Dinero es dinero': El día que una clienta quiso pagar con pura morralla y le salió el tiro por la culata
¿Alguna vez te ha tocado ese cliente que llega de mal humor y parece que su misión en la vida es ponerte a prueba? Seguro que sí. Todos los que han trabajado en atención al cliente saben que a veces la paciencia se pone a prueba más que la calculadora del súper. Hoy te traigo una historia real —directo desde Reddit— que mezcla ingenio, cumplimiento de reglas a la mexicana y un poco de “karma instantáneo”. Así que ponte cómodo, porque aquí aprenderás cómo hasta la morralla puede ser un arma secreta cuando se usa con astucia.
La regla de oro (o de los cinco dólares)
En muchos supermercados de Latinoamérica, así como en Estados Unidos, existen reglas que parecen más diseñadas para fastidiar que para ayudar. Una de ellas es el famoso “mínimo de 5 dólares para pagos con tarjeta”. Sí, aunque sea con Apple Pay o la tarjeta más fifí, si no gastas lo suficiente, toca pagar en efectivo. ¿Por qué? Bueno, como comentó alguien en el post original, cada vez que usas la tarjeta, la tienda tiene que pagar una comisión al banco. Por eso, si alguien quiere comprar solo un chicle con tarjeta, al negocio casi no le conviene.
Pero lo más simpático es que, según cuenta la autora del relato (u/kittyqueen_gataorli), ella solo aplica esa regla cuando hay supervisores cerca... o si el cliente se pone pesado. “Tú me entiendes”, dice, y claro que sí: en estos trabajos uno aprende a distinguir entre el cliente buena onda y el que viene a dar lata.
La clienta de la morralla y el famoso “dinero es dinero”
Un día, llega una señora mayor al súper, sin siquiera saludar. Mete sus cosas a la banda y, al momento de pagar, saca una montaña de monedas: cuartos, dimes, nickels y centavos (o sea, toda la morralla que tenía guardada desde el cambio del camión). El total eran como 12 dólares con feriecilla. La cajera, con la mejor sonrisa de “servicio al cliente”, le explica la regla: sí puede aceptar hasta 4 dólares en monedas sueltas, pero para más, tiene que usar la máquina Coinstar que está a unos pasos de la caja. Y aquí viene lo bueno: la señora, indignada, le suelta un “¡dinero es dinero! Eres una floja porque ni sabes contar”. ¡Ándale! Como si trabajar en caja fuera cosa fácil o como si el cajero automático hiciera magia.
La cajera, sin perder la compostura, ofrece ayuda con la máquina, pero la señora se niega y saca un billete de 20... luego se detiene y, con una sonrisa pícara, lo guarda. Saca un billete de 10 y 3 dólares en puras monedas, justo respetando el límite permitido. “Dijiste que el máximo era 4, ¿no?”. Típico de quien busca el hueco legal para salirse con la suya.
Vuelta de tuerca: la venganza servida en centavos
Aquí es donde la historia toma sabor latino. La cajera, resignada, empieza a procesar el pago, pero se le ocurre una idea digna de telenovela: la señora tenía derecho a 67 centavos de cambio... así que la cajera, con toda la parsimonia del mundo, abre el rollo de centavos y le da TODO el cambio en puros centavitos. Despacito, uno por uno. Cuando la doña ve el resultado, protesta: “¿¡Qué es todo esto!?”. Y la respuesta, con sonrisa de catálogo: “Dinero es dinero, ¿no?”. La señora, furiosa, se echa las monedas a la bolsa y se va haciendo pucheros. Dicen que quien a hierro mata...
Lecciones y risas de la comunidad
Lo más divertido de esta historia es que la comunidad de Reddit se prendió con comentarios buenísimos. Por ejemplo, un usuario señaló que la señora también cumplió con las reglas, pero no tenía por qué enojarse si la cajera también las seguía. Otro, con humor muy a lo latino, dijo que la política de no aceptar tanta moneda suelta es para que la fila avance, porque si no, todo mundo se queda atorado mientras cuentas centavitos como si estuvieras jugando lotería.
Y no faltó quien recordó que en muchos países hay límites legales para pagar con monedas, justo para evitar estos dramas. Por ejemplo, en Australia no puedes pagar más de cierta cantidad con monedas del mismo valor. Aquí en Latinoamérica, aunque no siempre hay límites formales, todos sabemos que si llegas con la alcancía a pagar el súper, seguro te mandan directo con el gerente (o de regreso a tu casa).
Algunos también mencionaron el famoso Coinstar, esa máquina que convierte morralla en billetes, pero te cobra una comisión. En el post original, la autora aclara que solo recomienda usarla en casos extremos, porque cobra hasta el 11% de lo que depositas. ¡Con razón la señora prefería desembolsar sus monedas!
Por último, no faltaron quienes compartieron anécdotas propias: desde el que le daban el cambio en monedas de 10 centavos como “castigo” por ser grosero, hasta quien coleccionaba la morralla para ayudar a la tienda cuando se quedaban sin sencillo. Y claro, todos coincidieron en una cosa: tratar con respeto a quienes trabajan en caja, porque la vida ya les da suficientes retos como para aguantar malas caras.
¿Moraleja? La cortesía vale más que mil monedas
Esta historia es el pan de cada día para quienes trabajan en atención al cliente. Entre reglas absurdas, clientes tercos y la eterna batalla de “dinero es dinero”, queda claro que el respeto y la empatía hacen la diferencia. La próxima vez que vayas al súper y tengas la tentación de pagar con pura moneda, piensa en la persona detrás de la caja... y mejor llévale una sonrisa, que a veces vale más que el cambio exacto.
Y tú, ¿has vivido algo parecido? ¿Te ha tocado pagar con morralla o recibir cambio que parecía castigo? ¡Cuéntanos tu historia en los comentarios! Aquí todos hemos sido clientes... y más de uno ha sido cajero.
Publicación Original en Reddit: Money is money