De empleado ignorado a héroe silencioso: la dulce venganza laboral que nadie vio venir
¿Alguna vez has sentido que en tu trabajo te dicen una cosa pero hacen otra? Como cuando tu jefe te asegura que “todo está bien”, pero al día siguiente tu escritorio está más vacío que la nevera en quincena. Pues hoy te traigo una historia que seguramente te hará decir: “¡Esto lo he vivido yo!”. Prepárate porque esta venganza no tiene nada de cliché: es sutil, silenciosa y, sobre todo, muy satisfactoria.
Cuando las buenas intenciones no pagan el salario
En Latinoamérica, todos conocemos esa frase de “trabajar en una ONG es trabajar por amor al arte”. Y sí, muchas organizaciones sin fines de lucro hacen cosas maravillosas, pero a veces, como diría mi abuela, “del dicho al hecho hay mucho trecho”. La protagonista de nuestra historia, llamémosla Susana para darle un toque local, entró a una de estas ONGs llenísima de energía y ganas de ayudar. Pero, como suele pasar en muchas oficinas tóxicas, rápidamente se dio cuenta de que el ambiente era más venenoso que chisme de vecindario.
Después de meses aguantando microagresiones, cambios de responsabilidades sin avisar y el clásico “¿por qué no viniste a la posada?”, Susana cometió un error. Nada del otro mundo, pero suficiente para poner nervioso a cualquier jefe. Ella lo aceptó con humildad, pidió disculpas y esperaba que le dijeran de frente si la iban a correr. Pero no, le dijeron “no pasa nada, todo está bien”. Spoiler: todo NO estaba bien.
Al día siguiente, le quitaron su principal responsabilidad sin explicación. Cuando preguntó, le dijeron que estaba loca, que todo era normal. Luego, la excluyeron de la fiesta de fin de año con una excusa barata y, para rematar, después de las vacaciones, le dieron las gracias por “recortes de presupuesto”. Eso sí, al poco tiempo, la ONG contrató a alguien nuevo con las mismas tareas de Susana, pero con un título de puesto tan rebuscado como receta de mole.
El sabor de la venganza se sirve frío… y con un martillo
Aquí es donde la historia toma un giro digno de telenovela. Susana, ya libre del ambiente tóxico y disfrutando de su “funemployment” (ese periodo de desempleo sabrosón), se enteró de que su ex-ONG había seguido como si nada. Pero la verdadera venganza llegó años después, cuando ya estaba bien establecida en una empresa respetada, con gente chida y jefes que sí valoran a su equipo.
Un día, en una reunión de voluntariado, su nuevo amigo Michael (el típico jefe buena onda de Recursos Humanos), sugirió asociarse con… ¡adivinaste! La vieja ONG de Susana. Ella, con la calma de quien ya no tiene nada que perder, le contó a Michael TODA la historia, sin ahorrar detalles ni nombres. Michael, que no solo era su amigo sino que también tenía poder de decisión, decidió que esa ONG no era digna de confianza y la puso en la lista negra de la empresa. Así, por no tratar bien a una sola empleada, la ONG perdió una oportunidad gigante de colaboración.
Y como cereza del pastel, Susana terminó rompiendo la taza corporativa que le dieron el primer día, liberando todo el estrés acumulado con un buen martillazo. Porque, como dijo un usuario en los comentarios del post original: “El verdadero toque petty fue romper la taza, lo demás fue justicia poética”.
¿Por qué tantas ONGs son así? Reflexiones de la comunidad
Esto no es solo un asunto de un país o una cultura. En los comentarios, muchos compartieron experiencias similares. Un usuario escribió: “¿Qué pasa con las ONGs? De tres en las que trabajé, dos eran igual de tóxicas”. Otro contó que lo despidieron por ser trans, pero no podía denunciar porque la ayuda a la comunidad dependía de la imagen de la organización.
La moraleja, como bien dijo otro comentarista, es que “la mejor venganza es vivir bien”. Y es cierto. En Latinoamérica, donde a veces preferimos aguantar el maltrato laboral por miedo a perder el trabajo, la historia de Susana es un recordatorio de que, a veces, quien ríe al último ríe mejor. Como diría cualquier tía en la sobremesa: “El mundo da vueltas, m’ija”.
Cuando el karma sí existe (y a veces necesita ayuda)
Al final, la ex-ONG de Susana sigue dando vueltas en el drenaje, mientras ella está por recibir un ascenso. ¿La gran lección? Tratar bien a la gente. Nunca sabes si esa persona que hoy minimizas será quien, mañana, tenga en sus manos una oportunidad que tu organización necesita.
Así que la próxima vez que te digan en el trabajo “todo está bien”, pero tú sientas que algo huele raro, sigue tu instinto y, sobre todo, no dejes que te convenzan de que estás loco. Y si llega la oportunidad de una venganza sutil y elegante, como la de Susana, ¡no dudes en tomarla!
¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Has visto cómo el karma laboral se cobra su factura? Cuéntanos tu historia en los comentarios y comparte este blog con ese amigo que necesita una dosis de justicia poética en su vida laboral.
Publicación Original en Reddit: Gaslight me at my job? Ok well I won't always work here...