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Cumple la orden al pie de la letra: La venganza creativa de un becario harto de su jefa tóxica

Escena cinematográfica que muestra un ambiente de oficina tenso, enfatizando la supervisión en la gestión de archivos.
En esta representación cinematográfica, la presión de reportar cada detalle en el mundo corporativo es palpable. Esta imagen captura la esencia de navegar en una exigente oficina de recursos humanos, donde cada acción es evaluada.

¿Alguna vez has tenido un jefe o jefa que parece sacado de una telenovela, de esos que te hacen pensar que ni la villana de “La usurpadora” se animaría a tanto? Pues agárrate, porque la historia de hoy es digna de un lunes de chismes en la oficina: un becario, una jefa con alma de dictadora y una lección que nadie olvidó, todo gracias a la famosa “obediencia maliciosa”.

Imagina que por años sueñas con trabajar en una oficina con aire acondicionado, huyendo del trabajo pesado y el sol de justicia de la chamba “de overol”. Por fin lo logras y… te encuentras con la peor jefa de la historia. ¿Qué harías tú?

El sueño de la oficina... convertido en pesadilla

Todo empezó hace unos 10 años, cuando nuestro protagonista, después de partirse el lomo en trabajos de “cuello azul” (sí, esos donde terminas oliendo a sudor y solvente), logró llegar a Recursos Humanos en una empresa de esas donde el aire acondicionado es casi religión. Pero el paraíso duró poco. Desde el primer día cayó en la mira de la jefa, una señora de las de “antes”, experta en regaños y cero empatía. Cualquier errorcito, por mínimo que fuera, era motivo para que lo hiciera sentir como si hubiera incendiado la oficina.

¿Te imaginas recibir una cátedra de una hora solo porque llevaste camisa azul y no blanca? ¿O que te griten porque usaste suéter cuando afuera hacía -20 grados? Pues así era el día a día. Como dicen en México, “no la calentaba ni el sol”.

Cuando la orden es absurda... la obediencia puede ser letal

Pero lo mejor (o peor) llegó cuando la jefa soltó la orden más ridícula: quería un reporte oral diario de TODO lo que pasaba con cada cliente, hasta el último detalle, palabra por palabra. Y si se equivocaba en una sola palabra, ¡no servía para el trabajo!

Lo más cruel es que la jefa sabía que él tenía problemas de memoria por una lesión anterior. Pero, como decimos en Latinoamérica: “le valió un pepino”. Así que el becario, en vez de tirar la toalla, decidió seguir la orden al pie de la letra… pero con un toque de picardía.

Esa noche abrió Excel y empezó a anotar absolutamente TODO: desde cómo abrió la puerta hasta cuántos segundos tardó el café en la máquina. Y al día siguiente, cuando la jefa pidió el reporte, empezó así: “Caminé del carro al edificio. Abrí la puerta con la mano derecha, presión moderada. Saludé a la recepcionista. Preparé café en la Keurig durante 25 segundos…”. Así se siguió por una hora, detallando hasta el volumen de las teclas y la hora de llegada de los jefes. Cada intento de interrupción, él respondía: “Estoy reportando TODO lo que pasa, como me pidió”.

Al terminar, la jefa solo pudo quedarse viendo, como quien prueba un chile habanero pensando que no pica.

Lo que piensa la comunidad: ¿por qué los jefes tóxicos sobreviven?

La historia, compartida en Reddit, explotó en reacciones y comentarios que cualquier oficinista latino podría firmar. Un usuario lo dijo clarito: “Siempre me sorprende que las empresas prefieran mantener al empleado problemático en vez de cuestionarse por qué hay tanta rotación en ese puesto”. Otro lo resumió con ese refrán tan de barrio: “La mierda flota hasta arriba”.

Muchos compartieron experiencias propias: “Mi jefe hacía lo mismo y nadie quería trabajar con él. Al final, los jefes de arriba se dieron cuenta que el problema era él y no todos los que renunciaban”. Otros mencionaron el miedo a los pleitos legales: “En Estados Unidos, si corres al tóxico te demanda, si dejas que renuncie la víctima también. Mejor lo patean bajo la alfombra y a ver quién explota primero”.

Hasta hubo quien se echó su chascarrillo: “Tres minutos después lo despidieron… ¡qué rápido!” (cuando el original quiso decir “tres meses”, pero se equivocó en la abreviatura; porque ni Excel salva de los errores humanos).

Por si te queda la duda, muchos explicaron algo que aquí también se vive: la mayoría de la gente no renuncia por el salario, sino por el jefe. “El 85% de las veces la gente deja a un jefe, no a la empresa”, decía un comentario. Y sí, ¿quién no ha escuchado historias de terror de esos jefes que nadie aguanta pero que, por alguna razón, nunca se van?

¿Y el final? Un triunfo agridulce, pero con lección incluida

Tras el episodio del reporte eterno, Recursos Humanos (que también tiene su propio RH, como las matrioshkas rusas) lo llamó para investigar. El becario mostró todos sus registros milimétricos y los de RH, al ver la locura, aceptaron que era insostenible. Lo cambiaron de departamento y, aunque meses después fue despedido porque la jefa renunció (y se llevó a varios en su caída), al menos se fue con una buena referencia. En palabras del protagonista: “No vuelvo a RH ni aunque me paguen el triple”.

Esta historia nos deja varias lecciones: a veces, cumplir absurdamente las órdenes es la mejor forma de evidenciar lo ridículo de un sistema. Y, como decimos en Latinoamérica, “no hay mal que dure cien años, ni jefe que lo aguante”.

¿Tú qué harías en esa situación? ¿Te animarías a aplicar la obediencia maliciosa? ¡Cuéntanos tu historia de terror laboral! Y recuerda: a veces, el mejor escudo contra un jefe tóxico es el humor… y un buen archivo en Excel.


Publicación Original en Reddit: Report everything that happens on these files - or else. Okay then..I will