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Despedido por una hamburguesa: La increíble historia de Kevin y su break eterno

Adolescente Kevin siendo despedido por comer en el trabajo mientras empuja un carrito en el vestíbulo de una tienda.
En esta colorida ilustración en 3D, vemos a Kevin, un joven trabajador de retail, sorprendido comiendo durante su turno. Esta divertida escena captura el momento que llevó a su inesperado despido, recordándonos que hasta las distracciones más pequeñas pueden tener grandes consecuencias en el trabajo.

Todos tenemos ese compañero de trabajo que parece vivir en su propio mundo, ¿verdad? En cada empleo, hay uno que se las ingenia para romper las reglas de formas tan insólitas que uno se pregunta si lo hacen a propósito o si, de plano, no les da para más. Hoy te traigo la historia de Kevin, un joven cuya pasión por las hamburguesas fue más fuerte que su sentido común… y que su contrato laboral.

¿Quién diría que el antojo de un Big Mac podría costarte el trabajo? Pues sí, en este relato verás cómo un simple break de diez minutos terminó en una aventura de más de una hora y, por supuesto, en un despido fulminante. Prepárate para reírte, indignarte y, quizás, recordar al “Kevin” de tu propia oficina, tienda o taller.

El arte de desaparecer… y no saber volver a tiempo

La historia comienza en un típico día de trabajo en tienda, de esos donde el sol pega fuerte y uno lo único que quiere es terminar la jornada y largarse a casa. Nuestro narrador y Kevin tenían la nada glamorosa tarea de empujar carritos del estacionamiento a las entradas del local, un trabajo que, aunque monótono, tiene su chiste (y no es poca cosa en pleno mediodía).

Kevin, adolescente y con ese aire de “me importa poco”, era bueno para el trabajo… cuando se le presionaba. Pero ese día, después de apenas haber trabajado unas horas, pidió permiso para tomar su break de diez minutos. Hasta ahí, todo normal. El problema fue que, pasados los diez minutos reglamentarios, Kevin no aparecía ni daba señales de vida por el radio. “Seguro está tirando la hueva”, pensó su compañero. Pero ni él ni los jefes lograron encontrarlo.

Como diría cualquier mexicano: “¡Se lo tragó la tierra!” O bueno, más bien, se lo tragó el antojo.

El McCombo que le costó la chamba

Después de una espera interminable, entre dos y cuatro horas del turno, nuestro protagonista seguía sin ver a Kevin. Gerentes y supervisores lo buscaron por todos lados: baños, almacén, incluso en el área de descanso, pero nada. Cuando por fin apareció —justo cuando el otro iba a salir a comer—, Kevin llegó tan campante, con olor a papas fritas y cara de “¿qué pasó?”.

Resulta que, en vez de tomarse su break en la tienda como todos, Kevin decidió que era momento ideal para ir a McDonald’s. ¿El detalle? ¡La sucursal más cercana estaba a 10 o 15 minutos caminando, solo de ida! Entre ir, hacer fila, pedir la comida, comerla sin prisa y regresar, se le fue más de una hora.

Uno de los comentarios más votados en el post original lo dice todo: “¿Entonces le tomó 3-5 horas ir a un McDonald’s que debería haber sido un viaje de media hora a pie?” La confusión con los tiempos fue tal que hasta el mismo narrador tuvo que aclarar: “No, yo llevaba 2-4 horas de mi turno; Kevin se fue por como una hora.”

Al final, la administración no le tuvo ni tantita paciencia. “Kevin, muchas gracias por participar, pero aquí se acabó tu reality show.” Despedido por irse a comer fuera en su break de diez minutos. Ni en La Rosa de Guadalupe pasan esas cosas…

El público opina: ¿Héroe incomprendido o campeón de la flojera?

En los comentarios, la comunidad no perdonó. Algunos se lo tomaron con humor, como el usuario que dijo: “McDoland’s está chévere, deberíamos hacerlo tendencia”, jugando con el error de dedo del narrador. Otro, más sarcástico, simplemente se despidió con un “Adiós, Kevin”, como dando por hecho que personajes así aparecen y desaparecen por arte de magia en todos los trabajos.

Pero también hubo quienes se pusieron serios y dijeron lo que todos pensamos: “No necesitamos saber exactamente a qué hora se fue, solo cuánto tiempo estuvo ausente.” Porque, la verdad, a todos nos ha tocado ese compañero que desaparece justo cuando más se le necesita. Y aunque aquí la culpa fue del antojo, la lección es clara: no hay combo que valga un despido.

Por acá en Latinoamérica, lo de tomarse “la hora de la comida” es sagrado, pero todos sabemos que hay límites. Una escapadita al Oxxo está bien, pero irte a la competencia mientras tus compañeros están partiendo el lomo… ¡no manchen!

¿Qué aprendemos de Kevin?

Si algo nos deja la historia de Kevin es que el sentido común es el menos común de los sentidos. No importa si el trabajo es sencillo o pesado, siempre hay que respetar las reglas del juego. Porque, como decía mi abuelita, “el flojo trabaja doble… o en este caso, se queda sin trabajar”.

Y para los que tenemos un “Kevin” en la oficina, tienda o fábrica, ya sabemos: ojo con los que piden el break justo antes de la hora de la comida. Capaz y regresan oliendo a hamburguesa… o no regresan nunca.

¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Tienes un compañero Kevin en tu vida laboral? Cuéntanos tu historia en los comentarios y sigamos compartiendo esas anécdotas que, aunque nos saquen canas verdes, nos hacen reír cuando las contamos.

¡Hasta la próxima, y que el antojo no te juegue una mala pasada en la chamba!


Publicación Original en Reddit: Kevin fired for eating out.