¿Venganza pequeña o arte latinoamericano?

En el fondo, la historia va mucho más allá de una simple travesura. Habla de cómo, en un ambiente donde a veces no se reconocen los esfuerzos, los empleados encuentran formas de dejar su huella. Porque, seamos honestos, ¿quién no ha tenido ganas de hacer algo así cuando siente que no valoran su chamba?

En Latinoamérica, donde el sentido del humor es casi terapia nacional y la creatividad no conoce límites, estas historias nos recuerdan que, incluso en los días grises, podemos encontrar formas ingeniosas de reírnos del sistema. Y si de paso le dejas a tu jefe un recordatorio de que alguna vez estuviste ahí, pues mejor.

¿Tú qué harías en tu último día? ¿Te animarías a una broma así o prefieres la salida silenciosa? Cuéntanos tu historia en los comentarios y comparte este post con ese compa que siempre tiene una anécdota de oficina para contar. ¡Que vivan las pequeñas venganzas bien hechas!


Publicación Original en Reddit: Last Day In The Office.