¿De verdad creen que somos tan ingenuos? Aventuras nocturnas en la recepción de hotel
Trabajar en la recepción de un hotel durante el turno nocturno es una experiencia que pocos entienden hasta que la viven. Entre historias de huéspedes trasnochados, parejas misteriosas y llamadas sospechosas, hay momentos en los que uno simplemente se pregunta: ¿de verdad piensan que somos tan ingenuos?
Hace poco, leí una anécdota en internet que podría pasarle a cualquier recepcionista de hotel en Latinoamérica, especialmente a los que les toca lidiar con ese desfile de personajes que solo se aparece después de la medianoche. La historia es tan universal que parece sacada de una novela de realismo mágico, pero se siente demasiado familiar para quienes hemos trabajado cara a cara con el público.
El clásico: “¿Y si llama mi pareja, sí hay habitación?”
Imagínate esto: el teléfono suena en la recepción a las 2 de la mañana. Una voz femenina pregunta con urgencia si hay alguna habitación disponible para esa noche, para dos personas. Como buen anfitrión, le respondes amablemente que el hotel está lleno, deseándole suerte y colgando con una sonrisa (aunque nadie la ve).
Pero, ¡sorpresa! No pasan ni treinta segundos y vuelve a sonar el teléfono. Ahora es un hombre, claramente el novio de la primera, haciendo exactamente la misma pregunta, como si por arte de magia tu respuesta fuera a cambiar solo porque la voz al otro lado es diferente. ¿Será que creen que uno tiene habitaciones secretas guardadas para el que insiste más?
Esto no es un fenómeno exclusivo de un país. Un usuario en Reddit, que trabaja de auditor nocturno en Francia, contó que esta situación le ha pasado al menos diez veces. Y en los comentarios, colegas de todo el mundo —podrían ser perfectamente los recepcionistas de cualquier hotel en Ciudad de México, Buenos Aires o Bogotá— confirmaron que es el pan de cada noche.
La desconfianza: “No puede ser, seguro no preguntaste bien”
Muchos lectores comentaron que, en realidad, no se trata tanto de que los huéspedes piensen que el recepcionista es tonto, sino que no confían en la persona que llamó primero. Como diría cualquier mamá latinoamericana: “Si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo”. Una usuaria bromeó: “Mi esposo siempre cree que yo no pregunté todo lo que debía, entonces agarra el teléfono y vuelve a marcar, como si con su tono de voz varonil fuera a convencer a la recepcionista de sacar una habitación de la manga”.
Y claro, no falta el que busca teorías de conspiración: “¿Será que no me quieren alquilar porque soy extranjero?”, “¿Será que tienen algo contra mí?”, o los clásicos “¿Pero por qué están llenos? ¿Hay una convención? ¿Están remodelando?”. En nuestra cultura, donde la picardía y la desconfianza son parte del ADN, no es raro que un huésped sospeche de todo. Decía otro recepcionista: “Nosotros queremos vender habitaciones, no tenemos ninguna razón para mentir. Pero ellos creen que estamos escondiendo la última cama como si fuera oro”.
Un comentario muy gracioso lo resumía así: “Mate, la respuesta no cambia dependiendo de quién pregunta…”.
Estrategias dignas de una telenovela
Algunos huéspedes llevan la creatividad al siguiente nivel. Hay quienes, después de que les niegas una habitación, salen del lobby y, viéndote desde la puerta de vidrio, vuelven a llamar desde el celular, como si no te dieras cuenta. O los que intentan hacer la reserva en línea para “hoy”, aunque el check-in sea hasta las 3 de la tarde, y luego te muestran el celular en la cara reclamando que tú estás mintiendo.
Otros han intentado el clásico “truco de la pareja”: entra uno, pregunta y sale; entra el otro, pregunta lo mismo, esperando que con una sonrisa distinta o una billetera más grande consigan algo diferente. Y sí, hay quienes creen que uno ajusta la tarifa dependiendo de si es hombre o mujer, o si el que pregunta tiene cara de simpático.
Uno de los relatos más épicos lo contó una recepcionista que, después de negarle una habitación a un hombre a las 4 de la mañana, lo vio regresar un par de horas más tarde preguntando si ya había una disponible porque una pareja acababa de hacer check-out. Como si uno pudiera limpiar y preparar la habitación en el tiempo que te tardas en decir “¿En serio, hermano?”. Y ni hablar de los que intentan dormir en el estacionamiento, creyendo que así se ahorran la tarifa.
El arte de la paciencia… y del humor
Lo cierto es que trabajar en la recepción nocturna requiere un doctorado en paciencia, humor y hasta actuación. Uno aprende a leer entre líneas, a identificar quién realmente necesita ayuda y quién está jugando al detective. En Latinoamérica, donde la hospitalidad es casi una religión pero también sabemos cuidarnos de los vivos, estas historias se repiten una y otra vez.
Como dice un refrán muy nuestro: “El que persevera, alcanza… menos en el hotel cuando está lleno”. Y a veces, el mejor antídoto contra la desconfianza y las teorías conspirativas es una sonrisa y un buen chiste. Porque al final del día (o de la noche), todos tenemos una historia para contar, y en cada hotel hay anécdotas que rivalizan con las mejores series de comedia.
¿Y tú? ¿Alguna vez has intentado la “doble llamada” o has presenciado alguna de estas escenas dignas de un capítulo de El Chavo del 8? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios… ¡y recuerda que, aunque insistas, la respuesta no cambia solo porque cambiaste de voz!
Publicación Original en Reddit: Do they think we're this dumb ?