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Cuando “¿ya intentaste encenderlo?” no salva la jornada en la fábrica

Técnico de automatización industrial resolviendo problemas de software en un entorno de fabricación de los años 90.
Una representación fotorrealista de un técnico de automatización en los primeros años 90, enfrentándose a un fallo en el arranque del software. Esta escena captura la urgencia y los desafíos del trabajo de servicio en campo en la manufactura, mostrando las complejidades para asegurar que las líneas de producción funcionen sin contratiempos.

En el mundo del soporte técnico, todos hemos escuchado la clásica pregunta: “¿Ya intentaste encenderlo y apagarlo?” Pero, ¿qué pasa cuando ni siquiera eso funciona porque… bueno, ni siquiera lo han encendido? Hoy les cuento una historia que parece sacada de una comedia mexicana, pero sucedió en la vida real y nos enseña que, a veces, lo más obvio es lo que más se nos olvida.

Imaginen esto: una fábrica en pleno apogeo, máquinas rugiendo, obreros con tapones en los oídos y un gerente desesperado porque la línea de producción está detenida. ¿El culpable? “Tu software no arranca”, dicen con tono de urgencia. Y así comienza una odisea de esas que solo los que hemos trabajado en tecnología entendemos.

El llamado de auxilio: cuando el software es el chivo expiatorio

Corría principios de los años 90. La tecnología no era tan amigable como ahora y los sistemas de protección contra copias usaban un “dongle” (ese aparatito que se conectaba al puerto de la impresora, como si fuera una llave mágica). Pero había una trampa: si la impresora estaba conectada pero apagada, el software no podía detectar la dichosa llave y, ¡pum!, mensaje de error a todo color: “Clave de licencia no encontrada. Verifique que la impresora esté encendida”.

El operador, con toda la seguridad del mundo, asegura: “Por supuesto que sí, ¿qué crees, que soy tonto? ¡Manda a alguien ya!” Y así, nuestro héroe —el técnico— carga la van de la empresa con todo lo imaginable: desde una nueva computadora hasta cables, herramientas y hasta una impresora de repuesto, “por si las moscas”.

Dos horas de camino, recorrido por pasillos laberínticos y un recibimiento digno de película (con tapones en los oídos incluidos), solo para descubrir el motivo de la crisis: la impresora estaba apagada. Un simple clic al botón y la producción vuelve a la normalidad. El operador hace una mímica de “ups” y te regala un pulgar arriba. ¡Todo por no revisar el foquito verde!

Lecciones de oro (y dólares): el costo de no leer el mensaje

Aquí es donde la historia se pone sabrosa. En los comentarios de la comunidad, varios usuarios se preguntan: “¿Y les cobraron por el viaje?” Por supuesto. Como relata el propio técnico, la factura incluyó tiempo de traslado, mínimo una hora de trabajo y, claro, todos los gastos de la visita. Resultado: varios cientos de dólares solo por apretar un botón. Un usuario lo resumió con humor muy latino: “Uno que le costó a la empresa cientos de dólares por apretar un botón”.

Más de uno en la comunidad se identificó con ese dolor. ¿Quién no ha hecho un viaje larguísimo solo para conectar un cable o encender un equipo? Como bien apunta otro comentario: “Mi esposo manejó cuatro horas solo para enchufar un cable de red. ¡Y eso fue todo su día de trabajo!”

La revancha del técnico: nadie olvida las llaves (o sí…)

Pero la historia no termina ahí. Tras resolver el misterio tecnológico, nuestro protagonista sale victorioso… solo para darse cuenta de que dejó las llaves de la van adentro. Ahora le toca esperar otras dos horas a que un compañero le lleve las llaves de repuesto. Por semanas, sus colegas le recordaron el episodio, preguntando con burla: “¿Ya viste las llaves de la van?” Porque en cualquier oficina de Latinoamérica, sabemos que ese tipo de bromas se quedan para siempre.

Esto nos recuerda otra joya que compartió un usuario en los comentarios: una historia de mecánicos de avión que también se quedaron sin gasolina en la camioneta que iba a rescatar un avión. ¡Pareciera que el karma siempre hace de las suyas!

Más allá de los cables: cultura, confianza y el valor de preguntar

Quizás algunos lectores se pregunten: “¿Por qué no revisaron bien antes de llamar al técnico?” La respuesta está en la cultura de muchas empresas: a veces, quien llama al soporte ni siquiera está cerca del problema. Como bien explica el autor original, en esas fábricas enormes y ruidosas, el jefe prefiere quedarse en la oficina con aire acondicionado y corbata, lejos del calor y el polvo. Y claro, ningún jefe latinoamericano va a ensuciarse las manos si puede delegar el problema.

Hay una lección valiosa aquí: antes de pedir ayuda, revisa lo básico. Como dicen en México, “más vale prevenir que lamentar”. Y, sobre todo, ¡lee el mensaje en pantalla! Porque, como bien comentan varios, un minuto de atención puede ahorrarte cientos de dólares (y un buen rato de vergüenza).

Conclusión: ¿Cuál es tu historia de “apretar el botón”?

Esta anécdota no solo nos hace reír, también nos invita a reflexionar sobre la importancia de lo simple. En la tecnología —y en la vida— a veces el mayor problema se resuelve con un pequeño detalle. ¿Te ha pasado algo parecido? ¿Has hecho un viaje larguísimo solo para descubrir que era “prender y listo”? Cuéntanos tu historia en los comentarios y no olvides: la próxima vez que la computadora te diga “verifique que el equipo esté encendido”, ¡hazle caso!

¿Y tú, ya revisaste si la impresora está prendida?


Publicación Original en Reddit: When 'have you tried turning it on?' doesn't work